El próximo 3 de julio de 2026, la Selección Colombia volverá a vivir una jornada crucial en la historia de los Mundiales. A las 8:30 p. m., hora local de Ecuador (UTC-5), el equipo dirigido por Néstor Lorenzo buscará su boleto a los octavos de final, una fase que no alcanza desde Rusia 2018, cuando cayó por penales ante Inglaterra.
El escenario será el estadio de Kansas, un recinto multiusos que habitualmente alberga encuentros de la National Football League (NFL). Aunque los cafeteros parten como favoritos, la selección africana ya tiene un plan para contrarrestar el juego asociativo de la Tricolor.
Desde la llegada del estratega portugués Carlos Queiroz, Ghana ha transformado su identidad en apenas cuatro partidos. Tras la destitución de Otto Addo a finales de marzo de 2026, el equipo pasó de la incertidumbre a ilusionarse con los octavos de final, apoyándose en una fórmula de repliegue defensivo, escasos remates y máxima efectividad.

El recorrido de Ghana en esta Copa del Mundo incluye un amistoso previo ante Gales y una fase de grupos donde perdió con Croacia, empató con Inglaterra y venció por la mínima diferencia a Panamá. Esa combinación le permitió clasificar como el mejor tercer lugar del grupo.
Las estadísticas reflejan un giro radical: en toda la primera ronda, las ‘Black Stars’ apenas realizaron 3 tiros a portería y completaron solo 843 pases. En contraste, Colombia sumó 20 remates al arco y 1.435 pases en sus tres presentaciones.
Ghana aseguró su pase a la siguiente fase con apenas dos goles en total. Esa cifra resume a la perfección la idea de Queiroz: un bloque bajo, una defensa hermética y ataques contados, priorizando la contención sobre la posesión del balón.
¿Qué es el ‘haramball’? La táctica defensiva de Ghana

La propuesta del conjunto africano ya se ha viralizado en redes sociales bajo el término ‘haramball’. Esta expresión se emplea para describir a los equipos que renuncian al ataque y estructuran su juego con un enfoque puramente defensivo.
La palabra combina ‘ball’, en referencia al balón, con ‘haram’, un término árabe que significa prohibido o ilícito. Aplicado al fútbol, hace alusión a una estrategia que no busca generar juego ni espectáculo, sino neutralizar al adversario, romper su ritmo y maximizar cada acción para obtener un empate o una victoria.
En el esquema de Queiroz, Ghana se planta con una línea de cinco defensas, cuatro mediocampistas y un único delantero, que suele ser Iñaki Williams. La prioridad es proteger su propia área y lanzar transiciones rápidas cuando surge un espacio.
La velocidad de Jordan Ayew y Antoine Semenyo se convierte en el recurso principal para el contragolpe. El resto del funcionamiento se basa en un bloque bajo, la cesión voluntaria del esférico, el juego físico en el mediocampo y el aprovechamiento de las jugadas de pelota parada.
Ese patrón explica por qué Ghana avanzó con un volumen ofensivo tan reducido. La clasificación no se cimentó en la creación de múltiples ocasiones, sino en sostener partidos cerrados y resolver con eficiencia las pocas llegadas que tuvieron.
Colombia, ante el reto de descifrar el cerrojo africano

El principal desafío para Colombia será desmontar una defensa que ya demostró su eficacia frente a rivales con mayor posesión. El desequilibrio de Luis Díaz, junto a la precisión de James Rodríguez o Juan Fernando Quintero, aparecen como las herramientas clave para vulnerar una estructura que entrega la pelota, pero reduce los espacios al mínimo.
El tipo de partido que se proyecta se asemeja a los que Colombia enfrentó ante Uzbekistán y RD Congo en sus dos primeros compromisos del Mundial. Frente a Ghana, el problema no será la lucha por la posesión, sino cómo transformar esa ventaja territorial en oportunidades claras de gol ante un equipo que ha hecho de la restricción su principal fortaleza.
Fuente: Infobae