El 19 de octubre de 1960, Martin Luther King Jr. se ubicó frente a un mostrador de comida en Atlanta donde los clientes negros no existía el mismo trato que los blancos. Llevaba armas ni pretendía provocar una pelea: reclamaba algo tan elemental como poder sentarse a comer sin el color de su piel determinara sus derechos. La respuesta fue el arresto.
El reverendo, que ya se había convertido en uno de los rostros más reconocibles de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, terminó en una cárcel de Georgia y se negó a pagar la fianza para recuperar la libertad.
Lo que parecía una detención más en la larga batalla contra la segregación racial pronto adquirió otra dimensión: una condena por una infracción de tránsito anterior amenazó con enviarlo a trabajos forzados, mientras la campaña presidencial enfrentaba a John F. Kennedy con Richard Nixon. En pocos días, su suerte dejó de ser solamente un asunto judicial y se convirtió en una prueba para la democracia estadounidense.

Un país dividido por el color de la piel
Martin Luther King Jr. había nacido el 15 de enero de 1929 en Atlanta, Georgia, en una sociedad atravesaba por una profunda división racial. En buena parte del sur estadounidense, las leyes y las costumbres imponían la segregación: escuelas, transportes, restaurantes, baños y otros espacios públicos separaban a blancos y negros. Aunque la esclavitud había sido abolida casi un siglo antes, la igualdad ante la ley seguía siendo una promesa incumplida para millones afroamericanos.
Las normas conocidas leyes Jim Crow sostenían un sistema que restringía derechos y oportunidades. Los negros podían trabajar, comprar productos y pagar impuestos, pero encontraban obstáculos cuando intentaban acceder a los mismos servicios de los blancos. En muchos locales comerciales, por ejemplo, podían comprar mercadería, al mismo tiempo, tener prohibido sentarse en el restaurante del propio negocio.
King creció en una familia profundamente vinculada con la iglesia bautista. Su padre, Martin Luther King Sr., era pastor de la iglesia Ebenezer, y la religión ocupó un lugar central de su educación. Desde joven conoció tanto las humillaciones cotidianas de la discriminación como las posibilidades de la organización comunitaria para enfrentarlas.
King estudió en Morehouse College, una institución históricamente negra de Atlanta, y después se formó en teología en el Crozer Theological Seminary, en Pensilvania. Más tarde obtuvo un doctorado en teología sistemática en la Universidad de Boston. Durante estos años profundizó su interés por la justicia social y por las ideas de resistencia no violenta, que encontrarían una referencia decisiva en la experiencia de Mahatma Gandhi en la India.
En 1953 se casó con Coretta Scott, con quien formaría una familia y compartiría buena parte de los riesgos y consecuencias de su militancia. Un año después asumió como pastor de una iglesia bautista en Montgomery, Alabama. Allí, lejos de los grandes centros del poder político, comenzaría el episodio que lo catapultaría a la escena nacional.

Montgomery: pastor que desafió la segregación
El 1 de diciembre de 1955, Rosa Parks, una costurera afroamericana, fue arrestada en Montgomery por negarse a ceder su asiento en un colectivo a un pasajero blanco, como exigía las reglas segregaciones. Su detención provocó una movilización que desembocaba el boicot a los micros de la ciudad.
King, que tenía 26 años, fue elegido presidente de Montgomery Improvement Association, organización que coordinó la protesta. Durante más de un año, miles de personas negras dejaron de usar el transporte público y organizaron alternativas para llegar a sus trabajos y cumplir sus obligaciones cotidianas. Recibió amenazas, fue detenido y sufrió un atentado contra su vivienda. Sin embargo, la movilización mantuvo hasta que la justicia federal declaró inconstitucional la segregación de los autobuses de Montgomery en diciembre de 1956.
La victoria convirtió al joven pastor en una figura nacional y confirmó que la resistencia pacífica podía desafiar un sistema profundamente instalado. En 1957 participó en la fundación de la Southern Christian Leadership Conference (SCLC), organización que buscaba coordinar campañas no violentas por derechos civiles en el sur del país.

Los estudiantes tomaron iniciativa
El 1 de febrero de 1960, cuatro estudiantes negros de una universidad de Greensboro, de Carolina del Norte, sentaron en el mostrador de comida de la tienda Woolworth’s. La negativa a atenderlos no se hizo levantarse y permanecieron, las hasta el cierre.
La acción inspirada protestas similares en otras ciudades. Los estudiantes empezaron a ocupar pacíficamente mostradores, aun cuando algunos clientes los insultaban o amenazaban. La estrategia era sencilla y poderosa: si los locales abiert los públicos, ¿por el color de la piel debía determinar quién podía sentarse a comer?
Las sentadas se multiplicaron y dieron impulso a nueva generación de dirigentes. En abril de 1960, una conferencia estudiantil en Raleigh contribuyó la creación del Student Nonviolent Coordinating Committee (SNCC), una organización que tendría un papel fundamental en las luchas por derechos civiles.
En febrero de 1960, King regresó con su familia a Atlanta para desempeñar como pastor asociado junto a su padre en iglesia Ebenezer. Desde allí seguía las campañas que se extendían por el sur y sabía que la ciudad donde creció no podía quedar al margen de aquella transformación.

La jornada del 19 de octubre de ese año fue parte de una serie de protestas simultáneas en distintos comercios de Atlanta. King y los estudiantes se dirigieron a Rich. Primero fueron rechazados en un mostrador de comida después subieron al sexto piso, donde funcionaba el elegante Magnolia Room.
La respuesta volvió a ser negativa. Los manifestantes no se retiraron de la policía intervino. King fue detenido junto con decenas de estudiantes y otros activistas acusados de infringir las normas que prohibían permanecer en establecimientos privados después de que se ordenara abandonar el lugar.
Trasladado a la cárcel del condado de Fulton, tomó una decisión que reforzó el sentido político de la protesta: se negó a pagar la fianza. Así acompañó la estrategia de otros detenidos que decidieron no aceptar la libertad bajo caución como una salida individual mientras sus compañeros continuaran presos.
La negativa no era un gesto vacío. Para los activistas, permanecer encarcelados permitía demostrar que el sistema castigaba a quienes reclamaban igualdad y evitaba que la protesta se desactivara mediante la liberación de sus figuras más conocidas. King expresó su disposición a permanecer preso durante años, si fuera necesario, antes que actuar contra su conciencia. Pero su situación judicial tenía complicación adicional que pronto convertiría el caso en una amenaza mucho más grave.

Una infracción de tránsito a trabajos forzados
Meses, King había sido detenido por conducir con una licencia expedida fuera del estado. En mayo de 1960, la situación derivó en condena con libertad condicional. La infracción era menor, pero las condiciones impuestas por la justicia podían tener consecuencias severas si se consideraba que cometió una nueva falta.
Después del arresto en Rich, los cargos vinculados con la sentada fueron retirados para numerosos manifestantes. Sin embargo, su situación no quedó resuelta. Las autoridades sostuvieron que violó las condiciones de su libertad condicional y lo mantuvieron detenido.
El 25 de octubre fue condenado a cuatro meses de trabajos forzados. Al día siguiente, en lugar de permanecer en una cárcel local, fue trasladado a la prisión estatal de Reidsville, un establecimiento penitenciario destinado a delincuentes condenados y que podía resultar especialmente intimidante para un dirigente conocido por su lucha pacífica.

Mientras tanto, el caso adquiría una dimensión política con inesperada. Estados Unidos se encontraba en plena campaña presidencial y el arresto de una de las figuras más reconocidas de la lucha contra la segregación comenzaba a interpelar a los candidatos.
Una detención que llegó a la Casa Blanca
En octubre de 1960, la elección presidencial enfrentaba al demócrata John F. Kennedy con el republicano Richard Nixon. Ambos competían por suceder a Dwight D. Eisenhower en un país atravesado por Guerra Fría, las tensiones raciales y el debate sobre el alcance de los derechos civiles.
El caso King colocó a los candidatos ante una disyuntiva incómoda. Una intervención podía generar apoyos entre los votantes negros, también provocar un rechazo de sectores blancos que defendían la segregación o desconfiaban de las protestas.
El 26 de octubre, Kennedy llamó por teléfono a Coretta para expresar su preocupación y solidaridad. Su hermano Robert, que tenía papel importante en la campaña, se comunicó con el gobernador de Georgia, S. Ernest Vandiver, y con el juez a cargo del caso para plantear la situación.
La intervención contribuyó a que la detención recibiera tensión política mucho mayor. El 27 de octubre, King recuperó libertad bajo fianza de 2.000 dólares. El episodio tendría repercusiones en la campaña presidencial. Kennedy había demostrado disposición pública a expresar preocupación por el trato recibido por el dirigente negro y su esposa. Nixon, por su parte, evitó una intervención comparable. La diferencia fue percibida por sectores de la comunidad afroamericana.
El 20 noviembre, Kennedy ganó una elección muy ajustada frente a Nixon. Su reacción formó parte del contexto político que rodeo aquella disputa, quedó como un ejemplo de la manera en que la lucha por los derechos civiles podía influir en la política nacional.

La victoria que no llegó de un día para otro
La liberación de King no significó que Atlanta abandonó la segregación. Las protestas continuaron y los estudiantes mantuvieron la presión sobre comerciantes. La ciudad intentó negociar una tregua, pero no se resolvió de manera definitiva.
En 1961, después de nuevas negociaciones y movilizaciones, los comerciantes de Atlanta acordaron avanzar hacia la integración de sus instalaciones gastronómicas. La desegregación de los mostradores y restaurantes se produjo en el contexto de un acuerdo más amplio, vinculado sobre al avance de la integración escolar.
La victoria no eliminó la discriminación ni garantizó la igualdad en todos los ámbitos. Todavía faltarían enfrentamientos, campañas y reformas legislativas para que el movimiento alcanzara algunos de sus principales objetivos. En 1964, King recibió el Premio Nobel de la Paz por su lucha no violenta contra la segregación racial. Ese mismo año se aprobó la Ley de Derechos Civiles, que prohibió la discriminación en numerosos espacios públicos y ámbitos de la vida laboral.
Fuente: Infobae