La cuenca del Pacífico vive actualmente una temporada ciclónica que sobrepasa los niveles históricos. El número de tormentas formadas ya rebasó la media anual, a pesar de que aún restan más de sesenta días para que concluya el período oficial.
La conjunción de temperaturas oceánicas elevadas y el retorno del fenómeno de El Niño ha impulsado una cadena de tormentas que golpeó las costas de México y mantuvo en alerta máxima al archipiélago de Hawái.
Según datos difundidos por Associated Press, el Pacífico oriental y el Pacífico central acumulan cuatro tormentas tropicales más de lo esperado para esta fecha. La temporada en el Pacífico oriental abarca desde el 15 de mayo hasta el 30 de noviembre, por lo que todavía queda un período considerable para la gestación de nuevos sistemas.
El meteorólogo Brian McNoldy, especialista en huracanes de la Universidad de Miami, alertó que el actual episodio podría alcanzar una intensidad excepcional.
“Se está convirtiendo quizás en el fenómeno de El Niño más fuerte jamás registrado”
, declaró McNoldy.
El Niño potencia la actividad tropical en el Pacífico
El Niño modifica los patrones habituales de viento y temperatura sobre el océano. Durante estos episodios, los vientos de baja altitud que normalmente cruzan el Pacífico de este a oeste se debilitan y, en ciertos momentos, llegan a cambiar de rumbo. Esa alteración impacta la circulación atmosférica y genera condiciones más propicias para el desarrollo de ciclones tropicales en determinadas zonas del océano.
La presencia de El Niño también se vincula con temperaturas globales elevadas, sequías, incendios forestales y cambios en las precipitaciones en diversos continentes. McNoldy anticipa que el fenómeno alcance su punto máximo durante el próximo invierno y se prolongue hasta 2027.
El contraste con el Atlántico resulta notorio. Mientras el Pacífico experimenta una actividad intensa, El Niño suele incrementar la cizalladura del viento en el Atlántico, condición que dificulta la organización de huracanes. Por ello, la temporada atlántica se ha mantenido con escasa actividad tropical durante este año.
El Pacífico oriental ya superó su media de tormentas
Entre 1991 y 2020, el Pacífico oriental registró un promedio de 15 tormentas con nombre por temporada. Sin embargo, el balance de 2026 ya excede esa referencia antes de finalizar septiembre, según explicó Matthew Rosencrans, principal pronosticador de huracanes estacionales del Servicio Meteorológico Nacional de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).
“Superar el promedio anual en septiembre es otra historia”
, señaló Rosencrans, citado por AP. La cifra indica que la temporada mantiene un ritmo inusual incluso antes de entrar en su fase final.
La intensidad de varios sistemas también ha captado la atención de los expertos. Tres huracanes del Pacífico alcanzaron la categoría 5, el nivel máximo de la escala Saffir-Simpson. Con ello igualaron el récord de 2002, otro año marcado por El Niño.
El huracán Polo fue uno de esos fenómenos. La tormenta afectó la costa del Pacífico de México durante la semana y osciló entre las categorías 4 y 5. Paralelamente, otros ciclones mantuvieron bajo vigilancia a zonas insulares y costeras de la región.

La temporada más activa documentada en el Pacífico oriental fue la de 1992, con 25 tormentas con nombre. En el Pacífico central, el récord corresponde a 2015, cuando se contabilizaron 14 sistemas. Ese mismo año se formaron nueve huracanes mayores (de categoría 3 o superior) en el Pacífico oriental, aunque la mayoría permaneció sobre aguas abiertas.
Hawái enfrenta una tercera amenaza en pocas semanas
La situación es especialmente delicada en Hawái, donde dos huracanes ya dejaron daños durante el último mes. Lala, en agosto, y Lowell, a comienzos de septiembre, destruyeron o dañaron más de 510 viviendas y provocaron pérdidas estimadas en USD 168 millones para la infraestructura pública.

Lala también ocasionó USD 21,5 millones en daños en 38 escuelas. A esas consecuencias se suma un episodio de inundaciones ocurrido en marzo, considerado el peor de las últimas dos décadas en el archipiélago, y un terremoto de magnitud 6,0 que sacudió el estado en mayo.
Ahora, el huracán Nolo, que se fortaleció durante la noche del jueves, plantea una nueva amenaza. Los pronósticos indicaban que podía dejar acumulados de lluvia medidos en pies, una magnitud equivalente a decenas de centímetros o más de un metro en algunas áreas, con riesgo de inundaciones y deslizamientos.
Si Nolo llega a impactar en el archipiélago, sería el tercer huracán de la temporada que obliga a Hawái a prepararse de forma directa. El gobernador Josh Green describió 2026 como un año distinto a cualquier otro que recuerde.

En 1957, dos huracanes pasaron a menos de 320 kilómetros de Hawái, pero una secuencia similar no volvió a registrarse durante más de medio siglo. La situación cambió en 2014, 2016 y 2018, años en los que varios sistemas se aproximaron al estado. La actual temporada, sin embargo, concentra una sucesión de impactos en un período mucho más corto.
Para las autoridades meteorológicas, la acumulación de desastres presenta un desafío adicional. John Bravender, meteorólogo coordinador de alertas, señaló que la población no solo enfrenta el desgaste de prepararse para fenómenos que podrían no tocar tierra, sino que debe recuperarse de daños recientes mientras se organiza ante una nueva amenaza.
“Estos impactos devastadores siguen ocurriendo y, mientras nos recuperamos, tenemos que prepararnos para el próximo evento”
, expresó Bravender. La secuencia, añadió, consume recursos y profundiza la presión sobre comunidades que aún reparan viviendas, redes eléctricas y servicios públicos.
Fuente: Infobae