Alireza Beiranvand: de la calle a figura clave de Irán en el Mundial 2026

Desde pequeño, Alireza Beiranvand perfeccionó su puntería lanzando piedras en los campos de la provincia de Luristán, mientras pastoreaba el rebaño familiar. Esa práctica, conocida como Dal Paran, se convertiría en la base de su habilidad más distintiva: un saque de manos que supera los 61 metros con una exactitud asombrosa. El domingo pasado, en el SoFi Stadium de Los Ángeles, volvió a ser determinante al contener a Bélgica y conseguir un empate sin goles en el Mundial 2026, dejando a Irán con opciones de avanzar en la última jornada contra Egipto.

Nacido el 25 de septiembre de 1992 en Sarab-e Yas, en el seno de una familia nómada de la etnia luri, Beiranvand fue el hijo mayor y debía trabajar junto a su padre y hermanos como pastor. En sus tiempos libres, practicaba el Dal Paran, un juego tradicional de lanzamiento de piedras que, sin saberlo, forjaría su principal virtud deportiva.

El fútbol apareció más tarde, y en un inicio lo hizo desde una posición equivocada. Beiranvand empezó como delantero en un club local después de que su familia se estableciera en la capital de Luristán, abandonando la vida nómada.

El destino lo llevó a la portería casi por casualidad: un compañero se lesionó durante un partido y él tuvo que ocupar su lugar bajo los tres palos. Desde entonces, nunca más se movió de esa posición.

El inicio de su trayectoria futbolística

Irán empató sin goles ante Bélgica en el SoFi Stadium, con Beiranvand como figura, y quedó con vida para la última fecha del Grupo G frente a Egipto (REUTERS/Lisi Niesner)
Irán empató sin goles ante Bélgica en el SoFi Stadium, con Beiranvand como figura, y quedó con vida para la última fecha del Grupo G frente a EgiptoFuente: REUTERS/Lisi Niesner

El camino estuvo lleno de obstáculos. Su padre, Morteza Beiranvand, tenía otras expectativas y consideraba el fútbol una pérdida de tiempo. Incluso llegó a esconderle los guantes y las botas para que se dedicara a otra cosa.

“Me vi obligado a jugar un tiempo con mis propias manos”, recordó Beiranvand, según La Gazzetta dello Sport.

La situación con su familia lo llevó a una decisión radical: pidió prestado dinero a un amigo y tomó un autobús rumbo a Teherán para perseguir su sueño futbolístico cuando aún era adolescente.

En la capital iraní, la realidad fue dura. Sin dinero ni contactos, Beiranvand pasó sus primeras noches durmiendo al aire libre en la explanada alrededor del arco Azadi, junto a otras personas que emigraban a la ciudad en busca de mejores oportunidades.

De acuerdo con su testimonio a la agencia EFE:

“hace años no tenía ni un lugar donde dormir, estaba lejos de mi familia y eso fue el mayor de los obstáculos”.

Un día se presentó en las instalaciones de una escuela de fútbol local y pasó la noche en la puerta. Al despertar, la gente le había dejado monedas, lo que le alcanzó para desayunar.

Los empleos que tuvo antes de la fama

Beiranvand ostenta el récord Guinness al saque de manos más largo del fútbol, con 61,026 metros, habilidad que desarrolló de niño lanzando piedras en Luristán (Reuters/Jessie Alcheh)
Beiranvand ostenta el récord Guinness al saque de manos más largo del fútbol, con 61,026 metros, habilidad que desarrolló de niño lanzando piedras en LuristánFuente: Reuters/Jessie Alcheh

Para subsistir, realizó diversos oficios que combinó con sus primeros pasos en el fútbol. Trabajó en un taller de costura, como barrendero municipal y en un lavadero de autos, donde su estatura —casi dos metros— le permitía limpiar los vehículos a gran velocidad.

En ese lavadero, un día pasó Ali Daei, el futbolista iraní más famoso de todos los tiempos, quien jugó en el Bayern de Múnich y ganó la Bundesliga en 1999. Beiranvand quiso hablarle, pero se avergonzó de su situación y lo dejó pasar.

También laboró de noche en una pizzería que le ofrecía un cuarto para dormir, hasta que su entrenador del Naft-e-Tehran apareció como cliente y el dueño del local lo obligó a atenderlo. Tuvo que abandonar ese empleo.

El Naft-e-Tehran, club de la primera división iraní, fue quien finalmente le dio una oportunidad real. Tras varios contratiempos —incluyendo una lesión que lo apartó temporalmente y un período sin contrato—, el equipo lo reintegró. A partir de ahí, la selección sub-21 de Irán lo convocó y en apenas una temporada se ganó la titularidad en el primer equipo. Con 22 años ya era el arquero titular de la selección absoluta de Irán.

Su consagración en el Mundial

El día que Beriranvand le atajó un penal a Ronaldo. Aquel partido terminó 1-1 (REUTERS/Ricardo Moraes)
El día que Beriranvand le atajó un penal a Ronaldo. Aquel partido terminó 1-1Fuente: REUTERS/Ricardo Moraes

El instante que lo grabó en la memoria del fútbol mundial ocurrió en el Mundial de Rusia 2018. En la última jornada del Grupo A, contra Portugal, Beiranvand detuvo un penal a Cristiano Ronaldo, quien hasta ese momento no había fallado ninguno en una Copa del Mundo. El encuentro terminó 1-1 e Irán quedó eliminada, pero el portero se convirtió en héroe nacional de la noche a la mañana.

Ocho años más tarde, en Los Ángeles, esa misma serenidad volvió a manifestarse. Bélgica llegó al partido con 15 remates —cinco al arco— y con Kevin De Bruyne como motor ofensivo, pero no logró marcar. En el minuto 5, Beiranvand recibió un golpe de Romelu Lukaku que requirió asistencia médica, pero continuó jugando.

A los 24 minutos, Irán marcó un gol, pero el VAR lo anuló por fuera de juego tres minutos más tarde. En el segundo tiempo, la expulsión de Nathan Ngoy en el minuto 66 dejó a Bélgica con diez jugadores durante los últimos 24 minutos, y el marcador no se movió. El empate 0-0 dejó a Bélgica con un solo punto en dos fechas del Grupo G.

Su desempeño constante durante una década lo hizo merecedor de ser el primer futbolista iraní nominado a los premios The Best de la FIFA en la categoría de mejor arquero. Además, el récord Guinness del saque de manos más largo en la historia del fútbol —61,026 metros, registrado en un partido de eliminatorias contra Corea del Sur— tiene su origen en las tardes de infancia en los campos de Luristán, cuando las piedras del Dal Paran volaban lo más lejos posible.

Fuente: Infobae

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