Ecuador produce camarón a menos de la mitad del costo de China. Esa ventaja ayuda a explicar cómo un país pequeño se convirtió en una potencia mundial del crustáceo y logró que sus exportaciones superaran a las de petróleo en 2025. The Economist destaca que detrás del salto hay genética, tecnología, escala y una cadena productiva cada vez más eficiente.
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El dato ayuda a entender una transformación que va mucho más allá de las piscinas camaroneras de la Costa. Según los datos recogidos por The Economist en su artículo “A prawn superpower rises”, producir un kilogramo de camarón cuesta alrededor de $2,40 en Ecuador, frente a $5,32 en China.
Es decir, el costo ecuatoriano es menos de la mitad del chino. Frente a India, otro de sus grandes competidores, la diferencia también es favorable: producir un kilogramo cuesta unos $2,99.
Esta ventaja de costos es una de las claves que permiten explicar cómo Ecuador, un país pequeño frente a gigantes asiáticos como China, India, Vietnam e Indonesia, logró convertirse en una potencia mundial del camarón.
Y el resultado ya se refleja en las exportaciones. En 2025, Ecuador vendió al exterior alrededor de $8.400 millones en camarón, por encima de los aproximadamente $7.750 millones de exportaciones petroleras. Por primera vez en la historia reciente, el crustáceo desplazó al crudo como principal producto de exportación del país.
¿Por qué Ecuador puede producir camarón más barato que China o India?
La explicación no está solamente en las condiciones naturales de la Costa ecuatoriana. Durante años, la industria ha construido una combinación de genética, bioseguridad, tecnología, automatización, economías de escala e integración empresarial que permitió elevar la productividad y reducir los costos.
En el delta del Guayas, principal zona de producción, el cultivo de camarón se parece cada vez menos a una actividad exclusivamente agrícola y más a un proceso industrial.
Laboratorios de larvas, piscinas, sistemas de alimentación, sensores, transporte y plantas de procesamiento forman parte de una cadena que busca controlar cada etapa y reducir las pérdidas.
Wolfgang Harten, de Grupo Almar, resume esa transformación con una comparación sencilla: “Es como una fábrica”.
La lógica es industrial: utilizar mejor el alimento, reducir la mortalidad, controlar el agua y el oxígeno, acelerar el crecimiento y producir más con los mismos recursos.
Cada mejora termina teniendo un efecto sobre el costo final. Menos desperdicio y mortalidad, combinados con mayor productividad, significan menos dólares por cada kilogramo producido.
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La genética se convirtió en una ventaja competitiva del camarón ecuatoriano
Uno de los cambios más importantes se produjo en la genética del camarón.
El mejoramiento genético permite desarrollar animales más resistentes, productivos y capaces de adaptarse mejor a las condiciones de cultivo. Esto resulta especialmente importante en una industria que históricamente ha enfrentado enfermedades capaces de provocar fuertes pérdidas.
La mayor resistencia reduce la mortalidad y permite aprovechar mejor el alimento y la infraestructura disponible.
A esto se suman sistemas de bioseguridad y monitoreo que permiten controlar variables críticas de las piscinas y detectar problemas con mayor rapidez.
La tecnología también ha comenzado a ocupar un papel cada vez mayor. Sensores y equipos permiten monitorear parámetros como oxígeno y calidad del agua, mientras los sistemas automatizados ayudan a optimizar la alimentación. El objetivo final en Ecuador es producir más camarón utilizando menos recursos
La industria camaronera ecuatoriana está integrada para bajar costos
La ventaja ecuatoriana también está relacionada con la estructura de la industria. Las grandes empresas pueden participar en varias etapas de la cadena: genética, producción de larvas, alimentación, cultivo, procesamiento, logística y exportación.
Esta integración permite controlar mejor los costos y la calidad, además de aprovechar economías de escala.
El camarón, por tanto, dejó de ser simplemente un producto cultivado en piscinas. A su alrededor se desarrolló una cadena que involucra laboratorios, fabricantes de alimento, transporte, puertos, plantas procesadoras, empaques, logística, servicios financieros y tecnología.
Según los datos asociados al análisis de The Economist, la actividad camaronera representa alrededor del 6% del PIB ecuatoriano y genera empleo equivalente a aproximadamente 1,6% de la población.
La competitividad del camarón, entonces, no depende de un solo elemento. Es el resultado de una cadena productiva que durante años ha buscado ganar eficiencia.
La eficiencia detrás del liderazgo mundial del camarón ecuatoriano
La comparación con China permite dimensionar mejor el alcance de esa transformación.
Producir un kilogramo de camarón cuesta aproximadamente $5,32 en China, frente a $2,40 en Ecuador. La diferencia es de $2,92 por kilogramo.
Esto significa que, por cada kilogramo producido, Ecuador enfrenta un costo equivalente a alrededor del 45% del costo chino.
Esa brecha ayuda a entender por qué Ecuador pudo competir con países que tienen mercados internos mucho mayores, más población y una larga tradición acuícola.
No se trata únicamente de producir más. La clave es producir a un costo suficientemente bajo como para competir en el mercado internacional.
Y Ecuador ya lo había demostrado antes de los recientes cambios comerciales. En 2020 se convirtió en el principal exportador mundial de camarón, superando a India.
En 2025, sus exportaciones de camarón superaron los $8.000 millones y, según el análisis de The Economist, fueron mayores que las exportaciones combinadas de camarón de India, Vietnam e Indonesia.
Por eso la revista británica habla del surgimiento de una “superpotencia” del camarón.
De petroestado a “pescoestado”: el camarón cambia la economía exportadora de Ecuador
La ventaja de costos terminó convirtiéndose en una ventaja comercial. El crecimiento de la producción permitió que el camarón ganara espacio en mercados internacionales y que Ecuador diversificara sus fuentes de divisas.
El cambio es particularmente significativo porque ocurre en un país cuya economía estuvo históricamente asociada al petróleo.
Durante aproximadamente cinco décadas, el crudo fue uno de los principales pilares de las exportaciones ecuatorianas. Ahora el camarón ocupa el primer lugar.
The Economist incluso plantea una comparación llamativa: Ecuador empieza a parecer menos un “petroestado” y más un “pescoestado”.
La expresión no significa que el petróleo haya dejado de ser relevante. Lo que refleja es un cambio en el centro de gravedad de las exportaciones.
En 2025, la diferencia fue clara: $8.400 millones de camarón frente a $7.750 millones de petróleo.
EE. UU. da un nuevo empujón al camarón ecuatoriano frente a India
A la competitividad productiva se sumó recientemente una ventaja comercial.
Estados Unidos incrementó fuertemente los aranceles aplicados al camarón proveniente de India, mientras Ecuador enfrentó una tarifa considerablemente menor. Según los datos recogidos por The Economist, en 2025 la tarifa estadounidense llegó a alrededor del 60% para el camarón indio, frente a cerca del 10% para Ecuador.
Esto favoreció un desplazamiento de parte de la demanda estadounidense hacia el producto ecuatoriano.
Pero el factor arancelario no explica por sí solo el liderazgo. Ecuador ya había superado a India como principal exportador mundial en 2020. La diferencia de costos y la productividad fueron construyendo la ventaja antes de que apareciera este nuevo impulso comercial.
Los aranceles, en ese sentido, funcionan como un acelerador de una industria que ya había desarrollado una posición competitiva.
Ecuador debe seguir innovando para mantener su liderazgo camaronero
La posición alcanzada no está garantizada. La industria debe enfrentar riesgos relacionados con precios internacionales, enfermedades, costos del alimento, regulaciones ambientales, competencia de otros productores y cambios en la demanda de mercados como China y Estados Unidos.
La propia dinámica mundial del sector puede cambiar. La FAO ha señalado que en 2024 el comercio internacional de camarón se contrajo tanto en volumen como en valor, aunque Ecuador tuvo un comportamiento diferente al de algunos de sus competidores.
Por eso, la ventaja de costos tendrá que mantenerse. Eso implica continuar invirtiendo en genética, tecnología, bioseguridad y productividad. También significa proteger la eficiencia que permitió construir la diferencia frente a sus competidores.
La historia que cuenta The Economist es, en última instancia, la de una industria que consiguió convertir una condición natural en una ventaja productiva medible.
El resultado ya cambió el mapa de las exportaciones ecuatorianas: el camarón no solo cuesta menos de la mitad que en China; en 2025 también generó más divisas para Ecuador que el petróleo.
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