La cantidad de dinero que los migrantes envían a sus familiares en Ecuador batiría récord este año. El Banco Central proyecta que en 2026 la entrada de remesas al país sumaría $ 8.020 millones, alcanzando un máximo histórico, con una expansión anual de alrededor del 3,8 %. La estimación equivale aproximadamente al 5,90 % del producto interno bruto (PIB) y consta en la Programación macroeconómica 2026-2030, publicada por el Banco Central el 15 de septiembre, en la que se actualizó la previsión de crecimiento de la economía ecuatoriana al 2,7 %.
La proyección para este año supera en $ 291 millones a los $ 7.729 millones recibidos en 2025, que también fue una cifra que no se había visto antes.
En el primer trimestre de 2026 —según los últimos datos disponibles— se recibieron $ 1.856,7 millones a través de 5,3 millones de giros. El resultado representó un incremento del 7,7 % respecto del mismo periodo de 2025 ($ 1.724,3 millones).
Aunque todavía no se han publicado cifras del segundo trimestre, el Banco Central anticipa que “los resultados preliminares hasta junio dan cuenta de ingresos por remesas superiores a los registrados en igual periodo del año previo”.
En ello se sustenta el pronóstico de crecimiento del flujo de remesas hacia Ecuador al término de 2026. Para el periodo entre 2027 y 2030 se estima que las remesas recibidas ronden un promedio anual de $ 8.400 millones, con tasas de crecimiento moderadas.
No obstante, poco de ese dinero alcanza para destinar al ahorro o a las inversiones que multipliquen los recursos, resumen expertos consultados.
El Banco Central señala que el mayor ingreso de remesas, particularmente desde Estados Unidos, es uno de los factores que influirán en el aceleramiento del consumo de los hogares previsto para 2026. Y remarca que “el comportamiento favorable de las remesas constituye un soporte para el ingreso disponible de los hogares y el consumo privado”.
Si el flujo mantiene una tendencia creciente en los próximos trimestres, la demanda interna se incrementaría, lo que a su vez aportaría a la expansión económica. A medida que las personas reciben más remesas, el gasto en consumo se elevaría.
El crecimiento proyectado de las remesas ecuatorianas se explica por tres factores principales, resume el economista Fernando Jurado. El primero es la decisión de los ecuatorianos de migrar con el fin de ayudar a sus familiares enviando dinero desde el exterior.
El segundo factor es la función de las remesas como sostén del consumo familiar. En 2025, el envío promedio fue de $ 345, dentro del rango regional estimado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), entre $ 140 y $ 650.
Jurado describe que ese dinero no sustituye completamente los ingresos de los hogares, sino que los complementa y ayuda a cubrir alimentación, vivienda, salud, vestimenta, emergencias y deudas. En términos aproximados, dice el experto, representaría entre el 40 % y el 50 % del ingreso familiar destinado a la manutención, una estimación compatible con el cálculo de Naciones Unidas, que atribuye a las remesas cerca del 60 % del alivio del gasto familiar.
El tercer factor es la distribución geográfica de los receptores y el impacto desigual entre territorios. No basta con saber dónde se deposita el dinero; también es necesario relacionarlo con la estructura productiva, la ruralidad, el nivel de pobreza y el costo de vida de cada provincia.
Aunque Guayas y Pichincha concentren un volumen elevado por su población, el efecto de una remesa puede ser mucho mayor en provincias como Cañar, Azuay, Morona Santiago o Zamora Chinchipe, especialmente en zonas rurales con menor acceso a servicios y oportunidades. “Las remesas cumplen una función de protección social y, al transformarse principalmente en consumo, generan efectos macroeconómicos”, comenta.
El economista Segundo Camino, docente del Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN), cree que las remesas podrían crecer hacia los $8.200 millones, por encima de lo que el BCE prevé, debido al aumento sostenido de la migración ecuatoriana.
Estados Unidos concentra el 75 % de los envíos y mantiene una demanda laboral que permite a los migrantes obtener ingresos y enviar dinero a sus familias. España e Italia también representan una proporción importante, en conjunto, señala.
A pesar de que Estados Unidos, desde el 1 de enero, aplica un impuesto del 1 % al envío de ciertas remesas, las transacciones no se redujeron en el primer trimestre del año, sino que aumentaron. De enero a marzo de 2026 las transferencias desde Estados Unidos sumaron $ 1.441 millones, que representan el 77,6 % del flujo total recibido. El monto aumentó un 9,3 % frente al primer trimestre de 2025.
Que el impuesto estadounidense no haya alterado los desembolsos de los migrantes se entiende porque su magnitud es pequeña frente a otros gravámenes y prevalece la necesidad de sostener económicamente a las familias en Ecuador, observa Camino. Además, la dependencia de un solo país es menor al considerar los envíos procedentes de Europa.
Para los migrantes, ayudar a sus familiares tiene prioridad sobre el costo relativamente limitado del impuesto, agrega el docente del IAEN.
El nivel de ingresos que recibe el país por remesas es comparable con las exportaciones petroleras y de camarón, los principales productos de exportación del país.
Dada su relevancia, los expertos sugieren que desde los sectores público y privado se pueden promover y fortalecer programas enfocados a que parte de las remesas se pueda canalizar a ahorro e inversión para las familias receptoras.
Camino señala que el Gobierno ya ha impulsado iniciativas vinculadas a la vivienda popular y que se podrían ampliar estas políticas. Así, el Estado podría orientar parte de las remesas hacia vivienda, terrenos y otros activos, además de crear programas que ayuden a las familias a organizar sus finanzas. Y el sistema financiero podría ofrecer tasas preferenciales, productos de ahorro e inversión y mecanismos que conviertan los envíos en capital de largo plazo, en lugar de que se empleen totalmente en el consumo, opina.
Jurado añade que la estrategia en el sector financiero, particularmente cooperativo, debería combinar bancarización, educación financiera y productos que retengan parte del dinero recibido durante el mediano y largo plazo. Sin una base de ahorro no puede existir inversión sostenible, puntualiza. Por ello, la prioridad inicial es transformar la recepción de remesas —que ya impulsa la apertura de cuentas— en una relación financiera que genere ahorro, crédito productivo e inversión familiar. (I)
Fuente: El Universo