La estabilidad de la seguridad alimentaria global se encuentra bajo una seria amenaza debido a las crecientes tensiones bélicas en el Golfo Pérsico. Según proyecciones de la consultora Roland Berger, analizadas por Máximo Torero Cullen, economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), una interrupción en el tránsito por el estrecho de Ormuz podría disparar los precios internacionales de los fertilizantes hasta en un 200%. Este fenómeno, sumado al alza sostenida en el valor de los combustibles, golpea directamente la operatividad de la agricultura a escala mundial.
Impacto en la cadena de suministros
La situación en la región del Golfo representa una de las disrupciones más severas y aceleradas en el flujo de productos básicos de la historia contemporánea. Torero Cullen advirtió que las hostilidades están afectando de forma crítica tres pilares fundamentales: la producción agrícola, el mercado de insumos químicos y la distribución de energía necesaria para las labores de cosecha, perjudicando de manera desproporcionada a productores y trabajadores migrantes.
El estrecho de Ormuz es un nodo logístico vital para la economía del planeta. Se estima que por este paso circula diariamente el 35% del petróleo mundial, el 30% de los fertilizantes comercializados globalmente y el 20% del gas licuado. El cierre de esta ruta bloquearía el acceso a elementos esenciales como la urea y el azufre. Los datos técnicos indican que un tercio de la urea y el 45% del azufre del mundo atraviesan habitualmente este corredor, lo que generaría un efecto dominó inmediato sobre los costos de producción.
Vulnerabilidad en naciones en desarrollo
Las consecuencias de este encarecimiento son especialmente graves para las economías importadoras. En naciones como Sri Lanka y Bangladesh, donde las cosechas de arroz están en curso, el aumento en el precio de los insumos pone en jaque la producción nacional. Por esta razón, la FAO ha enfatizado la urgencia de brindar asistencia internacional para evitar pérdidas irreparables en estos territorios. Asimismo, se observa con preocupación la situación en Irán, donde el 70% de los suministros agrícolas son de origen interno, pero el resto depende críticamente de las importaciones.
Otros países con alta dependencia de las exportaciones agroalimentarias, tales como Qatar o los Emiratos Árabes Unidos, también enfrentan complicaciones logísticas debido a las dificultades que encuentran los buques para acceder a la región. El deterioro comercial en el Golfo Pérsico también tiene un impacto humano directo sobre millones de trabajadores migrantes procedentes del este de África y el sur de Asia. La reducción de la actividad económica en los países receptores afectaría el envío de remesas, aumentando la precariedad de los hogares que dependen de estos fondos.
Escenarios a mediano plazo y precios del crudo
De extenderse un posible bloqueo por un periodo de hasta tres meses, la producción agrícola de la próxima temporada sufriría daños significativos. Bajo este escenario, si el precio del petróleo llegara a superar los 100 dólares por barril, se desataría una competencia intensa por los biocombustibles. Aunque esto podría elevar los ingresos de ciertos productores, terminaría encareciendo los alimentos para el consumidor final, dificultando el acceso a la comida en regiones con baja capacidad adquisitiva.
Las naciones africanas figuran entre las más expuestas debido a su dependencia de fertilizantes importados. No obstante, potencias exportadoras como Estados Unidos, Brasil y Argentina también podrían sufrir limitaciones en la disponibilidad de insumos básicos y en la colocación de sus productos en el exterior, dependiendo de cómo evolucione la crisis en el Medio Oriente.
Medidas de mitigación propuestas
Para enfrentar este panorama, Máximo Torero Cullen planteó una serie de estrategias urgentes:
- Establecer rutas comerciales alternativas de forma inmediata.
- Proveer ayuda financiera de emergencia para las balanzas de pagos de los países más afectados antes de las siembras.
- Diversificar las fuentes de suministro de fertilizantes a nivel global.
- Evitar la imposición de restricciones a las exportaciones que agraven la escasez.
La relevancia estratégica del sector alimentario exige acciones decididas y una inversión sostenida “para minimizar esas crisis”, concluyó el experto, haciendo un llamado a dar a la alimentación la misma prioridad que a la energía o el transporte.
Finalmente, la FAO advirtió que, sin una resolución pronta del conflicto, la volatilidad de los precios y la incertidumbre en los mercados seguirán castigando a productores y consumidores, demandando una coordinación internacional robusta para blindar el sistema alimentario frente a futuras crisis similares.
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