El 11 de octubre de 1969, un hombre armado acabó con la vida de un taxista en San Francisco y se esfumó en la oscuridad. Tenía entre 25 y 30 años, usaba lentes y llevaba el cabello corto. Varios testigos lo vieron. La policía incluso se topó con él. Sin embargo, el Asesino del Zodíaco jamás fue capturado. Hoy se cumplen 57 años de ese último crimen conocido.
Paul Stine, de 29 años, cumplía su turno nocturno cuando un pasajero le pidió que lo llevara hasta Presidio Heights, una zona residencial de San Francisco. Minutos antes de las diez de la noche, en el cruce de las calles Washington y Cherry, el sujeto le disparó en la cabeza. Luego le revisó los bolsillos, limpió parte del taxi y huyó a pie. El motor del vehículo seguía encendido.
Tres adolescentes que observaban desde una ventana al otro lado de la calle alertaron a la policía. Habían visto al agresor junto al taxi y pudieron ofrecer detalles sobre su aspecto físico.
El encuentro con el asesino estuvo a punto de ocurrir. Dos agentes que patrullaban la zona vieron a un hombre blanco caminando por una calle cercana, pero no lo detuvieron porque el aviso transmitido por radio describía erróneamente a un hombre negro. Décadas después, este episodio seguiría siendo uno de los errores más notorios de la investigación, aunque nunca se pudo demostrar de manera concluyente que aquel individuo fuera el Zodíaco.
La muerte de Stine, el último crimen oficialmente atribuido al Zodíaco
El caso comenzó casi un año antes. El 20 de diciembre de 1968, en Benicia, California, dos adolescentes, David Faraday, de 17 años, y Betty Lou Jensen, de 16, fueron baleados mientras estaban estacionados en un camino apartado durante su primera cita. La policía no sospechó de un asesino serial. Los detectives apuntaron a las drogas, a un exnovio. Nadie lo vinculó con lo que vendría después.
Menos de siete meses más tarde, en la madrugada del 5 de julio de 1969, Darlene Ferrin, de 22 años, y Mike Mageau, de 19, fueron atacados a tiros en el estacionamiento del Blue Rock Springs Golf Club, en Vallejo. Ferrin murió.

Mageau sobrevivió con heridas en la mandíbula, el hombro y la pierna. Menos de una hora después del ataque, el asesino llamó por teléfono a la policía de Vallejo para reportar el crimen. Y agregó: “También maté a esos chicos el año pasado”, refiriéndose a Faraday y Jensen.
Las cartas que extendieron el terror en toda una ciudad
Fue después del ataque de julio cuando el asesino empezó a escribir. Envió cartas a los periódicos con detalles que solo él podía conocer, junto con fragmentos de un código cifrado. En una carta recibida por The San Francisco Examiner el 4 de agosto de 1969, firmó por primera vez con el nombre que lo haría famoso: “This is the Zodiac speaking” —“Aquí habla el Zodíaco”—. Esa frase abriría docenas de comunicaciones posteriores.
Las cartas no eran solo confesiones. Eran una campaña de terror. El Zodíaco amenazó con atacar un autobús escolar, con “matar de vez en cuando” si sus mensajes no se publicaban y ordenó a los habitantes de San Francisco que usaran botones con su símbolo, una cruz dentro de un círculo, similar a la mira de un rifle.
El 17 de octubre de 1969, seis días después del asesinato de Stine, las amenazas contra los escolares se publicaron en los diarios. Varios condados impusieron toques de queda. Padres retiraron a sus hijos de las escuelas. Helicópteros sobrevolaron las rutas de los autobuses.
El ataque con cuchillo en el lago Berryessa

Entre los asesinatos a tiros y el crimen de Stine hubo otro episodio que distingue al Zodíaco del resto: el 27 de septiembre de 1969, Cecilia Shepard, de 22 años, y Bryan Hartnell, de 20, hacían un picnic a orillas del lago Berryessa, en el condado de Napa. Un hombre se acercó con una capucha que llevaba dibujado el símbolo del Zodíaco. Los amenazó con un arma, los ató y los apuñaló. Shepard murió. Hartnell sobrevivió para describir al atacante.
En total, cinco asesinatos y dos intentos de homicidio fueron atribuidos oficialmente al Zodíaco, todos cometidos entre diciembre de 1968 y octubre de 1969. En enero de 1974 envió una nueva carta en la que declaraba: “Yo – 37, SFPD – 0”, sugiriendo que había matado a 37 personas. Ninguna víctima adicional fue identificada.
Más de 2.500 sospechosos y ninguna condena
A lo largo de las décadas, según consigna Biography, más de 2.500 sospechosos fueron considerados por investigadores y aficionados. El principal fue Arthur Leigh Allen, contra quien se ejecutó una orden de registro. Pero sus huellas dactilares no coincidieron con las halladas en el taxi de Stine, y en 2002 un análisis de ADN extraído de un sello de una carta del Zodíaco tampoco lo vinculó al caso. La muestra era pequeña; los resultados, no concluyentes.
En 2018, el departamento de policía de Vallejo anunció que sometería pruebas propias a técnicas de ADN más modernas, incluida la búsqueda en bases de datos genealógicas de código abierto, el mismo método que ese año permitió identificar al Asesino del Estado Dorado en California. Hasta hoy, el caso del Zodíaco no registra resultados similares.
El descifrado de 2020 y las pruebas sin resolver

De los cuatro mensajes cifrados que envió el Zodíaco, solo el primero fue resuelto mientras vivían los investigadores que trabajaron en el caso. La solución llegó de la mano de una pareja de aficionados, que logró revelar la frase: “Me gusta matar personas porque es muy divertido”. El Zodíaco afirmó haber incluido su identidad en otro de los mensajes, pero ese código permaneció sin resolver durante décadas.
En 2020, un grupo de tres criptoanalistas logró descifrar uno de los mensajes restantes, lo que aportó nuevas pruebas al expediente, aunque sin revelar la identidad del asesino.
Las hipótesis sobre el final de los crímenes
El Centro Nacional para el Análisis de Crímenes Violentos del FBI señaló que los asesinos seriales pueden dejar de matar si algo cambia en sus circunstancias. En el caso del Zodíaco, las hipótesis van desde el miedo a ser capturado aquella noche del 11 de octubre, cuando estuvo a metros de los policías, hasta la posibilidad de una muerte, encarcelamiento o institucionalización no documentados.
Un psicólogo que estudió el caso postuló que el asesino pudo haberse recuperado de un trastorno de identidad disociativa.

El propio Zodíaco anticipó otra posibilidad en una carta de noviembre de 1969: “Ya no avisaré cuando cometa mis crímenes. Parecerán robos rutinarios, homicidios por ira, algunos accidentes falsos”. Sin saber quién era, es imposible saber si cumplió esa promesa.
La última carta cuya autenticidad fue parcialmente reconocida llegó en 1978 a la redacción del San Francisco Chronicle. La escritura y el tono diferían de las anteriores. Nunca fue confirmada como genuina. Después de eso, el Zodíaco, si es que seguía vivo, no volvió a escribir.
Fuente: Infobae