La selección de Noruega, comandada por Erling Haaland, debutó en el Mundial 2026 con una contundente goleada sobre Irak, la última de las 48 selecciones clasificadas. El equipo nórdico, que no pisaba una cita mundialista desde hace 28 años, mostró su poderío ofensivo con cuatro goles. Sin embargo, los iraquíes lograron maquillar el marcador con un tanto solitario que despertó la curiosidad del público por la historia que esconde su autor.
Aymen Hussein fue el encargado de anotar el gol del honor para su país. El delantero logró igualar momentáneamente el partido, aunque la alegría duró apenas cuatro minutos: el tiempo que tardó Haaland en volver a marcar antes del final del primer tiempo. Después, los vikingos sumaron dos tantos más para sellar su primera victoria en el torneo. Pero mientras la noche fue para Noruega, la historia quedó en manos de Hussein, un futbolista cuya vida ha estado marcada por la adversidad.
El atacante de la selección iraquí creció en un distrito controlado por el ISIS, que entre 2014 y 2017 fue blanco de bombardeos de la Coalición Internacional contra el Estado Islámico, liderada por Estados Unidos en Irak y Siria. Los ataques a infraestructuras petroleras y las explosiones de coches bomba perpetradas por simpatizantes de Saddam Hussein formaron parte de su realidad cotidiana.

La violencia también golpeó a su familia. Su padre, oficial del ejército iraquí, fue asesinado por Al Qaeda durante un ataque en Bagdad en 2008. Recibió un disparo en el pecho y llegó sin vida al hospital. A pesar de las constantes amenazas, confiaba en que podía mantenerse a salvo.
El drama de su hermano
El clima de inseguridad no cesó. Según la biografía de Hussein en Wikipedia, su hermano, que trabajaba como policía local, fue secuestrado en su propia vivienda y “aún se desconoce su paradero”. Poco después del secuestro, la casa familiar fue bombardeada y destruida. Hussein declaró a AP:
“Nadie sabe realmente la historia de lo que le pasó exactamente. No es la primera historia de mi familia y, probablemente, no será la última”.
En 2014, la familia de Aymen Hussein —quien anotó el gol que dio a Irak el pase a los Juegos Olímpicos de Río en 2016— tuvo que abandonar su hogar y trasladarse a Kirkuk, donde vivieron como refugiados. A pesar del desplazamiento, el futbolista siguió adelante con su carrera. “Si dejo el fútbol, no cambiaría nada. No recuperaría ninguna de las cosas que he perdido. Es más, doy gracias a Dios por mi situación. En mi casa tengo paredes. Muchos de los iraquíes desplazados viven en tiendas de campaña”, declaró.
Con 34 goles en 96 partidos internacionales, Aymen Hussein continúa representando a Irak sobre el terreno de juego. El delantero intentará seguir sumando ante selecciones como Francia y Senegal, aunque su trayectoria ha estado marcada por la adversidad y la pérdida.
Fuente: Infobae