El presidente Donald Trump ha mantenido presente en el discurso de campaña un asunto que, según las encuestas, le resta apoyos justo cuando los ciudadanos acuden a las urnas. La pregunta es ¿por qué insiste en algo tan impopular?
El conflicto con Irán genera un fuerte rechazo entre la población estadounidense. Sondeos recientes revelan que hasta dos tercios de los electores desaprueban la manera en que el mandatario ha manejado esta crisis de ocho meses de duración, que ha provocado un alza en los precios y ha agotado las reservas de municiones del país.
A pesar de ese clima, en los últimos días de la contienda electoral, Trump no dejó de referirse al tema.
“Todavía tenemos que encargarnos, yo diría, de uno o dos sitios, pero podemos hacerlo en 10 minutos”, declaró a la prensa el sábado.
“La única razón por la que no hemos terminado con Irán es porque quiero ser amable, quiero intentar salvar todas esas vidas si puedo”, afirmó durante un mitin el domingo.
“Tuvimos una guerra con Irán. Ganamos”, agregó el lunes. Horas después, funcionarios confirmaron que fuerzas militares de Estados Unidos atacaron la isla de Qeshm en Irán, calificando la acción como una medida defensiva sin expectativas de escalada.
Estas son las tres razones que esgrimen los analistas para explicar por qué Trump no suelta el tema iraní.
Para empujar a Irán hacia un acuerdo
Trump, quien presume de su habilidad para cerrar tratos, quizá busca retomar las conversaciones con Teherán. Arta Moeini, director general del Instituto de Paz y Diplomacia —una entidad no partidista que aboga por la moderación militar—, señaló: “Al amenazar con ataques, quiere enviarles un mensaje a los iraníes: ‘Vengan a la mesa ahora o aténganse a las consecuencias’”.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán manifestó el lunes su disposición a reabrir el estrecho de Ormuz en dos días, a cambio de que Estados Unidos cumpliera varias condiciones, entre ellas el levantamiento de las sanciones económicas y la liberación de miles de millones de dólares en activos iraníes congelados.
Es improbable que el gobierno de Trump acepte esos términos. Por ahora, según Moeini, el presidente “va a usar la promesa de la diplomacia de nuevo, como lo ha hecho antes. Puede anunciar eso, y tal vez obtener mejores resultados para la elección, pero aun así decir después: ‘No hicieron lo que prometieron hacer, y por lo tanto podemos atacar’”.
La retórica de ‘tipo duro’ ha funcionado antes
El discurso amenazante forma parte de la marca personal de Trump y le ha ayudado a consolidar una base de seguidores leales. Andrew Payne, director de investigación en Chatham House, con sede en Londres, explicó: “Hay una vertiente muy real en la opinión pública estadounidense, la tradición jacksoniana, a la que le gusta un líder que proyecte dureza y que esté preparado para golpear a los malos”. No obstante, Payne calificó esta estrategia hacia Irán como “equivocada”. Añadió: “Has visto las encuestas”.
Considera a Irán como un tema de legado
Las encuestas tendrán menos peso para Trump de aquí en adelante. Independientemente del resultado de las elecciones del martes, el mandatario ingresará a sus últimos dos años en el cargo, un período en el que los presidentes suelen asumir riesgos políticos para afianzar su legado. “Ha apostado su legado en la política exterior, hasta cierto punto, a Irán”, afirmó Payne. “Para él es más importante intentar conseguir una resolución favorable a eso a largo plazo que preocuparse por el impacto a corto plazo en las urnas”.
El gobierno de Trump ya está movilizando tres portaaviones, miles de infantes de marina, aviones de combate y fuerzas de Operaciones Especiales hacia la región del golfo Pérsico, listos para atacar en cuestión de días. Moeini concluyó: “Sí creo que va a escalar la situación sin importar lo que pase. No creo que sean palabras vacías”.
Fuente: Infobae