Rusia ataca graneleros y arriesga suministro mundial de alimentos

Desde un malecón en Odesa, un periodista fue testigo a finales de julio de cómo un dron se estrelló contra un buque de carga que navegaba a lo lejos en el mar Negro, levantando una columna de humo en el horizonte. El ataque es parte de una campaña rusa contra los buques mercantes que ha dejado casi paralizado el tráfico marítimo en el principal punto de conexión de Ucrania con la economía mundial.

La ofensiva llega al inicio de la temporada de cosecha y amenaza con desestabilizar las cadenas globales de suministro de alimentos, ya que Ucrania es uno de los mayores productores de granos como trigo, maíz y cebada. En 2022, el bloqueo ruso a los puertos ucranianos provocó un repunte en los precios internacionales y puso a unos 70 millones de personas en riesgo de inseguridad alimentaria aguda.

«Rusia está cazando a estos buques», dijo Dmytro Barinov, presidente de la Asociación de Puertos de Ucrania, en una entrevista. «Es una cacería profesional de buques civiles».

Según funcionarios ucranianos, entre junio y julio las fuerzas rusas atacaron al menos 50 barcos de carga y mataron a más de 30 civiles. Por su parte, Ucrania también ha golpeado sistemáticamente a buques cisterna y de carga vinculados a Rusia. La campaña marítima de Moscú parece ser una respuesta a la devastación causada por Kiev a la flota rusa en el mar de Azov y a los ataques continuos contra embarcaciones que llevan mercancías rusas, lo cual ha dejado a la Crimea ocupada aislada y con escasez de combustible.

El miércoles, antes del amanecer, Ucrania atacó el puerto ruso de Novorosíisk, en el mar Negro, con drones a reacción, misiles y sistemas navales no tripulados, según el presidente Volodímir Zelenski. Fueron alcanzadas posiciones de defensa aérea, muelles e infraestructura portuaria. En el ataque murieron tres personas, incluido un niño de 8 años, y resultaron dañados cerca de 60 edificios residenciales, informó el gobernador de la región de Krasnodar, Veniamin Kondratyev. El alcalde de la ciudad, Andrei Kravchenko, declaró el estado de emergencia y suspendió el suministro de agua tras dañarse dos tuberías principales.

Esta escalada forma parte de una batalla más amplia que amenaza uno de los pilares del orden internacional: la libertad de navegación. El sistema marítimo mundial está bajo presión por el uso creciente de drones, misiles antibuque y minas en lugares como el mar Rojo y el estrecho de Ormuz, que ha estado prácticamente cerrado desde que Estados Unidos e Israel atacaron a Irán en febrero.

En Odesa y otros dos puertos cercanos, el bloqueo ruso podría atrapar millones de toneladas de granos. Estos tres puertos representan aproximadamente el 60 por ciento de los ingresos mensuales por exportaciones de Ucrania, que suman 3500 millones de dólares. El Consejo Agrícola de Ucrania ha advertido sobre una posible ola de quiebras y solicita préstamos de emergencia y garantías estatales.

La situación evoca el bloqueo ruso de 2022, cuando la ONU y Turquía negociaron la Iniciativa de Granos del Mar Negro para reanudar el transporte marítimo. El acuerdo fracasó un año después, pero Ucrania había expulsado a los buques de guerra rusos de la parte noroccidental del mar Negro, lo que le permitió continuar sus operaciones.

Entre las decenas de embarcaciones alcanzadas en las últimas semanas se encuentra el granelero Golden Leo. Blesson Sebastian, segundo oficial de 28 años originario de Chennai, India, contó que había visitado Ucrania varias veces en los últimos ocho meses, pero en esta ocasión la intensidad de los ataques era mucho mayor. La tripulación evitó el puerto principal de Odesa y atracó en Chornomorsk, donde un buque vecino fue bombardeado con drones, matando a un oficial y a un guardia de seguridad. Dormían en búnkeres de acero.

El 19 de julio, el barco, cargado de grano, zarpó. Mientras se alejaba, Sebastian observó a familias disfrutando en la playa. Sentado en el puente, leyendo su Biblia, a las 4:30 p.m. sonó la alarma antiaérea cuando estaban a unos seis kilómetros del puerto. El piloto ucraniano Volodymyr Mykhailov les aconsejó bajar del puente, porque los drones rusos suelen atacar la cubierta de navegación. Al descender, un misil ruso impactó el casco.

«Llovió fuego», relató Sebastian. «Esto es todo», recordó haber pensado. «Es el fin».

Mykhailov fue lanzado contra él y quedó inconsciente. Murió en sus brazos. El capitán resultó gravemente quemado y el contramaestre perdió el conocimiento. Entre el humo cegador, los sobrevivientes abordaron un bote y vieron cómo el Golden Leo ardía «como un horno». Además de Mykhailov, nueve tripulantes murieron. El barco se hundió una semana después.

Elisabeth Braw, experta en amenazas marítimas del Atlantic Council, sostuvo que Rusia ejecuta una campaña sistemática e indiscriminada contra buques mercantes que transportan productos agrícolas y otra carga no militar, lo que viola tratados como la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

En cuanto a los ataques ucranianos, expertos marítimos señalaron que los barcos vinculados a Rusia son objetivo porque se utilizan para eludir sanciones y exportar energía que financia la guerra. Las naciones occidentales han interceptado algunos de estos buques de la llamada «flota fantasma». El miércoles, Vladimir Putin calificó esos esfuerzos de «piratería y robo» y prometió «responder de la misma manera» durante una visita a un buque de guerra en el Pacífico.

El teniente primero Oleksandr, comandante de la Novena División de Patrulleras de Ucrania, dijo que los drones rusos merodean a pocos kilómetros de la costa para «buscar» buques mercantes, y que también han atacado a los rescatistas. Solicitó omitir su apellido por protocolos militares.

Sebastian sufrió quemaduras de primer grado y decidió abandonar la navegación: «El dinero no es más importante que la vida».

Fuente: Infobae

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