Ballena franca glacial: extinta en España, quedan 384 en el mundo

En la actualidad, solo Japón, Noruega e Islandia permiten la caza de ballenas. La prohibición internacional de hace cuatro décadas ha permitido la recuperación de poblaciones de cetáceos, pero la amenaza de extinción persiste. Aunque la tendencia es positiva, algunas especies siguen críticas por siglos de caza masiva. Es el caso de la ballena franca glacial (Eubalaena glacialis), también conocida como ballena del Atlántico Norte o ballena vasca, un legado del pasado ballenero vasco que cazaba este mamífero en la Edad Media en el golfo de Vizcaya.

Hoy, esta especie figura en el Listado de especies extinguidas en todo el medio natural español del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO

), lo que indica que, pese a contados avistamientos, ha desaparecido en España

Ejemplar de ballena franca glacial. (Moira Brown y el Acuario de Nueva Inglaterra/Wikimedia Commons)

Distribución actual de la ballena vasca

Hace siglos, la ballena franca glacial tenía un área de distribución muy amplia en el Atlántico Norte. Este enorme cetáceo, que alcanza hasta los 24 metros, se extendía desde las islas Bahamas hasta Canadá y Groenlandia por el oeste, y desde las costas del Sáhara Occidental hasta Islandia, Noruega y las islas Svalbard por el este.

En la actualidad, su presencia continúa en el Atlántico Noroeste, pero en el Atlántico Noreste existen muy escasas citas en los últimos años. Según el MITECO, ya no hay una población estable y los animales observados podrían proceder del oeste. “Por ello, la población oriental de la especie se considera extinguida”.

Desde 1960, se han registrado algunos avistamientos en la península Ibérica: en Estaca de Bares (A Coruña) en 1993, en Cabo de San Vicente (Portugal) en 1995, y ese mismo año en varias localidades de La Gomera y Tenerife (Canarias).

La caja como amenaza históricaEjemplares de ballena franca glacial. (NOAA/Wikimedia Commons)

La caza fue la mayor amenaza que enfrentó la especie. Las consecuencias han sido tales que, pese a décadas de prohibición, las poblaciones sigue sufriendo sus efectos. Según el MITECO, los primeros registros de caza en el nordeste se remontan al golfo de Vizcaya en el siglo XI. Hasta 1650 se capturaban decenas de ejemplares anuales, y ya en el siglo XVIII se produjo un notable descenso.

En los tres últimos siglos de explotación, los puertos vascos detectaron una disminución continuada de capturas, aunque en el norte de Europa entre 1900 y 1937 se capturaron más de 130 ejemplares.

La situación fue tal que en el siglo XX estuvo a punto de desaparecer, lo que motivó la prohibición de la caza. Desde 2020, la especie está catalogada como en peligro crítico de extinción en la Lista Roja de la UICN, y quedan 384 ballenas francas glaciares, con tendencia ligeramente positiva tras años de descenso. Según datos de 2026 de la NOAA, este invierno se identificaron 15 nuevas crías, una cifra superior a otros años, pero aún lejana para detener el declive

Ejemplar de ballena franca glacial. (NOAA/Wikimedia Commons)

Amenazas modernas que persiguen a la ballena franca del Atlántico Norte

Actualmente la pesca de la ballena franca glacial está prohibida en todo el mundo, pero las amenazas no han terminado. Las redes de pescaembarcaciones se erigen como principal problema. Las lesiones por enmallamiento o colisiones con barcos o hélices son críticas.

“Las imágines de fotoidentificación revelaron que la mayoría de las ballenas francas (82.9%” presentan evidencia de haber sido enredadas al menos una vez, mientras que más de la mitad (59.0%

) de los indivíduos han sido enredados más de una vez”, señala la UICN en base a un estudio de 2012. “La evidencia sugiere que las ballenas francas adquieren nuevas cicatrices de enredo casi anualmente, siendo las ballenas jóvenes a una tasa mayor que las adultas”.

También afecta a la ballena vasca la baja diversidad genética, lo que dificulta el éxito reproductivo, perjudicado por escasez de alimentos o ingesta de materiales no naturales , y los contaminantes químicos y biotoxinas.

Fuente: Infobae

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