Guayaquil registró menos incendios forestales durante los primeros siete meses de 2026, pero los que ocurrieron dejaron una superficie considerablemente mayor afectada. Entre enero y julio de este año se contabilizaron 187 emergencias, frente a las 192 registradas en el mismo periodo de 2025. Esto representa una reducción del 2,60 %.
El comportamiento cambia al comparar las hectáreas consumidas. Mientras entre enero y julio de 2025 el fuego afectó 104,96 hectáreas, en igual periodo de 2026 la superficie llegó a 395,82 hectáreas.
Es decir, la cantidad de emergencias disminuyó, pero el área afectada aumentó y casi se triplicó en un año. Esta diferencia constituye uno de los principales datos del balance del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Guayaquil.
El mayor Carlos Salazar, jefe de la División Forestal y Ambiental del Cuerpo de Bomberos, explicó que el comportamiento está relacionado con las condiciones climáticas y con el inicio de la temporada forestal en el Litoral ecuatoriano.
Factores climáticos y retraso de la temporada seca
Habitualmente, esta etapa comienza entre junio y julio y alcanza sus mayores intensidades durante agosto y septiembre. Sin embargo, durante 2026 las lluvias esporádicas y la humedad prolongaron el inicio del periodo seco.
Salazar señaló que este comportamiento produjo una “dilatación de la temporada forestal”. Incluso durante julio, un mes en el que normalmente la Costa registra condiciones más secas, se presentaron precipitaciones que ayudaron a mantener la humedad de la vegetación.
Ahora el escenario comienza a cambiar. Con el avance de agosto, la vegetación pierde humedad y aumenta la posibilidad de que el material vegetal seco actúe como combustible.
Hasta el 11 de agosto, Bomberos contabilizaba 34 incendios forestales durante ese mes. Salazar indicó que la actividad representa un incremento de entre 15 % y 20 % respecto de los meses anteriores.
Salazar anticipó que septiembre, octubre y noviembre podrían presentar condiciones más favorables para la propagación del fuego debido al incremento de las temperaturas y la sequedad de la vegetación.
Incendios más extensos
La reducción en el número de emergencias no significa que los incendios hayan sido menos relevantes. Por el contrario, el incremento de la superficie afectada evidencia que algunos eventos alcanzaron una mayor extensión o permanecieron activos durante más tiempo.
Salazar explicó que un incendio forestal puede mantenerse durante cuatro, cinco, ocho horas o más, dependiendo de las condiciones del terreno, el viento, la vegetación y la posibilidad de acceso de los equipos de emergencia.
En sectores como Socio Vivienda, las características del terreno y el desarrollo irregular pueden dificultar el ingreso de los vehículos de Bomberos. A esto se suman factores de seguridad que pueden complicar las labores de control.
La institución cuenta con aproximadamente 200 efectivos acreditados para labores forestales, además de herramientas especializadas y drones que permiten observar desde el aire el avance de las llamas y determinar las zonas que requieren intervención.
Cuando la magnitud del incendio lo exige, también se coordina apoyo aéreo con la base aérea de Taura y el sector militar para realizar descargas de agua sobre la cabeza del incendio, es decir, la zona donde el fuego avanza con mayor velocidad.
El 98 % tiene relación con acciones humanas
Aunque las condiciones climáticas favorecen la propagación del fuego, Bomberos identifica a las actividades humanas como el principal factor de origen.
Según Salazar, estudios y modelos internacionales utilizados en Europa y Latinoamérica establecen que alrededor del 98 % de los incendios forestales es de origen antrópico.
Entre las prácticas que pueden desencadenarlos están la quema de basura, la disposición inadecuada de residuos vegetales y la quema de cables para extraer cobre.
El riesgo también aumenta con la expansión urbana hacia zonas de vegetación. Socio Vivienda, Monte Sinaí y sectores próximos a la vía a la costa figuran entre los puntos donde se presentan estos eventos con frecuencia.
El crecimiento de urbanizaciones hacia áreas cercanas al prebosque también genera nuevos puntos de contacto entre las zonas habitadas y la vegetación. Salazar mencionó los alrededores de Cerro Blanco y Cerro Azul como sectores donde este fenómeno es visible.
“A medida que el desarrollo urbanístico va creciendo, se presenta este tema de incendios”, explicó.
Guayaquil cuenta desde 2024 con una ordenanza para el manejo integral de incendios forestales, mientras Bomberos realiza controles y campañas preventivas durante el año.
La evolución de agosto será determinante. Con el inicio de la etapa más seca y los meses de mayor intensidad todavía por delante, la principal preocupación ya no es únicamente cuántos incendios se registran, sino cuánto territorio puede consumir cada uno. (I)
Fuente: El Universo