Guerra asimétrica: Arabia Saudita frente a los hutíes en Yemen

El poderío militar de Arabia Saudita

El enfrentamiento entre Arabia Saudita y los insurgentes hutíes ha cobrado fuerza propia dentro del conflicto más amplio de Medio Oriente. Arabia Saudita, una de las principales potencias regionales, lidera a las monarquías del Golfo Pérsico. Según el Global Firepower Index, ocupa el puesto 25 en poder militar y su gasto anual en Defensa asciende a 46.000 millones de dólares, lo que la sitúa como el octavo país del mundo en inversión bélica, entre Francia y Japón.

En términos de población, Riad se ubica en el puesto 43 con 37 millones de habitantes, mientras que su Producto Bruto Interno la coloca en el lugar 19 a escala global. El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), centro independiente que analiza la relación entre economía y defensa, la señala como el cuarto mayor importador de armamento del mundo. Sin duda, se trata de una potencia regional en Oriente Medio, históricamente aliada militar de Estados Unidos y con una relación de coexistencia con Israel —país con el que firmó los Acuerdos de Abraham impulsados por Donald Trump durante su primer mandato para avanzar hacia la paz—, sin abandonar la causa palestina.

La situación de Yemen y la guerra asimétrica

En contraste, Yemen ocupa el puesto 98 del Firepower Index en capacidad militar. Su población es de 36 millones (puesto 44) y su PBI alcanza el lugar 120 mundial. Este país destina apenas 1.000 millones de dólares a gasto militar, es decir, 46 veces menos que Arabia Saudita.

Es importante recordar que Yemen vive una guerra civil, por lo que resulta difícil precisar qué porción de ese gasto y poderío corresponde a cada bando. Los hutíes, que responden a Irán, tomaron la capital, Saná, hace varios años. El gobierno reconocido internacionalmente no controla la ciudad, pero cuenta con respaldo militar de Arabia Saudita y sus aliados.

Por su parte, los hutíes —respaldados por Irán— han logrado mantener firmes sus posiciones y controlar el estratégico estrecho de Bab el-Mandeb, sumando este paso al de Ormuz en su plan de interrumpir el tráfico de petróleo hacia Occidente.

Se configura así un claro ejemplo de “guerra asimétrica”: un enorme poder militar que no logra vencer a otro mucho más débil. Casos similares son Rusia frente a Ucrania o Estados Unidos frente a Irán.

Los drones hutíes y la escalada del conflicto

Los insurgentes yemeníes también están en guerra con Israel. Los drones suministrados por Irán son su arma más relevante y efectiva. Han causado daños menores en instalaciones y aeropuertos israelíes, pero en Arabia Saudita los ataques recientes han sido mucho más graves: el principal aeropuerto de Riad, la capital saudí, fue atacado con drones, dejando decenas de muertos y centenares de heridos. Esto representa una escalada significativa en el conflicto que los rebeldes hutíes mantienen desde hace más de cinco años. La guerra entre saudíes y rebeldes yemeníes es una versión militar de la pugna entre el islamismo sunita (al que pertenece Arabia Saudita) y el chiíta (liderado por Irán).

Arabia Saudita ha combatido militarmente en territorio yemení contra los hutíes, pero sin lograr derrotarlos. La capacidad antiaérea saudí es insuficiente e ineficaz, a pesar de la enorme superioridad de su gasto militar. Los hutíes también han atacado las plantas de Aramco, la petrolera estatal saudí. Cabe señalar que Arabia Saudita es el primer exportador mundial de crudo, superando a Rusia, Estados Unidos e Irak. Esto convierte su fortaleza económica en su “talón de Aquiles” en esta coyuntura. La coalición liderada por Arabia Saudita en Yemen ha estado integrada de manera intermitente por Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Egipto, Marruecos, Sudán, Bahréin y Kuwait.

La crisis en la alianza con Estados Unidos

La escalada entre Arabia Saudita y los insurgentes yemeníes ha puesto en jaque la histórica alianza entre Washington y Riad. Esta era la clave de la seguridad en Medio Oriente, articulada en el triángulo Estados Unidos, Arabia Saudita e Israel, hoy en crisis por la acción de los hutíes apoyados por Irán.

El príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán solicitó el apoyo militar de Washington en este conflicto. Sin embargo, la administración Trump se ha negado a prestar ayuda, incumpliendo los tratados militares entre ambos países. Esto genera dudas e incertidumbres para otros aliados estadounidenses en la región. Las limitaciones de las Fuerzas Armadas saudíes frente a los drones yemeníes son la clave del fracaso que está sufriendo Riad. Las defensas antiaéreas, esenciales para neutralizar los drones, son insuficientes y están fallando. Este factor crítico no es resuelto por Estados Unidos, aunque ello también se relaciona con la escasez de estos sistemas en las propias reservas estadounidenses y no necesariamente con una falta de voluntad política.

El factor electoral en Estados Unidos y el Pacto de la Meca

A esto se suman las elecciones de medio término del 3 de noviembre. Trump ha declarado que, una vez finalizadas, la guerra cesará. Su planteamiento es que Irán, a través de los insurgentes yemeníes, busca un aumento en el precio del petróleo que contribuya a la derrota electoral del presidente estadounidense. El precio de la gasolina es un factor históricamente determinante en las elecciones de ese país; si sube, el gobernante de turno pierde votantes.

El “Pacto de la Meca”, la reciente alianza militar firmada el 7 de agosto entre Arabia Saudita, Turquía y Pakistán, fue puesto a prueba rápidamente. No cuenta con planes concretos en el terreno militar, pero los tres gobiernos han ratificado la alianza y analizan cómo materializarla. Pakistán, cercano a China y poseedor de misiles nucleares, y Turquía, potencia regional con poder e influencia crecientes y miembro de la OTAN, son socios clave. Los tres jefes de Gobierno parecen conscientes de que la inacción podría significar un fracaso.

Para los saudíes, su alianza regional con países árabes moderados que no atacan a Israel, el abandono de Washington y la falta de un plan de acción concreto por parte de sus socios en el Pacto de la Meca los colocan en una situación estratégica compleja.

El escenario global y las consecuencias

Al mismo tiempo, tiene lugar una ofensiva marítima de Rusia contra Ucrania en el mar Negro, cuyo alcance es imprevisible. El dilema para Trump —enfrentar una derrota saudí en Yemen o arriesgar su posición electoral (parece tener perdida la Cámara de Representantes pero podría retener el Senado) para impedirla— lo lleva a mantener el status quo, incluso a costa de incumplir acuerdos con sus aliados y poner en riesgo la estabilidad de Medio Oriente.

Estados Unidos ya ha debilitado la solidez de la OTAN con la reducción de su apoyo en Ucrania. Ahora se suma la incertidumbre para sus aliados en Medio Oriente. Pero es claro que la guerra será un factor adicional en contra de la previsible derrota electoral de Trump.

Fuente: Infobae

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