Geopolítica en Munich: Marco Rubio y el legado de Henry Kissinger

La edición número 62 de la Munich Security Conference (MSC) se desarrolla este año entre el 13 y el 15 de febrero. El emblemático Hotel Bayerischer Hof acoge a 200 representantes provenientes de 120 naciones, consolidando a este evento como el foro geopolítico más trascendental de Occidente. En la actualidad, esta cumbre ha cobrado una relevancia tal que muchos expertos la consideran el equivalente político de lo que el Foro de Davos representa para la economía global.

Presiones y visiones sobre la seguridad europea

El senador Marco Rubio arribó a suelo alemán con un objetivo claro: mantener la exigencia sobre las naciones europeas para que incrementen su inversión en seguridad y defensa. Su postura subraya las profundas discrepancias respecto a conflictos como el de Ucrania y Rusia, cuestionando incluso la vigencia de una alianza que, para algunos sectores, debió cesar junto con la URSS, siguiendo el camino del extinto Pacto de Varsovia.

Pese a las críticas, la OTAN se mantiene en pie debido al elevadísimo costo que implicaría coordinar una nueva arquitectura de defensa entre 28 países distintos. Según una carta abierta firmada por exmandos militares y embajadores, la inversión en esta institución ha favorecido históricamente a EE. UU. más que a sus socios europeos. No obstante, se advierte que una victoria republicana en los próximos comicios podría reducir la influencia de la organización a su mínima expresión global.

A diferencia de la intervención del vicepresidente JD Vance el año anterior —marcada por duras críticas a Europa sobre libertad de expresión, inmigración y populismos—, Marco Rubio ha optado por un estilo menos confrontativo. Se espera que los servicios de inteligencia de potencias como el Reino Unido y Francia no hayan sido tomados por sorpresa esta vez, especialmente tras los roces causados por las afirmaciones de Vance sobre un presunto “retroceso” en las libertades del continente, exceptuando casos como el de Hungría.

Tecnología, diplomacia y nuevos ejes de influencia

La política exterior estadounidense ha comenzado a vincular la defensa de los derechos humanos con la protección de sus colosos tecnológicos, tales como X, Meta y Google. Este enfoque se ha manifestado en tensiones con Brasil y Europa, llegando incluso a la aplicación de sanciones —luego retiradas— contra figuras judiciales como el Juez De Moraes.

En el ámbito regional, Rubio ha destacado el papel mediador de Washington en conflictos como el de Armenia y Azerbaiyán. En este contexto, Israel ha reorientado su respaldo hacia los azeríes, una decisión estratégica clave durante los enfrentamientos con Irán el año pasado, facilitando operaciones del Mossad en Teherán. Resulta notable la recepción de Israel en una nación musulmana aliada de Turquía.

Durante su intervención en la Conferencia de Seguridad de Múnich, Marco Rubio llamó a

Para Marco Rubio, estas dinámicas demuestran que el mundo atraviesa una nueva era geopolítica que exige una revisión profunda de roles, una tarea que la Unión Europea (UE) aún parece tener pendiente. Por otro lado, la OTAN ha logrado avances en el tema de Groenlandia, donde EE. UU. ha moderado su discurso de adquisición pero ha fortalecido su presencia militar, alineándose con la visión de Trump sobre la importancia estratégica del Ártico frente a las amenazas de Rusia y China.

Hacia una nueva institucionalidad

El panorama político se agita con la próxima convocatoria de Trump, el 19 de febrero en Washington, para la sesión inaugural de su Consejo de Paz, tras una reunión con Benjamín Netanyahu para tratar el tema iraní. Este organismo podría proyectarse como una alternativa a la ONU, relegando a la OTAN y a Europa a un papel secundario, tal como sugiere la Estrategia de Seguridad Nacional 2025.

La división interna de EE. UU. también se trasladó a Munich. Mientras Rubio viaja con Sarah Rogers (crítica de la irrelevancia de la UE) y planea visitar a líderes nacionalistas en Eslovaquia y Hungría, figuras demócratas como el gobernador Gavin Newsom y la representante Alexandria Ocasio-Cortez presentaron un mensaje de resistencia contra las políticas de Trump, aunque sin mostrar aún un consenso claro en materia internacional.

Entretanto, otros fenómenos europeos captan la atención, como el caso de Suiza, que evalúa un referéndum para limitar su población a 10 millones de habitantes como medida ante la crisis migratoria.

Rubio viajó a Eslovaquia tras su participación en la Conferencia de Seguridad de Múnich (Alex Brandon/Pool via REUTERS)

El vacío intelectual de Henry Kissinger

Ante la incertidumbre actual, la figura de Henry Kissinger resurge en los debates de Munich. El diplomático, fallecido el 29 de noviembre de 2023 tras cumplir un siglo de vida, dejó un legado basado en el realismo político que hoy parece más necesario que nunca. Kissinger analizó hasta sus últimos días temas como la Inteligencia Artificial y la invasión a Ucrania.

Fiel a su doctrina, Kissinger probablemente habría abogado por una convivencia necesaria entre EE. UU. y China, limitando la rivalidad al plano económico. Sobre Rusia, recordaba que históricamente Crimea fue parte del Imperio Ruso y que su traspaso a Ucrania en 1954 fue un acuerdo administrativo de Nikita Jrushov. Para él, el diálogo con Putin era fundamental, citando el éxito de las negociaciones israelíes en Siria pese al apoyo ruso a Bashar al-Asad.

“Al final, Putin cometió un error de juicio catastrófico”.

Kissinger sostenía que el conflicto ucraniano no inició en 2022, sino en 2014 con la ocupación de Crimea y el Donbás. Su propuesta para la paz posiblemente coincidiría con la búsqueda de un cese al fuego actual, pero con una visión de largo plazo: negociar fronteras definitivas que revisen los términos del fin de la URSS, algo que Putin reclama como un acuerdo político directo entre potencias.

Kissinger estaba convencido que EEUU y China debían aprender a convivir

Sin embargo, este camino de distensión es complejo para la administración actual. Requiere un incentivo tan potente que logre fracturar la alianza sin precedentes entre Rusia y China. Kissinger entendía que Xi Jinping percibe el trato estadounidense como condescendiente y que China busca emular la estrategia que usó EE. UU. para desplazar a Gran Bretaña como superpotencia.

Lecciones de la historia

Evocando al general De Gaulle y la Trampa de Tucídides de Graham Allison, el análisis kissingeriano sugeriría que, en el conflicto europeo actual, Ucrania está perdiendo la guerra, pero Rusia está siendo derrotada militarmente respecto a sus expectativas iniciales.

Henry Kissinger, durante una reunión con el líder chino, Xi Jinping

El consejo final del gran diplomático sería reducir la intensidad del conflicto. En sus palabras:

“La actitud de todo o nada es una amenaza para buscar la distensión”.

Kissinger habría sugerido retomar los Acuerdos de Minsk (2014-2015) y el Cuarteto de Normandía para garantizar la autonomía regional y los derechos de las minorías, buscando una frontera estable que represente un triunfo para Europa.

Como declaró a The Economist:

“Creo que todos tenemos que admitir que todos estamos en un mundo nuevo (donde) no hay un rumbo garantizado y (donde) Estados Unidos necesita desesperadamente un pensamiento estratégico a largo plazo”.

Recuperar el consenso interno es el primer paso para que Washington retome su rol como potencia de primer orden.

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