Las guayaberas, las camisas con encaje y las prendas celestes y blancas se observaron entre las personas que llegaron este viernes, 9 de octubre, al centro de Guayaquil.
Desde las aceras de la avenida 9 de Octubre, familias enteras esperaban el paso de los estudiantes que participaron en el desfile cívico por los 206 años de independencia de la ciudad.
El sol comenzaba a sentirse durante la mañana, mientras las primeras delegaciones avanzaban acompañadas por sus bandas de paz.
Entre el público estaba Carlos García, quien acudió con sus nietos para continuar una costumbre familiar que comenzó cuando era niño. Su abuelo lo llevaba a observar los desfiles y, después de su fallecimiento, hace más de veinte años, Carlos mantuvo esa actividad primero con sus hijos y ahora con los menores de su familia.
”Es tradición para nosotros venir a ver los desfiles. Realmente mi abuelito fue el que nos enseñó a disfrutar de la ciudad”, contó mientras observaba a los estudiantes.
García reconoció que a sus hijos no siempre les interesaba asistir, pero explicó que procura compartir estas celebraciones con sus nietos.
Durante la conversación, una de las niñas se encontraba tomando un helado para refrescarse, pues el calor ya comenzaba a sentirse entre quienes permanecían en las aceras.
”Esta ciudad me ha dado todo. A pesar de sus cosas, estamos celebrándola, más que nada recordando quiénes somos”, manifestó.
El desfile había comenzado a las 08:30, desde el sector del parque Victoria, en la avenida Quito y Clemente Ballén. Desde allí, las delegaciones avanzaron por Lorenzo de Garaicoa y continuaron por la avenida 9 de Octubre, con dirección a la calle Pichincha.
La organización municipal distribuyó a los participantes en cinco bloques, con instituciones educativas de Guayaquil y delegaciones de otras ciudades del país.
Al frente del recorrido estuvieron la reina de Guayaquil, Abby Riqueros, la Estrella de Octubre y la virreina de la ciudad. Detrás de ellas caminaron doce abanderados de las instituciones educativas participantes, seguidos por los primeros colegios y sus bandas de paz.
Entre los abanderados estuvo Cristina Belén, de 17 años, quien participó en representación de su colegio. Su madre llegó para acompañarla y contó que la adolescente ya había intervenido en el desfile del año anterior, por lo que la familia conocía los preparativos necesarios para asistir desde temprano.
”Es un orgullo. Es el esfuerzo y el sacrificio tanto de los padres como de ella durante todo el año”, expresó la mujer.
La madre explicó que ver a Cristina portar la bandera de su institución era resultado de la dedicación que había mantenido durante sus estudios y del acompañamiento de sus familiares. Mientras la adolescente avanzaba, otros padres permanecían pendientes del paso de sus hijos por la avenida.
Una de las primeras instituciones en participar fue la Academia Naval Almirante Illingworth. Después continuaron los demás colegios, acompañados por sus docentes y bandas de paz, mientras los asistentes observaban las presentaciones desde ambos costados de la calle.
Pasadas las 09:40, comenzaron a llegar más delegaciones estudiantiles. Entre ellas estuvo Santo Tomás de Aquino, que avanzó con su grupo de bastoneras. Las liras de marcha y los tambores acompañaban las presentaciones, mientras otras bandas interpretaban canciones tradicionales de Guayaquil durante el recorrido.
Para entonces, el sol se sentía con mayor intensidad. Las familias permanecían en las aceras y algunas personas buscaban cómo refrescarse mientras esperaban a los siguientes colegios.
Entre el público continuaban las prendas celestes y blancas, elegidas por quienes acudieron a la celebración.
Jorge Medina, residente del centro de Guayaquil, fue otro de los ciudadanos que decidieron acercarse para observar el desfile. Contó que acudió pese al sol y a las molestias que, según explicó, le ocasiona la hipertensión.
”Guayaquil es hermosa y no hay que perderla. Yo quiero mi ciudad para largo. Esto es felicidad, amor, música. ¡Viva Guayaquil!”, expresó mientras observaba a las delegaciones estudiantiles.
Medina permaneció entre los asistentes que llegaron para acompañar la celebración. Su presencia se sumó a la de padres, abuelos y niños que acudieron durante la mañana para ver a los estudiantes y escuchar las bandas de paz.
El desfile contó con instituciones educativas de Guayaquil y delegaciones procedentes de Quito, Cuenca, Riobamba, Latacunga y Tulcán.
Entre los planteles contemplados en la planificación estuvieron la Academia Naval Guayaquil, San José La Salle, San Agustín y Vicente Rocafuerte, además de las academias navales que participaron en los primeros bloques.
La actividad requirió cierres vehiculares en las calles utilizadas por los estudiantes. Sin embargo, durante la cobertura se observó que algunos conductores intentaban ingresar a los sectores restringidos, mientras se organizaba el paso de las delegaciones.
Bastaba escuchar las primeras notas de Guayaquil de mis amores para reconocer una de las canciones que han acompañado las fiestas de la ciudad durante generaciones.
Las liras de marcha y los tambores le dieron paso a Guayaquileño, madera de guerrero, mientras las bastoneras avanzaban por la avenida 9 de Octubre.
Eran melodías conocidas por quienes crecieron en Guayaquil y que ahora interpretaban los estudiantes frente a padres, abuelos y niños.
Entre una canción y otra, el desfile continuaba, y las calles del centro volvían a llenarse de esos pasacalles que forman parte de cada celebración de independencia.
Fuente: El Universo
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