Una de las imágenes más emblemáticas del caricaturista ruso Semyon Skrepetsky mostraba a Stalin sosteniendo a Vladimir Putin como si fuera el niño Jesús en brazos de la Virgen María. Esa sátira visual, que condensaba su mordaz crítica al autoritarismo, se convirtió en el sello de un artista que fue ejecutado a balazos este lunes en Biała Podlaska, una localidad del este de Polonia ubicada a solo 35 kilómetros del límite con Bielorrusia. La víctima, de 44 años, se encontraba exiliado desde 2021.
Robert Kuzovkov era su nombre real. Originario de la región rusa de Altái, adoptó el seudónimo Skrepetsky para firmar obras que tenían como blanco a las máximas figuras del poder postsoviético: Vladimir Putin, el mandatario bielorruso Alexander Lukashenko, el líder checheno Ramzan Kadyrov y el fallecido opositor Alexei Navalny. Su pluma tampoco dejaba indemnes a los jerarcas de la iglesia ortodoxa rusa ni a los oligarcas que respaldan al Kremlin.
Una iconografía subversiva contra el culto a la personalidad
El estilo de Skrepetsky se apropiaba del lenguaje visual de los íconos ortodoxos para darle la vuelta. En una de sus piezas más difundidas, reemplazó la figura de la Virgen María por la de Stalin, con un Putin de apariencia infantil en sus brazos. La composición funcionaba como una doble condena: al culto a la personalidad soviético y a la continuidad autoritaria del régimen actual. En su cuenta de Facebook aún pueden apreciarse retratos del círculo de poder de Putin, con alusiones que abarcan desde la Segunda Guerra Mundial hasta la invasión a Ucrania.


Tres jornadas antes de ser asesinado, Skrepetsky presentó en Berlín su creación más reciente durante un evento de la oposición rusa por el Día de Rusia, el 12 de junio. El trabajo, bautizado como “Ultraortodoxo Hiperpatriótico”, representaba al camarada “Sralin” —una deformación burlesca del nombre de Stalin— alimentando mediante una sonda a un Putin de aspecto infantil. La obra estuvo expuesta para todos los asistentes a la recepción en la embajada rusa. Vasily Krestyaninov, un periodista ruso exiliado en Berlín que se encontró con él ese día, aventuró: “Quizá eso fue lo que le costó la vida”.


De acuerdo con información de la BBC, en ese mismo acto Skrepetsky llevaba una bandera rusa atada a sus pantalones y la arrastraba por el piso mientras cargaba la pintura. Ese gesto formaba parte de su estilo de protesta, que fusionaba la sátira visual con la provocación pública. Krestyaninov contó que esa mañana en Berlín llegó tarde a la cita y que ya temía que lo hubieran detenido en el camino.


Un crimen con tintes de ejecución y posible vínculo con la inteligencia rusa
El lunes por la mañana, dos presuntos sicarios viajaron desde Bielorrusia en un taxi, según confirmó un portavoz policial del voivodato de Lublin. A punta de pistola, obligaron al conductor a dirigirse hasta Biała Podlaska, donde habían localizado al artista. Lo esperaron a las puertas de su edificio. De acuerdo con el vocero de la Fiscalía de Distrito de Lublin, Marcin Kozak, el agresor le disparó dos veces. Tras caer al suelo, el atacante se acercó y le disparó tres veces más.
En la escena del crimen se recuperaron cinco vainas y una bala Geco 9mm Luger. Los paramédicos, alertados por transeúntes, no lograron salvarle la vida.


La Policía polaca maneja la hipótesis de una ejecución ordenada por la inteligencia rusa. Reportes no oficiales identificaron al tirador como ciudadano bielorruso debido a su acento. Dos ciudadanos de Bielorrusia, de 33 y 37 años, fueron detenidos cerca del consulado bielorruso en la ciudad, aunque su participación en el crimen aún está bajo investigación. Un tercer hombre arrestado en el mismo lugar resultó ser el taxista, quien sufría un ataque de pánico y buscaba protección diplomática. El canal de Telegram de Skrepetsky desapareció tras el asesinato.


Skrepetsky también había dirigido críticas a las autoridades ucranianas y aparecía en la base de datos Myrotvorets, que señala a personas acusadas de delitos contra la seguridad nacional de Ucrania. La amplitud de sus blancos —sin distinguir bandos— definió su postura disidente: participaba en protestas contra el Kremlin por toda Europa mientras cuestionaba a la propia oposición rusa.


El asesinato ocurre en un contexto de escalada de actividades de espionaje ruso en territorio polaco. El informe más reciente de la Agencia de Seguridad Interna (ABW) de Polonia, presentado en mayo, registró 69 investigaciones por espionaje vinculado a Rusia y Bielorrusia en 2024 y 2025, con 91 detenciones de personas sospechosas de trabajar para la “inteligencia enemiga”, una cifra que iguala el total acumulado en los 32 años anteriores. La expulsión de 61 diplomáticos rusos entre 2024 y 2025 habría obligado a Moscú a operar desde territorio bielorruso para ejecutar acciones concretas en suelo polaco.
Fuente: Infobae