Un equipo especializado del FBI se encuentra actualmente en La Habana con la misión de profundizar en las investigaciones sobre un violento enfrentamiento ocurrido a finales de febrero. El incidente involucró a guardacostas cubanos y una embarcación con matrícula del estado de Florida, dejando un saldo de cinco personas fallecidas.
Fuentes oficiales de Estados Unidos han confirmado que el grupo de investigadores arribó a la capital de la isla con el firme propósito de llevar a cabo una pesquisa
“independiente y exhaustiva”
sobre los pormenores del suceso.
Esta movilización responde a la necesidad de Washington de corroborar, mediante recursos técnicos propios, la cronología del operativo ejecutado el pasado 25 de febrero. Hasta el momento, gran parte de los datos disponibles sobre el caso habían sido suministrados de forma unilateral por las autoridades del gobierno cubano.
Objetivos de la misión técnica
Representantes de la embajada de Estados Unidos en La Habana detallaron que el personal técnico inició sus labores el martes. El objetivo central de su presencia en territorio cubano es determinar con precisión
“exactamente qué sucedió”
en el área marítima donde se registró el intercambio de disparos.
Según la versión oficial proporcionada por la administración de Miguel Díaz-Canel, una lancha rápida proveniente de territorio estadounidense fue interceptada en aguas territoriales de Cuba. En la embarcación viajaban diez personas. El reporte indica que, al momento en que una patrulla de guardafronteras intentó realizar la identificación, se habrían realizado disparos desde la lancha, lo que motivó la respuesta armada de los efectivos de la isla.

El balance del enfrentamiento señala que cuatro pasajeros perdieron la vida en el lugar, mientras que otros seis resultaron heridos. Posteriormente, uno de los lesionados falleció en un centro hospitalario cubano, elevando a cinco el total de víctimas mortales. Asimismo, se reportó que un oficial de las fuerzas marítimas cubanas sufrió heridas durante el tiroteo. Entre los ocupantes de la lancha se identificó a cubanos residentes en Estados Unidos, incluyendo a dos ciudadanos estadounidenses.
Las autoridades locales aseguran que dentro de la embarcación se encontró un arsenal compuesto por armas de diversos calibres y una cantidad considerable de pertrechos. El Ministerio del Interior informó sobre el decomiso de 14 fusiles, 11 pistolas y una cifra cercana a las 13.000 municiones. Estos elementos refuerzan la tesis de La Habana sobre una supuesta incursión armada planificada desde el exterior.
Semanas antes de este arribo, Miguel Díaz-Canel ya había mencionado la posibilidad de que el FBI visitara la isla, manifestando que su gobierno mantenía la disposición de cooperar para aclarar los hechos ocurridos en el mar.

Durante una intervención en la televisión estatal, el dirigente cubano señaló que la administración estadounidense había comunicado, a través de los canales consulares y diplomáticos establecidos, su interés formal en ser parte de una investigación coordinada entre ambas naciones.
En el ámbito legislativo estadounidense, el secretario de Estado, Marco Rubio, ha subrayado la importancia crítica de obtener información independiente antes de emitir un pronunciamiento oficial definitivo. Esta postura es la que marca la hoja de ruta de los agentes que hoy operan en Cuba.
Cargos judiciales y contexto político
Por otro lado, se conoció que seis de los tripulantes de la embarcación interceptada han sido formalmente procesados bajo acusaciones de
“terrorismo”
, de acuerdo con la información vertida por el sistema judicial de la isla.
La fiscalía cubana ha dictaminado la medida de prisión provisional para los involucrados, asegurando que el proceso judicial sigue su curso bajo los lineamientos establecidos en el Código Penal vigente. Desde la perspectiva de La Habana, este tipo de operaciones armadas provenientes del sur de Florida tienen antecedentes históricos que se remontan a las décadas posteriores a 1959.
Actualmente, el gobierno de Donald Trump sostiene una estrategia de presión diplomática y económica sobre la isla, calificando a Cuba como una
“amenaza excepcional”
para la seguridad de Estados Unidos. Este argumento se apoya en los vínculos estratégicos que mantiene el régimen con países como Rusia, China e Irán.

En medio de este escenario de alta sensibilidad política, las autoridades de la isla también informaron sobre la captura de 10 ciudadanos de nacionalidad panameña en La Habana. A estos individuos se les acusa de difundir propaganda contraria al gobierno, sumando un nuevo incidente a la lista de eventos que mantienen la atención de la comunidad internacional sobre la situación de seguridad y política en la nación caribeña.
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