El estruendo de las excavadoras, grúas y bulldozers se apoderó el domingo de las urbes colombianas golpeadas por el terremoto, mientras los equipos trabajaban sin descanso para remover los escombros, aunque las probabilidades de hallar supervivientes eran reducidas una semana después de la catástrofe.
El sismo de magnitud 7,4 registrado el pasado lunes dejó cerca de 300 víctimas mortales y arrasó con miles de edificaciones. Según las autoridades, al menos 140 personas permanecen desaparecidas.
En Pereira, una de las localidades occidentales más afectadas, Andrés Cano, un estudiante de enfermería de 30 años, admitió que la ilusión de encontrar supervivientes “es mucho menor ahora”.
“Te sientes agotado, es principalmente fatiga mental”, expresó mientras permanecía junto a un grupo de amigos ataviados con chalecos y cascos naranjas.
El terremoto supone la primera gran prueba para el gobierno del presidente de derecha Abelardo de la Espriella, quien asumió el cargo apenas tres días antes del desastre. El sábado, solicitó a su aliado estadounidense, el presidente Donald Trump, una suspensión temporal de los aranceles para apoyar la recuperación del país.
Cerca de 27.000 viviendas quedaron destruidas y muchos damnificados no tienen a dónde ir. Varios durmieron en colchones o camas improvisadas a la intemperie.

En los refugios se exhibieron códigos QR para que los afectados pudieran reportar la desaparición de familiares o los daños sufridos en sus propiedades.
En las zonas más golpeadas, muchos edificios fueron marcados con una “X” roja para alertar sobre el peligro de derrumbe y prohibir el paso peatonal.
En Cali, en el suroeste del país, Jorge León describió el dolor de “empezar de cero” mientras caminaba junto a un camión amarillo repleto de sus pertenencias. “Es como si estuviera viviendo en una película o en un sueño; no logro asimilarlo del todo”, declaró el abogado de 41 años.
El alcalde de Cali, Alejandro Eder, estimó que la reconstrucción de la tercera ciudad más grande de Colombia costará al menos 3.200 millones de dólares.
Colombia ha recibido millones de dólares en ayuda de países como Estados Unidos y organizaciones como el Banco Mundial, pero la reconstrucción tomará tiempo.
En la pared de un edificio de cinco pisos que colapsó tras el terremoto, un rescatista marcó una “V” roja cruzada por una línea horizontal, señalando el fin de la búsqueda de posibles supervivientes.

Sin embargo, los rescatistas voluntarios se negaron a rendirse, pese a que las probabilidades de supervivencia se reducen drásticamente después de 72 horas. “Aunque nos han dicho que han pasado varios días, seguimos buscando supervivientes porque queremos mantener viva la esperanza”, afirmó Juan Carlos Tabares, un profesor de 58 años que lidera un equipo de rescate voluntario llamado “Valentia”, que significa “coraje”.
Fuente: Infobae