Hoy, en España, cualquier persona que ronde los 25 años ha vivido con la selección nacional la conquista de un Mundial y tres Eurocopas. Este ciclo de triunfos, que comenzó hace 18 años, tiene un punto de partida claro: el trabajo de Luis Aragonés (1938-2014). En estos días en que La Roja disputa una nueva final, resurgen los recuerdos de las arengas que el técnico daba a sus jugadores antes de los partidos decisivos de la Eurocopa 2008, celebrada en Austria y Suiza. Los videos conocidos no muestran tácticas, sino sabiduría futbolera y corazón. Los futbolistas escuchaban, reían con él y sentían que eran capaces. Había que borrar de sus mentes más de cuatro décadas de eliminaciones tempranas en cada torneo.
Esas imágenes forman parte del documental Luis, el sabio del éxito (Prime Video), y sus palabras cobran más peso con cada nueva hazaña, aunque él ya no esté. La concentración en el hermoso pueblo alpino de Neustift comenzó con una declaración de intenciones de Aragonés:
“Yo si con este grupo no soy campeón, es que soy un mierda”.
Alababa a sus futbolistas y se responsabilizaba de guiarlos hacia el objetivo: “Ni cuartos ni hostias. Hemos venido a ganar. Somos los mejores. No hay nadie mejor y lo vamos a demostrar”. También inyectó rabia y pasión: “Nos han matado, pero aquí estamos”, refiriéndose a la prensa que no confiaba en ellos.
“¿Para qué estamos aquí? ¿Para no sé qué que dice la prensa de cuartos? No. Los pensamientos de ese tipo los desterramos. Yo ya tengo ganas de, como entrenador, ganar. Ganar una Copa de Europa y ganar un Mundial. Y ustedes tienen categoría y calidad para conseguirlo. Hemos ganado todo en categorías inferiores. Todo lo ganamos. ¿Por qué aquí no?”. Aragonés dejó que la pregunta flotara en el vestuario. Llegaron los cuartos de final y el temido enfrentamiento con Italia, que se convirtió en el punto de inflexión que aún hoy perdura: prórroga y una tanda de penaltis que rompió la barrera entre el pasado y lo que vendría. España bordó esa tanda. Las instrucciones habían sido puro Luis Aragonés.
“Me aprendo el nombre de los linieres y les dejo rotos”
El técnico aconsejó, por ejemplo, hablarle al árbitro por su nombre, hacerle sentir que las estrellas de España lo conocían, para lograr que dudara en una jugada confusa. Él predicaba con el ejemplo:
“Yo me aprendo el nombre de los linieres y les dejo rotos”,
dijo, provocando las risas de la plantilla, que le hizo caso. España alcanzó las semifinales, territorio desconocido, pero voló. Se lo creía. Aplastó a Rusia con un 0-3. La final, contra Alemania. 24 horas antes, Aragonés reunió a los jugadores sobre el césped del estadio Ernst Happel de Viena, y allí pronunció la frase más recordada de aquella Eurocopa:
“Del subcampeón no se acuerda nadie”.

“Nosotros hemos venido aquí a ganar la Copa de Europa. ‘¿Eres subcampeón de no sé qué?’ ¡Bah! El subcampeón… ¿Entendido?”, continuó el técnico, críptico pero perfectamente comprensible. En el hotel, la víspera, siguió la exhibición del sabio, que llamó “Wallace” a Michael Ballack, estrella alemana. Carcajadas de los españoles. “Ya sabéis lo que son -siguió-, pero vamos a intentar sacarles todo lo que podamos. Está difícil y duro, pero no os preocupéis”. “Y recordad -insistió-, la palmadita al árbitro”. Y pidió “balones en largo a Fernando Torres. Y así fue el gol de la final: balón en largo a Fernando Torres, que batió a Lehmann”.

“Es nuestro momento, Niño”
Torres reveló años después en Marca la conversación que había tenido con el entrenador antes de aquella final: “Me cogió a solas en un pasillo antes de salir al campo, me puso contra la pared y me agarró del pecho. Me dijo: ‘Es nuestro momento, Niño. Va a salir usted ahí fuera, va a marcar dos goles y vamos a ser campeones de Europa’. Después, me hizo la señal de la cruz en la frente y me dejó ir”.
Ya de regreso a España, en un autobús, Aragonés comunicó a sus jugadores que se marchaba, con un vaticinio: “Me voy, pero formáis un equipo con el que el que venga, si quiere, puede ganar el Mundial. Fundamentalmente porque os habéis conjurado”. El que llegó después fue Vicente del Bosque, quien solo dos años más tarde hizo campeón del mundo a ese grupo en Sudáfrica.
Este domingo, la España de Luis de la Fuente tiene una cita con la historia tras eliminar a Francia en un partido inteligente y sólido. El riojano, estoico, dice sentirse inspirado por un libro de Marco Aurelio. Este martes, en la rueda de prensa posterior a la victoria, no pudo sino recordar a quienes cambiaron el ánimo de un grupo de jugadores y, con ellos, el de los que han venido después. Él les llama “don Luis Aragonés” y “don Vicente del Bosque” y son sus referentes. Los españoles que, como él, transitaron por el desierto de los campeonatos en los que se hacían las maletas antes de tiempo, saben que el cambio tuvo nombre y apellido y va a luchar para que no se detenga: “No nos conformamos con esto”.
Fuente: Infobae