La cita con las urnas en Marruecos tendrá lugar el 23 de septiembre, y aunque la campaña dejó espacio para las reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla, los analistas consultados coinciden en que la relación con España no sufrirá un giro brusco. El vínculo bilateral atravesaba una etapa de entendimiento hasta los sucesos de finales de julio en la ciudad autónoma, pero los próximos meses podrían traer nuevos roces.
En el reino alauí, la política exterior la decide Mohamed VI y su círculo más cercano, que son quienes «fijan las prioridades y las políticas hacia el resto del mundo», subraya Riccardo Fabiani, director para el norte de África del think tank Crisis Group. El investigador recalca que para preservar la «coherencia» entre la monarquía y el Ejecutivo, es el propio rey quien elige al ministro de Exteriores.
El cargo recae actualmente en Naser Burita, nombrado en abril de 2017 por Mohamed VI. Con una dilatada trayectoria diplomática en el Ministerio, su continuidad se da por descontada: en casi diez años, Marruecos ha acumulado importantes logros internacionales en su causa principal, el Sáhara Occidental.
El rey elige al ministro de Exteriores
El hecho de que sea el monarca quien nombre al titular de Exteriores explica que la política exterior apenas figure en los programas electorales de los partidos de la coalición gobernante, apunta Irene Fernández-Molina, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad de Exeter y miembro del consejo académico del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC).
Solo el Partido Justicia y Desarrollo (PJD), formación islamista en la oposición y contraria al acercamiento con Israel, incluye un pequeño apartado, «pero es muy improbable que consiga un resultado por sorpresa arrollador y que entre a formar parte de la coalición de gobierno».
Todo apunta a una reedición de la actual coalición que lidera la Agrupación Nacional Independiente (RNI), cuyo cabeza visible es el primer ministro Aziz Ajanuch, junto al Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), fundado por Fuad Alí El Himma, amigo de la infancia y uno de los principales asesores del rey, y el nacionalista Istiqlal.
Una agenda internacional ya trazada
La duda es si la RNI terminará en cabeza o si lo hará el PAM, como todo parece indicar. En cualquier caso, Fernández-Molina sostiene que no habrá «grandes cambios». David Hernández, investigador senior no residente para Oriente Medio y Norte de África del Real Instituto Elcano, afirma que la agenda internacional «es clara y coherente» desde hace años y tiene como «ejes inamovibles» la cuestión del Sáhara Occidental y la reivindicación de Ceuta y Melilla.
Eso sí, precisa que ambas causas «no van parejas»: la antigua colonia española es una «cuestión central y más prioritaria» que las ciudades autónomas. Mohamed VI lo resumió al decir que el Sáhara Occidental es el «prisma» a través del que Marruecos mira sus relaciones exteriores; ahora la prioridad es consolidar el reconocimiento de su soberanía sobre ese territorio.
En cuanto a Ceuta y Melilla, a las que desde Marruecos se alude a menudo como «presidios ocupados», su reivindicación ha emergido durante la campaña de la mano de algunas figuras del PAM y de la RNI. Esas voces han apostado por «usar una retórica nacionalista y de confrontación con España más llamativa, básicamente para atraer votos», sostiene Fernández-Molina, que no ve una continuidad de esa actitud después de los comicios.
Sobre la entrada masiva de migrantes en Ceuta a finales de julio, el asunto tampoco ha estado sobre la mesa. Para David Hernández, lo ocurrido ha dañado la imagen exterior de Marruecos justo cuando el monarca reivindicaba en su mensaje con motivo de la Fiesta del Trono los avances económicos y sociales de los últimos años.
Riccardo Fabiani vaticina que «lo más probable» es que las tensiones por Ceuta «sigan siendo altas durante un tiempo» y se reduzcan «gradualmente a medida que el debate» se desplace a otros asuntos. Además, resalta que ambos gobiernos se esfuerzan por «evitar una escalada» y siguen cooperando, conscientes de que «hay demasiados intereses en juego».
Nuevas piedras en el camino
Más allá de que un eventual relevo del primer ministro no modifique la postura ante España, Miguel Hernando de Larramendi, catedrático de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) y miembro del consejo académico de CEARC, advierte de posibles «piedras en el camino» en los próximos meses. Entre ellas incluye:
- La visita prevista de los Reyes a Ceuta y Melilla en las próximas semanas.
- La aprobación de la ley que otorga la nacionalidad a los saharauis.
- Una eventual visita del presidente de Argelia, Abdelmayid Tebune, a España.
- La anunciada celebración de una Reunión de Alto Nivel (RAN) con este país en Madrid.
Sobre la visita real, recuerda que cuando se produjo la única en 2007, con Juan Carlos I y Sofía al frente, la reacción marroquí fue limitada e incluyó la llamada a consultas de su embajador. En cuanto a la ley de nacionalidad para los saharauis, es un asunto que genera opiniones encontradas en el reino alauí, porque en última instancia toca el Sáhara Occidental; su aprobación podría demorarse en el Senado, donde el PP tiene mayoría.
Hernando de Larramendi y Hernández coinciden en que un factor capaz de alterar la relación bilateral es un cambio de Gobierno en España. El catedrático de la UCLM alude al «aviso a navegantes» que supuso el comunicado del Ministerio de Exteriores marroquí del 10 de septiembre sobre Ceuta:
Tras cargar contra el PP por caer en el populismo, el texto advertía que Marruecos no iba a ser «chivo expiatorio de ajustes de cuentas partidistas» y recalcaba que «la vecindad geográfica es un hecho inmutable».
Para ilustrarlo, remite a lo ocurrido en 2011, cuando Mariano Rajoy llegó al poder. Meses antes se había celebrado una multitudinaria manifestación contra el PP en Casablanca por su postura sobre el Sáhara Occidental; aun así, «la relación con Marruecos se recondujo».
La participación electoral, clave
Otro de los elementos que los expertos consultados consideran esenciales en estos comicios es la participación, que viene sufriendo un descenso sostenido y que evidencia la desafección de la sociedad marroquí, sobre todo de los jóvenes.
Para David Hernández, Marruecos necesita ahora recuperar su imagen como socio fiable, no solo ante España sino ante la Unión Europea, después de haber quedado «muy desacreditado» por lo sucedido en Ceuta. En opinión de Hernando de Larramendi, la entrada masiva de migrantes a finales de julio fue una «enmienda» al discurso de Mohamed VI y, al margen de posibles responsabilidades, puso de manifiesto la «receptividad a la idea de salir» del país entre los jóvenes marroquíes.
Fuente: Infobae