Alegrías kirchneristas: la sombra de Perón y la traición de Cámpora

Las congratulaciones del kirchnerismo y de sectores autopercibidos como peronistas al reelecto presidente Lula han reavivado una vieja advertencia del General Juan Domingo Perón sobre los peligros de la infiltración en su movimiento. Tanto jóvenes como veteranos que se identifican con el kirchneroperonismo parecen ignorar las últimas batallas del líder histórico. Atado de manos por Lanusse, Perón regresó al poder como pudo, impulsando a un peronista que finalmente lo traicionó: el doctor Cámpora, quien habilitó a los Montoneros —guerrilleros de izquierda— cediéndoles espacios de poder y proyección pública. ¡Una tragedia!

Desplazado por el General y ya en el exilio, Cámpora llegó a afirmar impúdicamente en su libro escrito en México:

“Yo conservaba siempre la intención de culminar el mandato recibido; así me lo requerían las aspiraciones del pueblo argentino” (Cámpora. Cómo cumplí el mandato de Perón).

¿El mandato recibido? ¡Hay que ser un sinvergüenza para alzarse con el mandato que el pueblo otorgó a Perón y pretender hacerlo suyo!

No por casualidad el presidente Néstor Kirchner, quien ya se había desviado de las huellas peronistas, habilitó la creación de una agrupación juvenil con el nombre de un traidor. Hay que decirlo con todas las letras: Cámpora traicionó a Perón y se negó a dimitir cuando la CGT se lo exigió; solo renunció cuando el vicepresidente Vicente Solano Lima comprendió que con Perón en la Argentina no le correspondía estar en el poder. Los nueve meses de la tercera presidencia, Perón los agotó en su lucha contra los infiltrados. Años después, aquellos infiltrados volvieron por sus fueros. Se apoderaron del peronismo y la complicada historia de este partido se acabó. Murió en la izquierda, la izquierda posible luego de la caída del comunismo: una izquierda que trajo al país el wokismo y luchas absurdas de un Occidente envejecido y gaga. Tan convincentes fueron al imponer estas falacias que los liberales sin historia las compraron para discutirlas en las nubes de Úbeda. Jauretche ya era historia.

El triunfo de Lula

Es algo que le corresponde padecer o disfrutar a los brasileños. Es también el juego de la democracia. Ellos lo eligieron y el hombre gobernará con su habitual pericia, negociando con el centro y seguramente con la derecha que manda en las Cámaras y en los más ricos Estados, excepto Minas Gerais.

Para adentro, “capitalismo con rostro humano”, algunos dicen, puede ser. La figura de un trabajador que se realizó desde abajo construyendo un partido y una historia de vida extraordinaria al margen del Estado es imbatible, especialmente cuando el candidato vencido lo llamó “nueve dedos”. ¡Un horror! Exponiendo un enorme desprecio social más que una agresión personal. ¡Pero eso es Brasil!

La política exterior de Lula tiene dos caras: impulsa el libre comercio en su voraz búsqueda del mercado internacional y no duda en atraer inversiones extranjeras a su país, al parecer con notable éxito. Para que la izquierda se quede tranquila y no se impaciente, apoya a Cuba, a Palestina, a Irán y hasta las vísperas a Venezuela. En ese nicho se refugia la progresía y al parecer le alcanza. Veremos qué hace con China. El Foro de San Pablo fue una creación de Lula con Fidel Castro, una internacional progresista muy internacionalizada.

Mientras tanto Milei

No soy un experto en relaciones exteriores, pero mi memoria no alcanza a recordar un momento de mayor aislamiento que el actual. Mal con Chile, que negocia acuerdos con Inglaterra. Mal con Brasil. De modo que el viejo ABC de Figueroa Alcorta, Ramón Cárcano, Federico Pinedo y Perón está imposibilitado por razones ideológicas. Mal con España, a quien agrede sin necesidad. Mal con México. Mal con Putin, aliándose con Zelensky, quien fue inducido a la guerra por los demócratas norteamericanos, enemigos de Milei, que apoyaron el golpe de Estado de Maidán junto a Francia y Alemania en 2014, mientras los republicanos, sus amigos, especialmente Trump, entonan más con el ruso que con el ucraniano, a quien maltrató por concurrir mal vestido a Washington.

En el limbo las relaciones con China. Uruguay continúa abasteciendo a las Malvinas. Al tomar medidas contra empresas que concurren a explotar la riqueza petrolera del Atlántico Sur, entra en conflicto con Estados Unidos. ¿En qué berenjenal estamos metidos? Porque acá no se entiende nada.

Milei en Brasil ha sufrido una derrota en la Argentina. Su torpeza no tiene límites. Veremos cómo le va a Trump en noviembre. La economía no remonta y ha dicho que morirá con las botas puestas. Como propuesta, no es atractiva. El asunto central es contra quién va a perder Milei en el 2027. Veremos.

Fuente: Infobae

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