(Desde Estados Unidos) Hace 32 años, la selección argentina y todo el país recibieron un golpe demoledor, como aquellos que Mike Tyson solía propinar en el ring. Tras ganar los dos primeros partidos del Mundial 94, incluyendo un gol inolvidable de Diego Maradona que culminó con su icónico grito frente a la cámara, la FIFA dio a conocer una noticia que alteró el rumbo de la Copa del Mundo en suelo norteamericano.
En el entonces Four Season Hotel (hoy Ritz-Carlton), ubicado en las afueras de Dallas y que sirvió como cuartel general de la entidad durante el torneo, el dirigente mexicano Guillermo Cañedo comunicó oficialmente un anuncio que sacudió a todos los argentinos: “Análisis de los especímenes de orina han dado resultado positivo. El jugador Diego A. Maradona, de la selección nacional argentina, ha violado por lo tanto las prescripciones contenidas en el reglamento de control antidóping en el partido Argentina-Nigeria. La AFA ha comunicado a la Comisión Organizadora de la Copa Mundial de la FIFA que retiraba al jugador Maradona de la Copa Mundial. En vista de esta decisión, la FIFA estudiará los aspectos disciplinarios de este caso después de la Copa Mundial. Mientras el caso no sea definitivamente cerrado, el jugador Diego A. Maradona permanece suspendido para toda actividad futbolística”.
Fue un balde de agua fría para toda una nación. Maradona, quien había realizado una preparación especial en la estancia “El Marito”, a unos 60 kilómetros de La Pampa, con la meta de llegar en óptimas condiciones a su cuarto Mundial, fue expulsado por la FIFA de Joao Havelange y se convirtió en un simple espectador. Su selección, a la que se había sumado para el repechaje contra Australia tras la histórica derrota ante Colombia, recibió una sentencia deportiva justo cuando demostraba ser la candidata número uno al título.
Hoy, mientras el equipo de Lionel Messi se prepara para enfrentar a Jordania en Dallas, Infobae viajó hasta el lugar exacto donde Diego vivió sus horas más amargas como jugador de la Albiceleste. Pasado el mediodía, bajo un calor extremo que activó alertas por altas temperaturas, este medio llegó al hotel ubicado en 4801 Lyndon B Johnson Fwy, en el corazón de una inmensa ciudad rodeada de rascacielos.
Al preguntar si alguien sabía que ese había sido el punto de concentración del equipo de Coco Basile durante el Mundial de 1994, la respuesta fue negativa. Cuando se enteraron de que allí se alojó una leyenda del fútbol, la sorpresa fue absoluta. El establecimiento ya no tiene el mismo nombre de la última década del siglo XX, pues ahora pertenece a una reconocida cadena hotelera con presencia global. Sin embargo, gracias a la amabilidad de Stacy, una recepcionista, y tras esperar unos minutos mientras consultaba si podíamos conocer ese sitio emblemático para la historia reciente de la selección argentina, logramos acceder al lugar.
Una vez recibido el permiso, la propia Stacy nos acompañó. Tras caminar unos metros desde el lobby hasta el área de los ascensores, presionamos el botón 7 para subir a ese piso. El mismo recorrido que hizo Diego y otros jugadores de la Selección en el 94. Al abrirse las puertas del elevador, lo primero que se ve es la puerta de la habitación 714. Sí, el espacio que alojó a Maradona en sus momentos más dramáticos vestido de celeste y blanco. Con una chomba blanca y anteojos negros, Pelusa entró al hotel, la misma indumentaria que usó en la recordada entrevista con el periodista Adrián Paenza para Canal 13. Con esa misma ropa, con los ojos vidriosos, le dijo al mundo una frase que hoy es parte de su propia mitología: “Creéme que me cortaron las piernas”.
La habitación “maldita” para los argentinos estaba ocupada. Por eso Infobae no pudo ingresar para ver ese lugar tan particular para nuestra historia deportiva. A pesar de esa imposibilidad, subir en el mismo ascensor, pisar la misma alfombra y estar a centímetros del sitio donde Maradona padeció horas de insomnio y una de las tristezas más grandes de su carrera, fue impactante.

Abajo, en el sexto piso, habitación 640, se produjo ese mano a mano tan especial entre el número 10 y Adrián Paenza. En el fondo de las imágenes se veía a Marcos Franchi, su representante en esa época. Él fue quien le dijo a Diego, apenas el avión aterrizó en Dallas, que el nombre del frasco con la prueba positiva llevaba su nombre y apellido. En su autobiografía “Yo soy el Diego de la gente”, editada por Ernesto Cherquis Bialo y Daniel Arcucci, el propio futbolista relató que al escuchar la noticia, miró a Claudia Villafañe, madre de sus hijas Dalma y Gianinna, y mientras tomaba mates le dijo: “Ma, nos vamos del Mundial”.
Después del reconocimiento de Argentina al estadio Cotton Bowl, donde el equipo de Basile cayó 2-0 ante Bulgaria en el último partido de la fase de grupos, Maradona se sentó frente a decenas de periodistas y dejó una contundente frase exculpándose de haber ingerido cualquier sustancia prohibida: “Decía que juro por mis hijas que es la fuerza que me trajo este Mundial, que yo no me drogué. Que yo no tomé ninguna sustancia como para que FIFA me deje afuera de este Mundial. Con esto también quiero decir que le doy la posibilidad a FIFA que revea esta medida porque yo la creo injusta totalmente. Quizás las máquinas pueden determinar un montón de cosas, pero yo soy jugador de fútbol y yo para ganarme un rendimiento no voy a usar absolutamente nada y eso lo puedo jurar otra vez por mis hijas, que es lo que más quiero. Yo vine acá a respetarlos a todos ustedes porque me parecía lógico. Después de sufrir muchísimo en mi habitación solo, les prometí a mis hijas que no iba a llorar y no lloro, no lloro. Quiero ser fuerte para ellas y si Dios quiere, ojalá que pueda seguir jugando en este Mundial y si no me despediré del fútbol con un dolor en el alma muy grande, con un dolor en el corazón que seguramente los que me quieren en la Argentina estarán pensando de la misma manera que pienso yo en este momento”.
En el microcentro de la Ciudad de Buenos Aires, y en muchos otros puntos del país, la desazón fue total. El corazón de Maradona se rompió. También el de millones que, con toda la ilusión, soñaron con volver a verlo con la 10 en la espalda y levantando otra Copa del Mundo. El destino, o vaya a saber qué, no lo quiso así. Para siempre, la habitación 714 del hotel en Dallas quedará como el lugar donde se resquebrajó una ilusión. La ilusión de toda una selección que no soportó ver rendida a su estrella máxima.

Fuente: Infobae