Guayaquil concentra la mayoría de atentados con explosivos en Ecuador

Guayaquil atraviesa un contexto marcado por la creciente frecuencia de atentados, amenazas con artefactos explosivos y falsas alertas.

El incidente más grave fue el de un auto que explotó en la av. Joaquín Orrantia, en el norte de Guayaquil. Dejó una persona fallecida, al menos veintiséis heridos y daños en seis edificios.

Según datos del Grupo de Intervención y Rescate (GIR) de la Policía Nacional del Ecuador, entre el 1 de enero y el 18 de octubre de 2025 se han registrado al menos 99 eventos relacionados con artefactos explosivos en la Zona 8, que comprende los cantones Guayaquil, Durán y Samborondón.

De ese total, 59 correspondieron a objetos sospechosos reales, 24 a explosiones químicas de sustancias explosivas y 16 a amenazas vinculadas con explosivos falsos u objetos sospechosos.

Solo entre el 14 y el 21 de octubre se reportaron en el país al menos once incidentes de este tipo, de los cuales cinco fueron reales y los restantes resultaron ser falsas alarmas.

Según los registros del GIR, Guayaquil es la ciudad del país donde más eventos con explosivos se han reportado durante el año 2025.

Últimos atentados con explosivos en Ecuador

Tras el hecho del coche bomba de la av. Orrantia, al amanecer del miércoles 15 de octubre, la violencia se trasladó a otras zonas. Otro atentado se produjo en el puente Mollepongo, en la vía que conecta la Costa con la Sierra, entre Guayaquil y Cuenca.

La explosión afectó a varios autobuses que circulaban por el sector, aunque no se reportaron víctimas mortales.

kilómetros de distancia, en la provincia del Guayas, otro estallido se registró en el puente Churute. Este tercer atentado, con características similares al anterior, incrementó la tensión en una provincia.

Explosivos industriales y minería ilegal marcan los últimos atentados

Los últimos casos de violencia en Guayaquil evidencian la utilización de explosivos industriales, similares a los empleados en la minería ilegal, en actos delictivos que buscan generar caos e intimidación.

En el caso de la explosión en el norte de la urbe, el ministro del Interior, John Reimberg, confirmó que en la zona cero se encontraron cuatro cargas explosivas de alto poder, cada una con su respectiva mecha de seguridad, además de un dispositivo electrónico utilizado para la activación del explosivo.

El pasado martes, 14 de octubre, un coche bomba detonó en la avenida Joaquín Orrantia, norte de Guayaquil. Foto: El Universo

Reimberg precisó que, en esta ocasión, los artefactos no eran de fabricación artesanal, sino elaborados profesionalmente por grupos de delincuencia organizada.

“No se trata de un artefacto fabricado artesanalmente. Se trata de elementos de elaboración profesional por parte de delincuentes que quieren ocasionar caos en el país”, señaló el funcionario.

Según información de la Policía Nacional, la minería ilegal actualmente estaría siendo financiada por grupos de delincuencia organizada (GDO), que adquieren explosivos y armas desde el sur de Perú.

Fuentes policiales indicaron que, de acuerdo a investigaciones, se ha podido evidenciar que la escasa supervisión de estas operaciones durante varios años ha facilitado la creación de un mercado negro de fácil acceso para armas, municiones y explosivos.

Este tipo de emulsión explosiva, que hoy en día se utiliza tanto en minería ilegal como en actos de extorsión, permite a los grupos criminales aumentar los niveles de violencia de manera deliberada.

Entre los grupos delictivos con mayor capacidad de adquisición de explosivos de emulsión se encuentran, según la Policía, Los Choneros, Lobos y Tiguerones.

Fuentes de la institución también indicaron que los objetivos de estas acciones pueden ser múltiples: financiar estructuras urbanas, reclutar personal o corromper autoridades, así como desestabilizar y aumentar la percepción de inseguridad en la comunidad.

Atentados como una forma de generar temor en la población

El experto en seguridad Javier Gutiérrez sostuvo que las organizaciones criminales en Ecuador buscan actualmente generar un mayor impacto simbólico a través de sus acciones violentas.

Que no solo pretenden causar daño físico, sino proyectar poder, visibilidad e intimidación ante la sociedad.

Según Gutiérrez, esta estrategia se ha consolidado en los últimos años en paralelo a la expansión de las estructuras delictivas. De acciones que nacieron dentro de las cárceles se ha transitado hacia ajustes de cuentas cada vez más violentos en los territorios, donde ya no se habla de víctimas colaterales, sino de asesinatos masivos y matanzas deliberadas.

El especialista explicó que esta evolución de la violencia está directamente relacionada con la diversificación de las actividades criminales.

Del microtráfico y el control del narcotráfico desde los centros penitenciarios se ha pasado a una red de negocios ilícitos que abarca la extorsión, los secuestros y la minería ilegal.

Esta expansión, afirmó, ha venido acompañada de una violencia más cruda y destructiva, con un número creciente de víctimas mortales y con represalias cada vez mayores frente a las intervenciones del Estado, que han afectado a las economías criminales.

Fuente: El Universo

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