La situación financiera y el futuro legal de Andrés Mountbatten-Windsor han escalado a un nivel de controversia sin precedentes dentro de la monarquía británica. Este jueves 19 de febrero se reportó su detención por oficiales de la policía de Thames Valley, un hecho que ha puesto nuevamente bajo la lupa el origen de los fondos económicos que le han permitido sostener un estilo de vida de lujo, incluso después de haber sido despojado de sus títulos reales.
El fin de su estancia en Royal Lodge
Tras años de ostracismo público derivado de su vínculo con el convicto Jeffrey Epstein, el antiguo duque de York ahora encara un proceso de expulsión de su hogar en Royal Lodge, ubicado en las inmediaciones del castillo de Windsor. Según reportes de la prensa británica, se le ha notificado formalmente que debe abandonar la propiedad y trasladarse a una finca privada en Sandringham, al este del país.
Históricamente, la opacidad de la familia Windsor y sus nexos con magnates del mundo han protegido la capacidad de gasto de Andrés, a pesar de no contar con ingresos transparentes. Sin embargo, este blindaje ha comenzado a resquebrajarse debido a la presión social tras las denuncias de Virginia Giuffre. Ella, una de las principales víctimas de la red de explotación de Epstein, acusó al hermano del rey de agresión sexual cuando aún era menor de edad, una indignación que creció tras la publicación de un libro póstumo sobre el caso.
Investigaciones sobre su patrimonio
La tensión política ha llegado al Parlamento británico, donde un comité ha exigido informes minuciosos sobre los contratos y bienes del exesposo de Sarah Ferguson. Los registros oficiales indican que la única entrada de dinero declarada por Andrés es su pensión de la Marina Real por sus servicios entre 1979 y 2001, la cual asciende a unos 23.000 euros anuales. Esta cifra resulta ínfima frente a los 21 millones de euros que desembolsó en 2014 para comprar el chalet Helora en Suiza.
Asimismo, los costos de mantenimiento de Royal Lodge son masivos. Esta mansión georgiana cuenta con 30 habitaciones y se extiende por 40 hectáreas en el Gran Parque de Windsor. Aunque el inmueble es propiedad de la Corona, Andrés obtuvo un arrendamiento a largo plazo en 2003 tras el deceso de la Reina Madre. En aquel momento, realizó un pago único de 1,2 millones de euros y se comprometió a inyectar 8,7 millones de euros en reformas, terminadas hacia 2005.
La rescisión del contrato
Bajo el acuerdo original, Andrés no pagaba una renta mensual, pero tenía la obligación de costear el mantenimiento del sitio. No obstante, el Palacio de Buckingham emitió un comunicado este jueves 30 de octubre indicando un cambio drástico en su estatus:
“Hasta la fecha, su contrato de arrendamiento en Royal Lodge le ha brindado protección legal para continuar residiendo allí. Ahora se le ha notificado formalmente la rescisión del contrato y deberá trasladarse a otra vivienda privada. Estas medidas se consideran necesarias, a pesar de que continúa negando las acusaciones en su contra”.
El deterioro de la mansión, que presenta moho negro y humedades, requeriría una inversión de 2,3 millones de euros para su reparación. A esto se suma que el Rey Carlos III decidió dejar de financiar su seguridad privada, un gasto que se estima en 3,5 millones de euros al año.

En el pasado, específicamente hasta 2010, Andrés gozaba de financiamiento público como miembro activo de la Corona. Sin embargo, en 2011, el primer ministro David Cameron modificó el sistema de financiamiento de la monarquía, eliminando los desgloses anuales de los pagos a individuos, lo que ocultó el rastro del dinero que recibía el duque. La última cifra transparente data de 2010, con una asignación de 290.000 euros anuales. Tras esto, fue la reina Isabel II quien le proveyó fondos de su fortuna personal.
El impacto de su retiro de la vida pública
La debacle definitiva de su imagen ocurrió tras la entrevista con la cadena BBC en 2019, donde falló en su intento de justificar su relación con Epstein. Una investigación de The Guardian publicada en 2023 reveló que, entre 1978 y 2010, Andrés recibió cerca de 15 millones de euros en fondos públicos por sus labores reales.

A pesar de su retiro, tanto su madre como Carlos III continuaron otorgándole ingresos de la fortuna familiar, calculados en más de un millón de euros anuales. No obstante, estos pagos habrían cesado recientemente bajo la estrategia denominada asedio del Royal Lodge. Desde Buckingham se ha precisado que, una vez fuera de la residencia y sin títulos, el monarca mantendrá un apoyo económico “apropiado” para su hermano basado en la riqueza privada de la familia.
Finalmente, persisten las dudas sobre su desempeño como representante comercial del Reino Unido desde 2001. Se sospecha que Andrés utilizó su influencia y sus constantes viajes internacionales para facilitar negocios privados con individuos de alto poder adquisitivo, lo que ha generado acusaciones de corrupción. A pesar de la gravedad de estas sospechas, la documentación que podría revelar la verdad sobre su capital sigue bloqueada por las autoridades gubernamentales.
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