El Niño cambia los planes de los maiceros de Los Ríos: refuerzan fincas y analizan cosechas anticipadas con técnicas para acelerar maduración

En Montalvo, en la provincia de Los Ríos, mientras los productores maiceros esperan la cosecha de verano, comienzan a planificar los trabajos para el reforzamiento de bermas y muros laterales de los afluentes que colindan con las hectáreas donde está sembrado el grano ante el fenómeno de El Niño.

El anuncio de este evento climático, que puede alcanzar su pico a finales de 2026, obligó a acelerar las acciones para mitigar los futuros efectos en las fincas e idear opciones de cosechas anticipadas si las lluvias afectan el ciclo del maíz.

En Los Ríos, la preparación toma fuerza. En el Plan de Acción Nacional ante el fenómeno de El Niño, la provincia figura como vulnerable a inundaciones en al menos 121.289 hectáreas.

La localidad fluminense, según el Ministerio de Agricultura, concentró el 42 % de la producción maicera a junio de 2025.

Las acciones que ya se ejecutan en ciertas áreas y se analizan en otras para los meses siguientes se dan también en un escenario productivo afectado. El exceso de humedad ha derivado en el incremento de costos por la aplicación periódica de tratamientos contra las plagas.

En el sector San Eleuterio (Montalvo) el comportamiento del clima ha cambiado y es lo que se prevé que se mantenga a medida que se desarrolle El Niño.

Las lluvias se han prolongado y la humedad está afectando los cultivos, explica el productor Marco Arregui. Él señala que el exceso de agua favorece la aparición de hongos, bacterias y plagas que anteriormente no representaban un problema frecuente.

El costo de producción de una hectárea, que bordea los $ 1.500, podría incrementarse al menos en $ 200 debido a estos tratamientos adicionales.

Hay presencia de ácaros y de Dalbulus, un insecto que actúa como vector de un virus que provoca la llamada cinta blanca en el maíz. Estos problemas se suman a las enfermedades que aparecen cuando las condiciones climáticas son atípicas.

Estos factores, por ejemplo, son los que generan incertidumbre a los maiceros porque se pueden mantener y proliferar con la llegada de El Niño. Aseguran que lo que se ha experimentado en estos meses podría ser un indicio de lo que tendrían que lidiar más adelante, junto con posibles inundaciones y desbordamientos.

Localidades en la provincia de Los Ríos llegan a la mitad del ciclo corto del maíz. Productores esperan que la cosecha de verano se pueda completar. Foto: Francisco Verni Peralta

En este año, el impacto comenzó desde la siembra de verano, que alcanza un 21 % de la producción de maíz en el sector.

Según Arregui, normalmente el maíz se siembra en mayo, pero las lluvias persistentes extendieron el periodo hasta junio y, en algunos casos, hasta julio. Esto también ha obligado a modificar los productos utilizados y buscar variedades de mazorcas más cerradas, con el objetivo de evitar que el agua ingrese y provoque pudrición.

El momento en que se produzcan las lluvias será determinante. Arregui explica que el maíz tiene un ciclo de entre 120 y 130 días. Si las precipitaciones fuertes llegan cuando la planta ya supera los 100 días, todavía existe la posibilidad de cosechar porque la mazorca está prácticamente formada. Pero si el exceso de agua ocurre antes, la planta puede morir y la mazorca no alcanzar a llenarse por completo.

Una de las alternativas que los productores mantienen bajo análisis es acelerar la maduración de los cultivos mediante la aplicación de herbicidas desecantes, para adelantar la cosecha si los pronósticos anticipan lluvias intensas.

Con lluvias, los productores consideran que puede ser imposible ingresar a algunas áreas sembradas de las fincas por la acumulación de agua. La humedad también reduce el área efectivamente plantada.

Refuerzo de muros y canales

Los productores también han comenzado a reforzar la infraestructura que protege sus cultivos. Fernando Gaibor, productor maicero de la zona de Las Garzas, un recinto ubicado a unos 10 minutos del centro de Montalvo (Los Ríos), explica que la mayoría de los agricultores que tienen los recursos ha intervenido las bermas de los ríos —los muros laterales que contienen sus cauces— y ha reparado orificios o daños provocados durante los inviernos anteriores.

En esta zona, la Prefectura intervino con dos retroexcavadoras para profundizar el cauce de un río que suele desbordarse y afectar principalmente los cultivos de arroz durante la época lluviosa.

Gaibor señala que en la zona alta de Montalvo el principal riesgo son precisamente los desbordamientos. Su finca, aunque se encuentra aproximadamente a 25 o 30 metros sobre el nivel del mar, está rodeada por ríos cuyos cauces son estrechos y pueden desbordarse durante lluvias intensas. Uno de ellos es el río Cristal.

Los trabajos de limpieza y profundización de canales y esteros se prevé que avancen una vez que se complete la cosecha en diferentes zonas de Montalvo.

Las labores, sin embargo, comprometen inversiones de hasta $ 450 diarios. El alquiler de una retroexcavadora cuesta alrededor de $ 45 por hora y los trabajos pueden extenderse durante un mes, con jornadas de hasta diez horas diarias.

La inversión busca evitar pérdidas mayores.

Una cosecha condicionada por el clima

El exceso de lluvia puede afectar directamente la cosecha. Cuando el suelo se vuelve demasiado blando, las plantas pueden “acamarse”, es decir, caer al suelo por el peso de la mazorca.

En esas condiciones, la maquinaria ya no puede recogerlas con facilidad y el productor tendría que recurrir a la cosecha manual, lo que elevaría significativamente los costos, explican productores locales.

Ante un eventual incremento de las precipitaciones desde octubre, analizan adelantar la cosecha. Gaibor explica que, cuando el cultivo alcanza aproximadamente los 110 días y la mazorca ya está formada, se puede aplicar un herbicida desecante mediante dron para acelerar el secado de la planta.

Los maiceros han incrementado ciclos de fumigación por la presencia de plagas. Las enfermedades han aparecido por el exceso de humedad. Foto: Francisco Verni Peralta

Esta práctica, conocida como burnoff, podría adelantar la cosecha alrededor de diez días. El productor estima que la aplicación tendría un costo de unos $ 15 por hectárea, más aproximadamente $ 20 a $ 22 por hectárea por el proceso de desecación química.

La medida permitiría ganar tiempo antes de que lleguen las lluvias más fuertes. En su caso, la capacidad de cosecha alcanza alrededor de 1.000 quintales diarios, por lo que adelantar unos días podría permitir evacuar entre 7.000 y 8.000 quintales antes de que las condiciones del terreno se compliquen.

El problema podría extenderse al siguiente ciclo agrícola. En Montalvo, durante la época de invierno, las áreas actualmente sembradas con maíz pasan principalmente a arroz. Si las lluvias fuertes se concentran en noviembre y diciembre, como se prevé, los productores esperan haber terminado la cosecha de verano, aunque podrían enfrentar dificultades para preparar los terrenos.

El exceso de humedad impediría trabajar normalmente el suelo y podría obligar a removerlo en condiciones de agua. Esto puede incrementar la presión de malezas y generar problemas de germinación del arroz.

La Secretaría de Gestión de Riesgos en su plan nacional remarca que sobre los cultivos de maíz, cacao, caña de azúcar y café “la pérdida de laderas productivas no solo destruye la cosecha en curso, sino la capacidad de producción de los ciclos siguientes”.

En áreas maiceras de Montalvo se sale de la cosecha de verano y se avanza a la de arroz. En caso de lluvias de 30 milímetros o más, estas zonas podrían volver a inundarse y provocar la muerte de las plantas.

Precios y comercialización, el reto en los siguientes meses

A los riesgos climáticos se suma la incertidumbre por la comercialización. Actualmente, el quintal de maíz de 100 libras se comercializa en alrededor de $ 17 o $ 17,50, pero para que el cultivo resulte rentable se considera necesario recibir entre $ 18 y $ 20.

La situación es especialmente complicada porque el año pasado el producto llegó a venderse hasta en $ 12 el quintal.

Además, algunos agricultores recibieron el dinero hasta un mes y medio después de la cosecha, mientras ya debían afrontar sus compromisos financieros.

En esa línea, los productores miran con preocupación una eventual importación de maíz si se registra una reducción de la oferta por los efectos de El Niño. Consideran que una mayor entrada de producto extranjero podría presionar los precios a la baja en un momento en que sus costos ya aumentaron.

Para los agricultores, el impacto trascendería al campo. En una provincia cuya economía depende en buena medida de la actividad agrícola, una caída de la producción y de los ingresos también afectaría a los negocios vinculados con el sector. (I)

Fuente: El Universo

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