Lula da Silvia y Daniel Noboa: comercio y seguridad, los temas por fortalecer de la relación entre Ecuador y Brasil

La continuidad de Luiz Inácio Lula da Silva en la presidencia de Brasil abre una nueva etapa para la relación con el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa. Aunque ambos mandatarios representan corrientes políticas distintas, han mantenido una relación cordial y han expresado su interés en fortalecer la cooperación bilateral. Ahora, el desafío será convertir ese acercamiento en resultados concretos para Ecuador, especialmente en comercio y seguridad.

Noboa ha expresado anteriormente su admiración por Lula da Silva y lo ha señalado como uno de los mandatarios latinoamericanos con los que mantiene afinidad. Tras la victoria electoral del brasileño, el presidente ecuatoriano fue uno de los primeros líderes de la región en felicitarlo. En su mensaje, destacó los desafíos compartidos y las oportunidades de trabajar juntos.

Para la analista política y geopolítica Stephanie Macías, parte de esa relación se explica por la capacidad de ambos presidentes para separar las diferencias ideológicas de los intereses económicos.

Macías considera que Lula no responde necesariamente al perfil de un político tradicional de izquierda, sino que ha construido una posición pragmática, que también se refleja en su relación con sectores de otras tendencias políticas.

“Él es un candidato pragmático y Daniel Noboa, en ese caso, es un empresario que sabe negociar y mantener el pragmatismo”, sostiene Macías.

Santiago Pérez, analista internacional y docente de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), coincide en que el pragmatismo debe prevalecer sobre las diferencias políticas. A su juicio, Ecuador necesita reconocer a Brasil como un socio estratégico y evitar que sus relaciones con Estados Unidos se conviertan en un límite para ampliar la cooperación con otros países.

“Creo que aquí tendría que predominar el pragmatismo sobre la ideología, el interés nacional sobre los intereses político ideológicos”, afirma Pérez.

Esa lógica tuvo una expresión concreta en agosto de 2025, cuando Noboa visitó Brasilia y se reunió con Lula. Fue la primera visita oficial de un presidente ecuatoriano a Brasil en más de 18 años. Los mandatarios acordaron trabajar en una agenda que incluyó comercio, inversiones, conectividad, energía y seguridad, además de fortalecer la cooperación aduanera y tributaria y avanzar en la modernización del Acuerdo de Complementación Económica n.º 59.

Sin embargo, el acercamiento diplomático no ha resuelto todos los obstáculos comerciales. Para ambos analistas, ese es uno de los principales indicadores con los que se podrá medir el alcance de la relación bilateral.

El comercio, la prueba de los acuerdos políticos

El acceso de productos ecuatorianos al mercado brasileño sigue entre los asuntos pendientes. Las restricciones al camarón y al banano han limitado las oportunidades para los exportadores ecuatorianos, pese a que ambos gobiernos expresaron en 2025 su disposición a avanzar hacia un intercambio comercial más equilibrado.

Macías considera que Ecuador debe priorizar una negociación técnica, con requisitos sanitarios definidos y fechas verificables para la habilitación de productos. El objetivo, explica, no es solamente conseguir una apertura, sino consolidar la participación ecuatoriana en un mercado de gran tamaño.

“Creo que las prioridades deberían ser camarón y banano, tener cronogramas, requisitos sanitarios y fechas verificables para habilitación comercial”, señala.

La analista también identifica oportunidades potenciales para el atún, las flores y el cacao, aunque advierte que es necesario contar con información actualizada sobre importaciones, competidores y demanda.

En el caso del cacao, Brasil suspendió en febrero de 2026 las importaciones de almendras procedentes de Costa de Marfil por motivos fitosanitarios.

Para Macías, esa situación podría abrir una posibilidad para Ecuador, pero todavía es necesario confirmar las condiciones sanitarias de ingreso, los precios y la capacidad de abastecimiento.

Pérez también pone el foco en el desequilibrio comercial. Según su estimación, Ecuador registró en 2025 un déficit no petrolero cercano a $ 927 millones frente a Brasil.

Para el docente, ese resultado muestra la necesidad de que los compromisos políticos se traduzcan en oportunidades concretas para los productos ecuatorianos.

“Si en 2027 no se concreta el ingreso efectivo de camarón y banano, el discurso de relacionamiento se desgastará y sobre todo crecerá la presión del sector privado por medidas de reciprocidad”, advierte Pérez.

Ambos coinciden en que el tamaño del mercado brasileño no garantiza por sí solo oportunidades de exportación. La negociación requiere identificar qué productos puede comprar Brasil, bajo qué condiciones y qué compromisos pueden asumir los dos Gobiernos. La agenda bilateral contempla avanzar en la eliminación de barreras comerciales y en el análisis de medidas que afectan el intercambio.

Seguridad: cooperación más allá de las afinidades

El otro eje de la relación es la lucha contra el crimen organizado transnacional. En los compromisos bilaterales de 2025, Ecuador y Brasil plantearon reforzar la cooperación policial, el intercambio de inteligencia e información, la capacitación de sus fuerzas de seguridad y la coordinación frente al narcotráfico, el tráfico ilícito de armas, el lavado de activos y los delitos ambientales. También se propuso avanzar en la instalación de agregadurías policiales en Quito y Brasilia.

Para Pérez, Brasil puede desempeñar un papel estratégico por su experiencia en inteligencia policial, cooperación regional y combate a las estructuras financieras del narcotráfico. El analista destaca, además, la posibilidad de coordinar acciones con otros países amazónicos frente a amenazas que atraviesan las fronteras.

Entre los mecanismos que menciona está el Centro de Cooperación Policial Internacional de la Amazonía, con sede en Manaos, que puede facilitar la coordinación frente a redes criminales transfronterizas. A su juicio, la cooperación con Brasil permitiría a Ecuador ampliar sus herramientas de seguridad sin limitar su agenda a un solo socio internacional.

Macías coincide en que el crimen organizado constituye un problema compartido por los países de la región. Para ella, el reto consiste en establecer un marco de trabajo que defina las prioridades de cada país y permita concretar acuerdos.

Pérez añade que la relación con Brasil no debería plantearse como una alternativa excluyente a la cooperación ecuatoriana con Estados Unidos. Aunque Brasil no participa en la iniciativa Escudo de las Américas impulsada por Washington, el analista considera que ambos países pueden cooperar en ámbitos técnicos y bilaterales, especialmente en inteligencia, seguridad amazónica y combate a las rutas del narcotráfico.

Esta posibilidad también exige que los acercamientos políticos se conviertan en mecanismos de trabajo sostenidos.

Los dos analistas advierten, desde perspectivas complementarias, que las reuniones presidenciales no bastan para resolver los problemas comerciales ni para enfrentar las redes criminales. (I)

Fuente: El Universo

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