En la región de Jersón, la realidad demográfica infantil ha sufrido un cambio drástico. De los 60.000 niños y niñas que habitaban la zona antes de febrero de 2022, actualmente solo permanecen unos 5.000. Munir Mammadzade, quien se desempeña como representante del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en Ucrania, relató que los menores han sido forzados a trasladarse a sótanos para resguardarse de las hostilidades. Para estas familias, la cotidianidad se ha transformado estrictamente en una cuestión de supervivencia, enfrentando graves secuelas en su bienestar físico y mental debido al aislamiento y al temor constante.
Un panorama de desplazamiento masivo
Al aproximarse el quinto año desde el inicio de la invasión rusa, la organización internacional advierte que la infancia en el territorio ucraniano sigue marcada por la inseguridad y la violencia sistémica. Según las estimaciones de UNICEF, cerca de un tercio de la población infantil del país —aproximadamente 2,6 millones de menores— se encuentran desplazados debido al conflicto armado. De esta cifra, unos 1,8 millones han buscado refugio en el extranjero, mientras que más de 791.000 figuran como desplazados internos dentro de las fronteras ucranianas.
Mammadzade ofreció una visión detallada de las zonas donde la rutina ha desaparecido por completo. El funcionario señaló que muchas familias subsisten bajo la amenaza de ataques incesantes, lo que ha provocado que los espacios de vida se trasladen literalmente bajo tierra, en sectores protegidos incluso con redes diseñadas para interceptar drones. El personal de los centros de protección infantil apoyados por el organismo ha reportado un agotamiento generalizado tanto en los niños como en sus cuidadores producto de la tensión acumulada.
Impacto en la infraestructura y seguridad
Las consecuencias de la guerra no se restringen únicamente a las líneas de combate. Las hostilidades y bombardeos en áreas civiles afectan diversos puntos de Ucrania, resultando en la devastación de viviendas, centros hospitalarios, escuelas y redes de infraestructura vital. En este contexto, el representante de la agencia de la ONU enfatizó la gravedad de la situación con la siguiente declaración:
“encontrar seguridad no debería ser una esperanza lejana para ninguna familia, aunque sigue siendo una aspiración compartida”
De acuerdo con una encuesta reciente realizada por la propia agencia, uno de cada tres adolescentes de entre 15 y 19 años en Ucrania ha tenido que desplazarse al menos en dos ocasiones. El motivo principal para abandonar sus hogares es, invariablemente, la búsqueda de entornos que ofrezcan mayores garantías de seguridad. Este fenómeno de movilidad constante impacta directamente en el desarrollo y la estabilidad emocional de los jóvenes en una etapa crítica de su crecimiento.
Aumento de la violencia en la capital
Los datos estadísticos revelan un recrudecimiento de la violencia en puntos específicos del mapa. En la ciudad y la provincia de Kiev, el número de menores que resultaron asesinados o mutilados se cuadruplicó en comparación con las cifras registradas el año previo. La institución subraya que los ataques sostenidos contra infraestructura de carácter civil agravan la emergencia humanitaria, privando a la infancia de acceso a una educación segura, un refugio digno y atención médica básica.
En medio de este escenario de adversidad, UNICEF ha logrado mantener operativos diversos espacios de protección infantil en colaboración con las autoridades locales. Estos centros se han erigido como refugios temporales donde los menores pueden acceder a procesos de aprendizaje, recreación y descanso lejos de la violencia exterior. Mammadzade resaltó la capacidad de resistencia de los pequeños ucranianos al afirmar:
“Hoy los niños aprenden, juegan y duermen en sótanos solo para mantenerse a salvo”
El futuro de una generación en riesgo
A pesar del sufrimiento que se ha prolongado por años, el funcionario destacó que los niños y niñas mantienen sus aspiraciones y “siguen aspirando a hacer realidad sus sueños”. No obstante, recordó que la responsabilidad de devolverles una vida digna recae sobre la comunidad internacional entera, concluyendo de forma tajante que
“La infancia de toda Ucrania ha sufrido durante demasiado tiempo”
Los informes del organismo insisten en que la seguridad y la estabilidad siguen siendo metas inalcanzables para la mayoría de los menores afectados. Se advierte que mientras la inseguridad persista, será imposible reconstruir las rutinas y garantizar la salud de la población desplazada. Muchos niños están privados no solo de su hogar, sino de una escolarización en condiciones adecuadas, lo que genera temores sobre impactos psicológicos y físicos de larga duración.
Testimonios recabados por equipos en terreno describen un estado de hiperalerta permanente en las familias. Profesionales de la salud mental que trabajan en estos centros de apoyo mencionan un desgaste profundo derivado de la falta de interacción social y comunitaria. Estos efectos pueden desencadenar cuadros de ansiedad, dificultades severas en el aprendizaje, trastornos del sueño y otras alteraciones generales en la salud de los infantes.
Finalmente, la organización internacional puso de relieve el inquebrantable compromiso de las familias por proteger a sus hijos. Sin embargo, los retos para restaurar el tejido social en Ucrania son monumentales, dado que millones de menores continúan alejados de sus entornos habituales. Las instituciones humanitarias redoblan esfuerzos para intentar cubrir las crecientes necesidades que esta crisis prolongada impone sobre la población más vulnerable.
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