La FIFA implementó un dispositivo sin precedentes para el Mundial de 2026, con el objetivo de que los 16 estadios de Canadá, Estados Unidos y México ofrecieran condiciones de juego uniformes. Esto implicó enfrentar un calendario de 104 partidos distribuidos en tres zonas climáticas y la necesidad de instalar césped natural reforzado incluso en recintos techados con poca luz solar, según reportó National Geographic.
La magnitud del desafío quedó clara en las cifras: más de 4.900 kilómetros separaban a los estadios más distantes, ocho sedes utilizaban habitualmente césped artificial y cinco contaban con cubierta. Para resolverlo, un equipo de la Universidad de Tennessee y la Universidad Estatal de Míchigan trabajó durante cinco años en la selección del pasto, su resistencia y su traslado.
La solución principal no fue el césped arrancado con métodos tradicionales, sino una superficie cultivada sobre plástico y una base de arena. Este sistema permitió conservar las raíces intactas y dejar el campo listo para su uso en un período mucho más corto, una condición crucial porque en algunos casos hubo partidos apenas 10 días después de la instalación.
El problema a evitar era concreto. El césped en rollos suele cultivarse sobre suelo nativo, pero ese método corta las raíces durante la cosecha y obliga a la planta a pasar por semanas de nuevo arraigo, un margen incompatible con ventanas de uso tan breves.
Cultivado sobre una lámina de plástico cubierta con 5 cm de arena, el césped desarrolló raíces que, al llegar a esa barrera, se expandieron lateralmente y formaron una red densa. Como esa estructura no se rompía al retirar el material, el estrés de la planta era menor y la superficie recuperaba condiciones de juego con mayor rapidez.

La mezcla de especies permitió ganar resistencia sin perder velocidad de implantación
Ese método también tenía un punto débil: una lluvia intensa durante la implantación podía arrastrar la arena expuesta por efecto de la barrera plástica. El riesgo era menor en los productores de césped de estación cálida, porque la bermuda se establecía rápido, y más delicado en los de estación fría, que trabajaban con pasto azul de Kentucky, de germinación más lenta.
Para corregirlo, los investigadores mezclaron pasto azul de Kentucky con raigrás perenne, una especie de implantación más veloz. Tras probar distintas proporciones, concluyeron que una fórmula de 84% de pasto azul de Kentucky y 16% de raigrás perenne producía, cuatro meses después de la siembra, una superficie más resistente que la obtenida con pasto azul de Kentucky puro.
Ese resultado salió del laboratorio y empezó a aplicarse desde 2025 en granjas de césped de toda Norteamérica. Su uso no quedó limitado a los proveedores de la Copa del Mundo.
La exigencia de durabilidad respondía al calendario del torneo.
“Un partido de la Copa del Mundo equivale a una Super Bowl”, dijeron responsables de la FIFA citados por el medio, al explicar por qué cada superficie debía tolerar una carga alta de encuentros y ceremonias; en algunos casos, un mismo campo recibió hasta nueve partidos en seis semanas.
Para aumentar la estabilidad, los técnicos incorporaron fibras de plástico al césped natural y formaron un sistema híbrido. A medida que el pasto crecía, las raíces se entrelazaban con esas fibras y consolidaban una base más firme; además, las fibras se tiñeron para mantener un tono verde uniforme si aparecía desgaste.
National Geographic detalló que ese sistema híbrido podía construirse de dos maneras: cosiendo fibras plásticas sobre un campo ya instalado o colocando una alfombra de fibras que luego se rellenaba con arena y se sembraba. El modelo cosido ya se utilizaba desde hace tiempo en partidos mundialistas, mientras que el de alfombra era mucho más reciente y solo se había usado en la Copa Mundial Femenina de 2023.

Tres sedes eligieron un sistema de alfombra y 14 estadios recibieron césped transportado
Los investigadores ensayaron ocho sistemas de alfombra y determinaron que todos podían cultivarse con éxito sobre plástico. También superaron las pruebas de rendimiento que exigía la FIFA en variables como rebote del balón, resistencia a la rotación y dureza de la superficie.
Tres ciudades sede adoptaron esa solución: Vancouver, Los Ángeles y Filadelfia. En paralelo, 14 de los 16 estadios recibieron césped cultivado sobre plástico, enrollado y enviado a los recintos durante la primavera de 2026.
La logística también cambió de escala. Parte del material recorrió distancias cortas, pero otra parte fue trasladada en camiones frigoríficos, una alternativa posible porque el sistema de raíces intactas toleraba mejor los trayectos prolongados.
Cinco estadios no recibían suficiente luz solar y por eso usaron céspedes de estación fría, que requerían menos luz que los de estación cálida. La comparación más clara apareció entre dos sedes del sur: el estadio al aire libre de Miami utilizó bermuda, mientras que el estadio cubierto de Houston, pese a una latitud similar, empleó la mezcla de pasto azul de Kentucky y raigrás perenne.
Esa decisión obligó a trasladar césped a larga distancia dentro de Estados Unidos. Granjas de estación fría ubicadas en Denver y Washington abastecieron a estadios con cúpula en regiones del sur, en una operación que, según la revista, resumió el nivel de innovación que exigió un torneo de ocho semanas repartido entre recintos abiertos, cerrados, cálidos y fríos.
Fuente: Infobae