Por primera vez en una década, la región centroamericana enfrenta la posibilidad de quedarse sin el principal alivio que suavizaba las duras condiciones de su mercado laboral, caracterizado por alto desempleo e informalidad.
Un análisis del Inter-American Dialogue, centro de estudios con base en Washington, señala que las remesas hacia Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua (el bloque conocido como CA-4) experimentarán un crecimiento de apenas entre 7% y 8% durante 2026, una cifra muy inferior al 19-20% registrado en el año previo.
El documento, titulado Current Challenges to Remittances and Migration: Options for Central America, 2026, elaborado por el investigador Manuel Orozco, proyecta que el bloque recibirá aproximadamente USD 57,787 millones en 2026, frente a los USD 53,822 millones de 2025. Para 2027, la expansión se reduciría aún más, hasta un rango de 3% a 4%.
La desaceleración no afecta a todos por igual. Guatemala, el mayor receptor con USD 27,062 millones proyectados, crecería un 5.5%. Honduras y Nicaragua mantendrían ritmos más altos, de 11% cada uno, mientras que El Salvador se situaría en 7%.
El freno migratorio ya es visible en las cifras oficiales
La reducción no es una mera proyección; ya se observa en los bancos centrales de la región. De acuerdo con la Encuesta Semestral del Banco Central de Honduras, los envíos a ese país aumentaron 11.2% entre enero y julio, comparado con un 25.3% en el mismo lapso de 2025.
Al mismo tiempo, los retornos se han incrementado. El Banco Central de Honduras contabilizó 38,052 hondureños deportados o retornados de forma voluntaria hasta julio, lo que representa un incremento del 48.5% respecto al año anterior.
Un panorama similar se repite en Nicaragua. Las deportaciones de nicaragüenses se duplicaron entre enero y julio, pasando de 3,323 a más de 6,300 personas, según el informe de Orozco.
El estudio añade que Nicaragua desplazará a Honduras como el país más dependiente de remesas de América Latina, con un 34.4% de su producto interno bruto.

El Inter-American Dialogue atribuye esta desaceleración a cuatro factores concurrentes: menos migrantes nuevos hacia Estados Unidos, más deportaciones, un número estable de remitentes que ya no crece y el agotamiento del aumento en el monto promedio enviado, que suele estabilizarse tras ciclos de 18 meses.
El propio Orozco explicó a The Economist que parte del alza reciente en los montos se debe al temor a la deportación: los migrantes envían más dinero como precaución, aunque el número de transacciones ya comienza a disminuir.
Más de 150,000 deportaciones y un tercio de los remitentes en riesgo
El informe estima que Estados Unidos deportará a más de 150,000 centroamericanos durante 2026: 73,000 guatemaltecos, 51,150 hondureños, 17,000 salvadoreños y 11,750 nicaragüenses.
A esto se suma un dato que el documento considera crítico: cerca de dos millones de centroamericanos tendrían ya una orden de deportación pendiente, lo que equivale a un tercio de quienes envían dinero a sus familias.
La organización Human Rights First documentó que entre enero de 2025 y agosto de 2026, Estados Unidos deportó a más de 23,000 personas a 26 países sin vínculo legal ni familiar con ellas, entre ellos ocho naciones africanas. Más de 2,700 de esos deportados fueron enviados a países de América Latina y el Caribe.
El Caribbean Council documentó un caso que refleja la incertidumbre regulatoria: la designación de Estatus de Protección Temporal (TPS) para El Salvador venció el 9 de septiembre sin que el Departamento de Seguridad Nacional publicara una decisión, lo que activó una prórroga automática de seis meses que mantiene en vilo a al menos 177,000 salvadoreños.

El retorno reaviva la intención de emigrar
El Inter-American Dialogue encuestó a 1,100 receptores de remesas en febrero y marzo de 2026 para medir el efecto de estas tendencias sobre las familias.
El hallazgo más llamativo es contraintuitivo: entre 20% y 27% de los hogares consultados reportó tener un familiar que había regresado del exterior, y esa presencia se asocia con una mayor intención de volver a migrar, no con menor.
Entre 7% y 16% de los hogares encuestados, según el país, dijo que algún miembro planeaba emigrar durante los siguientes doce meses.
Las razones dominantes siguen siendo económicas: mejores ingresos, empleo y dificultades locales, por encima de la inseguridad o los motivos educativos.

El documento también detectó una caída de al menos 500,000 transacciones persona a persona desde 2025, equivalentes a entre 8% y 10% de los hogares que reciben remesas en la región. Esa reducción podría restar, según sus propias estimaciones, al menos 0.5 puntos porcentuales al crecimiento económico del CA-4 y hasta USD 4,000 millones frente a la trayectoria de ingresos esperada para 2027.
La fuerza laboral del bloque, de más de 18 millones de personas, absorbe cada año a 410,000 nuevos trabajadores, pero el mercado formal solo genera 38,000 puestos.
El resto termina en la informalidad, que ya afecta a 12.7 millones de personas y que el propio informe señala como uno de los principales motores detrás de la decisión de emigrar.
Fuente: Infobae