La trama que culmina con la final del Mundial parece tejida con una lógica que desafía lo creíble. Si la pluma fuera de Fontanarrosa o Casciari, diríamos que es un relato demasiado gastado. Argentina y España comparten ese aire de ficción. Es el punto de llegada de un trayecto que regresa, con precisión milimétrica, al sitio donde alguna vez se creyó que todo terminaba.
El domingo, Messi vivirá su despedida de los Mundiales en el MetLife Stadium. Esa misma cancha que, hace una década, tras perder la final de la Copa América Centenario frente a Chile, lo vio anunciar entre lágrimas que dejaba la selección argentina.
Aquella noche del 26 de junio de 2016 se sintió como un adiós irreversible. Argentina acumulaba tres finales consecutivas perdidas: Alemania en Brasil 2014, Chile en la Copa América 2015 y nuevamente Chile, desde los doce pasos, en Estados Unidos. Messi soportaba un peso agobiante. Había fallado su penal en la definición y sentía que le había fallado al país entero.
“Lo primero que se me viene y lo pensaba en el vestuario es que ya está, se terminó para mí la Selección. No es para mí. Lamentablemente lo busqué, era lo que más deseaba, no se me dio, pero creo que ya está”, declaró con la voz quebrada.
Esa fue la estampa de un futbolista derrotado, atravesado por el dolor.

La renuncia que nunca se concretó
El anuncio de renuncia apenas duró unos pocos días. No llegó a perderse un solo partido. El clamor popular, el aliento de sus compañeros y, sobre todo, la certeza de que todavía faltaba algo por cumplir lo impulsaron a regresar.
Volvió con un look sorprendente: el pelo teñido de platino. También retomó una costumbre que jamás abandonaría: definir los partidos. En su regreso oficial, ya con Edgardo Bauza al mando en lugar de Gerardo Martino, anotó el gol del triunfo ante Uruguay en Mendoza.
Pero el sendero aún estaba lejos de ser placentero. Llegó el Mundial de Rusia 2018, una de las etapas más turbulentas de la historia reciente de la Selección. Argentina avanzó con dificultades y Francia la eliminó en octavos de final. Una vez más, parecía que todo volvía a comenzar. Y, en realidad, comenzaba de nuevo.

El equipo que le devolvió la libertad
Después de Rusia apareció Lionel Scaloni. Primero como una solución interina que parecía transitoria. Luego, como una apuesta definitiva.
Messi también necesitó reiniciarse. Se alejó por varios meses de la Selección y encontró refugio en Barcelona y en el silencio. Recién regresó en marzo de 2019. Mientras tanto, casi sin proponérselo como meta principal, el equipo comenzó una profunda reconstrucción.
La Copa América de Brasil fue el primer paso. Argentina terminó en el tercer puesto, pero surgió algo mucho más importante que un trofeo: un grupo humano sólido. Por primera vez en mucho tiempo, Messi ya no cargaba solo con la responsabilidad de ganar.

El alivio, la gloria y un nuevo debate
La Copa América 2021 rompió el hechizo. El título en el Maracaná le quitó una mochila que había llevado durante años. La Finalissima ante Italia confirmó que no era casualidad y fue un anticipo de lo que vendría. Y Qatar 2022 terminó de convertirlo en inmortal.
Aquella imagen levantando la Copa del Mundo parecía el cierre perfecto. Incluso su gesto de “ya está, ya está” durante los festejos transmitía que ya no quedaba nada más por conquistar. Pero Messi siguió escribiendo capítulos. Siguió rompiendo récords. Siguió ampliando una carrera que ya no admite comparaciones. Hoy, la discusión dejó de ser si es el mejor futbolista de todos los tiempos. Esa conversación parece resuelta para millones. La pregunta ahora es otra: ¿cuál fue la mejor versión de Messi? ¿El joven explosivo de Barcelona? ¿El conductor de la Scaloneta? ¿El campeón del mundo? ¿O este veterano que aprendió a disfrutar incluso del final del viaje?

El rival perfecto
Como si el destino quisiera exagerar aún más las coincidencias, enfrente estará España. El país que lo vio crecer, que lo formó futbolísticamente y cuya camiseta pudo haber vestido.
Cuando Messi era apenas una promesa de las inferiores de Barcelona, la Federación Española comenzó a seguirlo de cerca. La posibilidad de nacionalizarlo y convocarlo existía. En la AFA entendieron rápidamente el riesgo y organizaron un amistoso Sub 20 ante Paraguay, en 2004, para asegurarlo definitivamente con la camiseta argentina. Messi nunca dudó, siempre quiso jugar para Argentina.
Y ahora su último partido mundialista será justamente frente al seleccionado que alguna vez soñó con tenerlo y frente al bebé que sostuvo en una palangana. Como si faltara una última casualidad, del otro lado también estará Lamine Yamal.
La fotografía dio la vuelta al mundo hace apenas unos años, aunque fue tomada en 2007. En ella aparece un joven Messi sosteniendo dentro de una pequeña palangana a un bebé durante una producción solidaria organizada por Unicef, la Fundación Barcelona y el diario Sport para el calendario benéfico de 2008. El bebé era Lamine Yamal. La sesión había sido posible gracias a un sorteo realizado entre familias del barrio Rocafonda, en Mataró. Nadie imaginaba que ese niño terminaría siendo la gran figura del fútbol español. La historia, reconstruida por Pedro Molina en el libro “Fenómeno Lamine Yamal”, convirtió aquella imagen en una de las fotografías más simbólicas de la historia del deporte.

El final que merece la historia
El domingo no será un partido más. Será el último Mundial de Messi, (¿será el último mundial?) diez años después de aquella renuncia, en el mismo estadio donde creyó que todo había terminado, contra el país que pudo haber representado y frente al futbolista al que bañó en una palangana cuando apenas era un bebé.
El fútbol pocas veces ofrece simetrías tan perfectas. Y cuando aparecen, cuesta creer que sean casualidad. Hace diez años, Messi abandonó el MetLife convencido de que había fracasado con la camiseta argentina. Este domingo volverá como campeón del mundo, bicampeón de América, líder de la etapa más gloriosa de la historia de la Selección y protagonista de una carrera que modificó para siempre la forma de entender el fútbol.
Las grandes historias suelen cerrar donde empezaron. Ahora solo falta saber cómo terminará la última página.
Fuente: Infobae