La tradicional rosca de Reyes se ha consolidado como una fecha clave para la economía local en Guayaquil. Cada inicio de enero, el aumento en la demanda de este producto gastronómico dinamiza el consumo interno y beneficia a panaderías, cafeterías y negocios del sector alimenticio, que registran un incremento significativo en sus ventas.
Desde el enfoque económico, esta tradición genera un efecto en cadena: impulsa la compra de materias primas, fortalece a proveedores locales y promueve la contratación de mano de obra temporal para atender la mayor producción. Además, la competencia entre establecimientos fomenta la innovación, la diversificación de productos y estrategias de precios, lo que amplía la oferta para los consumidores.
Economistas señalan que este tipo de celebraciones aportan al movimiento del comercio minorista y contribuyen de manera parcial a la dinámica económica posterior al gasto de fin de año. Así, la rosca de Reyes no solo conserva una tradición cultural, sino que también se convierte en un factor que impulsa el flujo económico y el empleo en la ciudad.
NS