Durante el verano de 2026, Europa experimentó un clima extremo con temperaturas elevadas y escasez de precipitaciones. En Hungría, esta combinación provocó una sequía que secó los suelos, disminuyó el flujo de los ríos y empeoró la disponibilidad de agua en todo el territorio nacional.
Según HungaroMet, el servicio meteorológico húngaro, este verano se posicionó como el más seco desde 1901 y el segundo más cálido en los últimos 126 años de registros.
De acuerdo con Euronews, la falta de lluvias no fue un fenómeno repentino. Se venía gestando desde la segunda mitad de 2025 y se extendió durante el invierno, cuando las precipitaciones nuevamente estuvieron por debajo de lo normal. De esta forma, cuando llegó el calor intenso, tanto el suelo como las reservas hídricas ya arrastraban un déficit significativo.
En Hungría, esta ausencia de recarga impacta directamente en los cultivos y en las aguas subterráneas, de las cuales dependen la agricultura, el abastecimiento urbano y los ecosistemas naturales.
Entre junio y agosto: apenas un tercio de la lluvia normal
En promedio, durante el verano cayeron 74,1 milímetros de lluvia en todo el país, lo que equivale apenas al 36 % de la media registrada entre 1991 y 2020, según el informe de HungaroMet citado por Euronews.

Hasta ahora, el verano de 1952 ostentaba el récord de menor precipitación, pero el de 2026 lo ha superado. Además, la temperatura media nacional alcanzó los 23,43 °C (74,17 °F), lo que representa 2,59 °C por encima del promedio histórico de 20,84 °C.
Las altas temperaturas se presentaron en oleadas. Una primera ola de calor golpeó a gran parte de Europa en junio, seguida de otros episodios cálidos en julio y agosto. Con escasas lluvias y calor sostenido, el suelo perdió humedad de forma acelerada, especialmente en las zonas agrícolas.
Los efectos se sintieron también en los principales ríos de Europa. El Danubio, el Rin y el Vístula registraron niveles excepcionalmente bajos durante la estación seca, según reportó el medio europeo. En Hungría, el descenso del Danubio se sumó a la crisis hídrica que ya afectaba a varias regiones.
La primavera seca agravó la vulnerabilidad de los cultivos
La sequía se fue gestando durante todo el año. Enero resultó más frío y lluvioso de lo habitual, pero los meses posteriores volvieron a presentar déficit de precipitaciones y temperaturas superiores al promedio. En abril cayó solo el 10 % de la lluvia normal, una cantidad insuficiente para preparar los suelos de cara a la temporada agrícola.

Mayo trajo un período algo más lluvioso, pero insuficiente para recuperar el déficit acumulado. Al finalizar la primavera, los campos aún mantenían baja humedad, y el verano continuó con precipitaciones escasas.
Para finales de junio, en casi todo el territorio faltaban más de 100 milímetros de agua en el primer metro de suelo. La humedad del suelo disminuyó drásticamente, ya que el calor aceleró la evaporación y las lluvias no compensaron las pérdidas.
Entre el 1 de abril y el 2 de septiembre, al menos el 30 % de la superficie de Hungría presentó sequía moderada o severa durante aproximadamente el 84 % de los días analizados. A fines de agosto, la sequía agrícola grave cubría la mitad del país.
Las aguas subterráneas también en niveles críticos
La crisis no afecta solo a los cultivos y ríos. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) señaló que Europa Central y Oriental se encuentran entre las zonas más golpeadas por la disminución de las reservas de agua subterránea.

De acuerdo con la OMM, el nivel de agua en el suelo ya era inferior a lo normal en 2025, y la situación se deterioró aún más en 2026. Estas reservas se regeneran con lentitud, por lo que unos días de lluvia no bastan para compensar un déficit acumulado durante meses.
En Hungría, estimaciones anteriores sitúan el nivel medio del agua subterránea entre 1,4 y 1,7 metros por debajo de lo que se considera adecuado. Un otoño con más lluvias podría aliviar parcialmente la situación en la superficie, pero no sería suficiente para subsanar el déficit acumulado.
Euronews destaca que Hungría necesita retener una mayor proporción del agua de lluvia y de los ríos, evitando su evacuación rápida. El medio también subraya la necesidad de cambios en el uso del suelo, mejores prácticas agrícolas e infraestructuras para almacenar agua.
El comportamiento de las precipitaciones en otoño será clave para determinar si Hungría logra recuperar algo de humedad en los campos o si la sequía continúa ejerciendo presión sobre los cultivos y las reservas subterráneas.
Fuente: Infobae