Betty Amores, exconstituyente de Montecristi por el extinto movimiento Alianza PAIS, sostiene que es el peor momento para instalar una asamblea constituyente, porque aumentará la conflictividad, y que, de instalarse, defenderá los derechos y los mecanismos de exigibilidad.
Amores señala que no debe desaparecer el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), porque fue el resultado de un proceso social, y dejar en manos de la Asamblea Nacional la designación de las autoridades de control es altamente riesgoso, porque asegura que hay gente leal y vinculada a las mafias criminales. Tampoco es partidaria de una reelección indefinida y además cuenta su anécdota vivida con “Alvarito” (Álvaro Noboa), padre del actual presidente de la República, Daniel Noboa.
¿Cuál es su primera lectura respecto a la intención del Gobierno de instalar una asamblea constituyente?
Primero debemos hacernos la pregunta si una asamblea constituyente va a aportar en la solución de los dos problemas cruciales que enfrenta el país: el crecimiento de la inseguridad y de la criminalidad, y la profundización de la recesión económica y de la pobreza, y mi respuesta es no. Creo que va a contribuir a agudizar las diferencias que existen entre distintos segmentos de la sociedad y el presidente de la República.
¿Por qué no es una solución o una salida a la crisis que usted señala?
A mi juicio, el presidente no tiene claro para qué quiere una constituyente. De los 33 considerandos, uno casi me llamó a la risa porque dice que es una promesa de campaña. O sea, no se puede jugar con el país con un hecho histórico de tanta relevancia. Creo que buscó ahondar la lucha de poderes con la Corte Constitucional, pero no le salió bien el dardo.
A su criterio, ¿hay que fijarse en las consecuencias que podría traer una constituyente?
Así es. En este momento hay una conflictividad en el país por el tema diésel, el agua y los contratos con la compañía canadiense que pretende explotar oro en Quimsacocha. Esos dos conflictos han encendido el país y ya vamos varios días de paro. Imagínese una Constituyente en donde no va a haber dos temas, sino un universo de temas, cada uno más conflictivo que otro. Es el peor momento. O sea, es como poner más leña en el fuego.
¿Por qué una constituyente podría agudizar la recesión económica y la inseguridad?
El presidente Noboa dice que lo que quiere es modernizar el Estado, pero cómo quiere modernizar el Estado, regresando al pasado, porque quiere restituir la existencia de solo tres y no cinco poderes. Eso no contribuye a generar seguridad ni va contra las mafias delictivas; y además, si uno ve objetivamente, en este momento el presidente Noboa está controlando toda la estructura del Estado, como la Función Legislativa, la Función Judicial que está sometida a la voluntad del presidente y la Función Electoral, donde Diana Atamaint ayudó a encaminar la convocatoria.
Si no es una constituyente, ¿cuál es la salida entonces?
Por más promesa de campaña que sea, lo que más interesa es hacer un análisis real y un análisis multicausal de las razones de la crisis, por ejemplo, de seguridad; y lo primero que se debe saber es que la salida única no es la represión, tampoco es dar a los militares y policías facultades extraordinarias para que maten al que sea o al que no sea, como lo ocurrido en Imbabura.
¿Con la constituyente estaría en riesgo que la Corte Constitucional siga siendo el guardián de la Carta Política?
Por supuesto, porque se va a eliminar toda la Corte Constitucional y todas las leyes que amparaban las acciones de la Corte. Esto es volver al pasado.
¿Y el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social debe desaparecer?
Creo que debería haber un distinto modo de seleccionar a sus integrantes.
¿Pero no desaparecer?
No, porque fue el resultado de un proceso. Hay veces que en la sociedad civil hay gente que lo único que quiere es servir a su país y que no tiene compromisos partidarios con nadie. La clave está en la forma de selección.
¿Pero eso no ha funcionado?
Sin duda, no ha funcionado porque es un botín político de los partidos. Entonces, lo que debería es evitarse toda intervención de partidos políticos.
¿Y por qué no mejor que la designación de las autoridades de control regrese a la Asamblea Nacional?
Porque la Asamblea es lo que es, primero se debe depurar al Poder Legislativo, que está implicado por los intereses de las mafias criminales. Eso ya es un hecho. Nadie me puede decir a mí que no hay ciertos asambleístas que durante la campaña recibieron unos fondos que les crea una lealtad y vinculación bien peligrosa con mafias. Entonces, el Parlamento tiene que depurarse, y además la calidad de la gente y esa es una responsabilidad de los partidos, pues si reclutan a gente sin principios, sin preparación para un cargo tan importante o que están vinculados a mafias de criminales, el partido tiene que sufrir las consecuencias de sus malas decisiones.
¿Es posible en la constituyente insistir en la reelección indefinida?
Yo no sé qué tiene Carondelet, porque ocurre que a todos los que llegan allá les produce unos cambios terribles de personalidad o será que no tenían mismo una personalidad sana y se quieren quedar ad infinitum. Más vale que no haya reelección indefinida porque el poder les causa daño a personalidades que no están listas para ejercer tan alta función del Estado.
¿Hay que desaparecer el Consejo de la Judicatura?
Es correcta la estructura del Consejo de la Judicatura, pero lo que hay que crear es un servicio de inteligencia dentro, no hay de otra.
¿Para qué un servicio de inteligencia?
Un servicio de inteligencia que esté al mando del Consejo de la Judicatura y que pueda filtrar, porque está clarísima la injerencia del crimen organizado en los operadores de justicia.
¿Qué es lo que defendería a capa y espada de la Constitución?
Los derechos, pero también el segmento de lo que se llama mecanismos de exigibilidad, porque no es suficiente que un derecho esté consagrado, pero si no tiene unas vías para poder transitar no existe ese derecho. Justamente esa es la diferencia con la Constitución del 98. En la Constitución vigente no solo están consagrados los derechos, sino también los mecanismos para ejecutarse esos derechos, y esa es la parte que voy a defender a capa y espada.
¿Qué corregiría de la actual Constitución?
El tema del Consejo de Participación Ciudadana, ahí hay que hacer una reflexión a profundidad de por qué el Consejo de Participación no es lo que debía ser. El otro tema es que pasamos de un sistema inquisitivo penal a un sistema acusatorio donde las víctimas no tienen ningún rol importante en el proceso penal.
¿Y usted va a defender el tema de la Corte Constitucional como organismo de última instancia?
Por supuesto. Con todos los problemas que tiene la ley orgánica, que ha sufrido tantas reformas legales y luego, Alexis Mera metió mano al final respecto de la conformación de la Corte Constitucional, y fue una mano que a mi juicio no le hizo bien a la Corte. Hay que defender esa estructura orgánica fundamental del Estado.
¿Deberían se fiscalizados o enjuiciados políticamente?
No corresponde, porque es tribunal de última instancia. Porque además se supone que su rol no es un rol político. En el Parlamento funciona el incumplimiento de las funciones desde una perspectiva política y eso no es la Corte.
Anécdotas

¿Qué anécdota recuerda en su calidad de constituyente?
A veces teníamos unas broncas tenaces con Rafael (Correa). Por ejemplo, cuando teníamos que decidir cuáles eran los idiomas reconocidos como nacionales, Rafael no quería que entrara el quichua, pero ahí estaban las organizaciones pugnando por ser reconocidas históricamente. Otra cosa, en la Corte Constitucional Rafael no quería que fuera el tribunal de última instancia en el orden interno. Me acuerdo que nos llamó a la Presidencia de la República a los asambleístas. Rafael a una distancia de unos ocho metros y yo acá; estaba tratando de convencernos de que la Corte Constitucional no sea tribunal de última instancia, porque sus amigos malos que ya tuvo después, como Alexis Mera, le soplaban en la oreja. Entonces me empieza a gritar desde allá y tuvimos una confrontación, así que no crean que la Asamblea Constituyente no hizo nada y que fue Rafael el que escribió.
¿Qué recuerda cuando se acabó la Constituyente?
Ya se acabó la Asamblea Constituyente y todos los chupamedias, yo digo, que son bien detestables, iban con la Constitución que nos habían regalado y ponían autógrafos y firmas, y voy donde Rafael y le digo que me firme la mía, y no me quiso firmar, ya me odiaba, ahora ya no mucho.
Usted compartió la Constituyente con la madre y el padre del actual presidente de la República, ¿qué recuerda?
Compartí con el padre de Daniel Noboa. Alvarito y su esposa estuvieron en la Constituyente y Álvaro estuvo en mi Comisión de Estructura del Estado, dos meses, porque después ya le estaban empezando a perseguir por el tema impuestos y renunció.
¿Cómo trabajaba Noboa?
Yo venía del mundo de las organizaciones sociales; entonces, tenía una manera de enfocar los problemas y para armar el capítulo sobre estructura del Estado planteo que hagamos un autodiagnóstico de cuáles eran los principales problemas de la estructura del Estado. Estuve dirigiendo ese debate y Alvarito se me queda mirando así, y me dice: “Oiga, mijita, ¿y usted en qué universidad estudió? Porque yo he estudiado en universidades europeas y yo no sé tanto como usted sabe». Entonces, después hizo campaña para reclutarme y me mandaba perfumes caros, me invitaba a que me vaya en avión a no sé dónde. Y yo: gracias, pero no, señor. Nada que ver.
¿Y qué hicieron en dos meses?
En dos meses armamos el índice de la del articulado de estructura al Estado. Y me da chiste, porque cuando la Constitución salió y el que gobernaba era Rafael Correa, señalaban que esa Constitución es lo peor, es presidencialista, y hubo toda una campaña. Y puedo dar fe cierta de que no se aumentó una sola atribución de la que estaba en la de 1998. Más bien se creó algo que no le gusta ahora al presidente Noboa, la posibilidad de los contrapoderes, de que el Ejecutivo pueda cerrar el Parlamento, pero que a la vez el Ejecutivo se va de la Presidencia.
¿En definitiva, a su criterio, hay que defender la actual Constitución?
Sin lugar a dudas. Si hay que hacer correcciones se debe dejar bien establecido, pero por la vía del diálogo, y podemos ir a una reforma y no a una constituyente. El presidente Noboa no tiene necesidad de poner más leña al fuego, debe articular mejor mesas de diálogo. (I)
Fuente: El Universo