Desesperación en Ibarra, Atuntaqui y Cotacachi por inundaciones y pérdidas agrícolas

Un fuerte aguacero sorprendió a Ibarra y Atuntaqui la tarde y noche de este jueves, 11 de junio. Varias calles y avenidas resultaron anegadas, convirtiéndose en aparentes ríos.

La altura del agua, que superó el medio metro, colapsó la movilidad vehicular. Varios automotores quedaron atascados; los conductores y ocupantes fueron presa del pánico ante algo que nunca había sucedido.

La acumulación y oleaje del agua estancada puso en riesgo los vehículos que circulaban por varias calzadas. Carros particulares y taxis atascados por el ingreso de líquido a los motores fueron empujados por bomberos y voluntarios hasta estacionarlos en sitios seguros, evitando así que interrumpan la circulación.

Mientras que desde varios sectores los moradores de las dos urbes pedían ayuda debido a que sus viviendas estaban anegadas.

El torrencial, que se entremezclaba con una tarde gris, también provocó estragos en los transeúntes que fueron atrapados por el agua anegada y represada en algunas zonas de Atuntaqui e Ibarra.

En ambas ciudades, las tapas de alcantarillas salieron disparadas de los sumideros y varios adoquines se desprendieron de las calzadas, contó Jaime Salas, quien caminaba por las calles de Ibarra.

Zonas más afectadas y respuesta de emergencia

En Antonio Ante, los niveles de lluvia superaron los normales. Varios sectores se inundaron tras el prolongado aguacero que afectó la infraestructura de la ciudad, producto de la fuerza y acumulación de la lluvia.

En Ibarra, uno de los lugares con mayor volumen de inundación fue el carril sur-norte de la vía E-35, en el ingreso a la ciudad. La acumulación de agua dificultó el tránsito en esta arteria de alto flujo vehicular, generando congestión y preocupación en los usuarios de esta vía.

El pasado miércoles se reunieron los responsables de riesgos de los Gobiernos seccionales de Imbabura, con la secretaria de Gestión de Riesgos, Carolina Lozano, conversatorio en el que se abordaron temas relacionados con el advenimiento del fenómeno del Niño. Foto: Cortesía

Los Cuerpos de Bomberos de ambos cantones se activaron inmediatamente, una vez reportadas las emergencias, atendiendo las diferentes emergencias. Las llamadas al ECU911 no pararon; ciudadanos desesperados pedían ayuda y la presencia de los efectivos de la Casaca Roja.

Daños materiales y evaluación de riesgos

Locales comerciales, restaurantes e instituciones públicas y privadas sintieron los estragos que dejó el inusual evento climático. Los fuertes ventarrones desprendieron cubiertas y derribaron árboles, advirtieron las autoridades de los organismos de socorro tras un primer reporte.

“La correntada de agua de lluvia venía arrastrando lodo, piedras, palos y basura”, comentó Jairo Cabascango, uno de los afectados, quien añadió que vio cómo los bomberos sacaron a personas de los autos atrapados en medio de las supuestas piscinas, que dificultaban la circulación o desactivaron el funcionamiento normal de los automotores.

Varias estructuras y paredes de viviendas estarían amenazadas y corren el riesgo de derrumbarse. Se desconoce el número de familias afectadas; sin embargo, la Secretaría de Riesgos evaluará este viernes, 12 de junio, la situación y dispondrá un plan de atención a los afectados, en coordinación con las municipalidades y el Ministerio de Desarrollo Humano, cuyos técnicos verifican los sitios afectados.

Pérdidas agrícolas en Cotacachi y afectación religiosa

En Cotacachi, en la comunidad de Peribuela, en cambio, los agricultores habrían perdido todo. Varias hectáreas de maíz y otros frutos fueron destruidos por el temporal y el granizo que cubrieron los cultivos.

Los agricultores del sector están desesperados. Esperan que el Gobierno los asista, porque parte de sus recursos, conseguidos a través de créditos, se los acaba de llevar la naturaleza, dijo Alonso Perugachi, quien perdió maíz que iba a presupuestar el sustento de su familia en este año.

La iglesia de Atuntaqui también sintió los efectos de la gran cantidad de agua de lluvia que ingresó al templo, obligando a los feligreses a realizar una improvisada minga para evacuar el líquido y poner a buen recaudo el mobiliario y varios elementos de este espacio religioso. (I)

Fuente: El Universo

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