Ataque hutí al aeropuerto de Riad: 13 muertos y 309 heridos

Ataque mortal al aeropuerto de Riad

En menos de una semana, el aeropuerto internacional de Riad sufrió su tercer ataque, y el más letal hasta la fecha. La milicia hutí, de filiación chií y respaldada por Irán, lanzó misiles el pasado 10 de octubre. De acuerdo con testigos, los proyectiles impactaron de lleno en la Terminal 3, destinada a vuelos nacionales, provocando el desplome de parte del techo. El saldo fue de 13 víctimas fatales —cuatro saudíes y ocho extranjeros— y 309 personas lesionadas, varias de consideración. La terminal permanece clausurada por más de 24 horas, sin fecha estimada de reapertura. Al día siguiente, los rebeldes atacaron la Terminal 4, generando un incendio.

Este ataque representa el más grave contra el reino en más de diez años, y ocurre a solo dos semanas de que Arabia Saudita sea anfitriona de una relevante cumbre de inversiones. El suceso pone en tela de juicio la eficacia de los sistemas antiaéreos saudíes y el devenir de su conflicto en Yemen, el cual se ha reactivado con crudeza tras una tregua de varios años.

La guerra en Yemen se intensifica

A pesar de la intervención militar saudí iniciada en 2015 para derrocar a los hutíes, estos mantienen el control de extensas zonas de Yemen. Un cese al fuego firmado en 2022 logró congelar los frentes, pero la guerra en el Golfo, desatada por Estados Unidos e Israel en febrero pasado, erosionó la estabilidad de la tregua. Para mediados de año, ambas partes ya se alistaban para reanudar las hostilidades. El mes anterior, los hutíes lanzaron una ofensiva que les permitió tomar rápidamente gran parte de la costa suroccidental yemení, incluido el puerto de Mokha.

Las fuerzas saudíes, junto a sus aliados yemeníes, lanzaron una contraofensiva durante este mes. Los avances han sido limitados: han recuperado una franja costera, pero actualmente están estancados cerca de la localidad de Dhubab, a unos 40 kilómetros al sur de Mokha. Como es habitual en Yemen, las campañas militares arrancan con ímpetu pero pronto se empantanan. Paralelamente, los hutíes continúan sus esfuerzos por cercar Taiz, la tercera urbe más poblada del país y un reducto de la resistencia antihutí. Además, han reanudado los bombardeos con misiles y drones contra instalaciones saudíes, entre ellas refinerías y bases militares.

Aeropuertos en la mira

Los insurgentes han priorizado los aeropuertos como blancos y han instado a los viajeros a no usar el espacio aéreo saudí. Durante tres semanas consecutivas, han arreciado los ataques contra el aeropuerto de Riad. El 8 de octubre, un bombardeo con misiles dejó tres muertos —entre ellos un piloto— y destruyó una aeronave de una aerolínea estatal saudí. Decenas de aerolíneas foráneas cancelaron cientos de vuelos. Pese a ello, las autoridades saudíes optaron por mantener operativo el aeropuerto, una determinación que hoy muchos en la capital tachan de temeraria.

La razón por la que los saudíes no lograron interceptar los misiles sigue siendo un misterio. Disponen de sofisticados sistemas antiaéreos, como los THAAD y las baterías Patriot de origen estadounidense. No obstante, al igual que otras naciones de la zona, les inquieta la reducción de sus existencias de interceptores tras aproximadamente ocho meses de conflicto.

Conferencia de inversión en riesgo

Pocas horas antes del ataque del 10 de octubre, los organizadores confirmaron que la Iniciativa de Inversión Futura se llevaría a cabo el 26 de octubre. Este evento anual, impulsado por el príncipe heredero Muhammad bin Salman y apodado el Davos del desierto, reúne a las principales luminarias de las finanzas globales. Cancelarlo sería un bochorno. Sin embargo, es incierto cuántos ejecutivos estarían dispuestos a acudir, e incluso cómo podrían llegar al reino. Viajar a otras urbes quizás no sea viable: los hutíes también han bombardeado el aeropuerto de Dammam, situado a cuatro horas en auto al este de Riad.

El dilema saudí y el apoyo internacional

Esta situación revela un dilema de fondo para Arabia Saudita. A los hutíes no les preocupa la administración pública; manejan los territorios bajo su dominio como feudos personales, sosteniendo su aparato bélico con altos impuestos y tarifas que agobian a una población ya de por sí desesperada. Una década de conflicto ha hundido a Yemen en la pobreza, pero los rebeldes tienen la voluntad y los recursos para continuar la lucha. El gobierno saudí, en cambio, tiene mucho más en juego: una guerra prolongada, con asaltos reiterados a aeropuertos e infraestructura energética, pondría en jaque sus ambiciosos planes de diversificación económica.

Analistas saudíes activos en redes sociales aseguran que el reino combatirá hasta obtener una victoria definitiva sobre los hutíes. Sin embargo, fuentes que han conversado recientemente con altos mandos del reino ofrecen una perspectiva distinta. El príncipe heredero, según esas fuentes, está resuelto a recuperar las zonas perdidas frente a los hutíes el mes pasado.

«Desconozco si tienen objetivos claros más allá de eso», señala un funcionario occidental.

Los saudíes han logrado cierto respaldo internacional. Este mes activaron el pacto de defensa mutua suscrito con Pakistán y Turquía en agosto. Pakistán ha movilizado varios miles de soldados, aunque asegura que no intervendrán en Yemen. Gran Bretaña ha desplegado un avión cisterna para reabastecimiento aéreo. Francia ha comprometido tropas para resguardar un puerto petrolero estratégico en el Mar Rojo. Donald Trump ha desestimado en repetidas ocasiones las solicitudes del príncipe Muhammad de realizar bombardeos estadounidenses, pero el mandatario estadounidense ha indicado que podría reconsiderarlo tras la agresión al aeropuerto. Sin embargo, ninguna de estas medidas será determinante frente a los hutíes.

Negociar o continuar la guerra

La alternativa es negociar. Los hutíes pondrían un precio elevado: demandarían ventajas económicas, el levantamiento del bloqueo saudí al espacio aéreo yemení y otras concesiones. Además, se establecería un antecedente riesgoso: los insurgentes entenderían que atacar infraestructura civil es un método efectivo de presión. Después de más de diez años de conflicto, los saudíes se hallan sin alternativas favorables.

Fuente: Infobae

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