Lionel Messi volvió a ser el eje del triunfo de Argentina en el Mundial. La victoria en Atlanta no fue una más: el capitán de 39 años entregó dos asistencias en los minutos finales para remontar el marcador en seis minutos y sellar un inolvidable 2-1 ante Inglaterra, que clasificó a la Selección a su séptima final en la historia de la Copa del Mundo.
El prestigioso diario británico The Guardian publicó una columna de opinión firmada por Barney Ronay, donde resalta la “inevitable fuerza de gravedad” del futbolista rosarino para “inclinar otra vez la balanza” a favor de la Albiceleste.
En el extenso texto, el columnista plantea como punto de partida: “Luchar, buscar, encontrar y no rendirse. Bueno, al menos no ante este rival”. Según su visión, Inglaterra chocó con sus propias limitaciones deportivas, pero “sobre todo, se topó con Lionel Messi, aún no estaba listo para rendirse. Al menos no así”.
El análisis recorre críticas a los referentes de los Three Lions –“Harry Kane básicamente hizo un poco de cardio ligero” tras el “único momento de lucidez” del equipo inglés con el gol de Anthony Gordon a los 55 minutos– y el desempeño excepcional de Messi.
El punto de inflexión
El quiebre llegó de la mano del legendario capitán argentino: “Pero fue el cambio lo que realmente los derrotó, uno de esos momentos en los que el reloj empieza a retroceder, el cielo se oscurece, la vaca realmente parece haber saltado sobre la luna, y la energía dentro del estadio gira repentinamente por completo en torno a esa figura encorvada y desgarbada vestida de azul oscuro que, partiendo de un trote lento, había empezado a hacer cosas extrañas y dolorosas, a acortar las distancias, a hacer que los objetos a su alrededor giraran a su favor. Y sintiendo también la falta de resistencia que venía del otro lado. De repente, todos los que estaban allí se encontraban en el espacio de Messi”.

Leo se puso el equipo al hombro para ese momento y dio la asistencia a Enzo Fernández para el golazo del empate a los 84 minutos, iniciando una furiosa remontada que demandó poco más de seis minutos. En ese marco, “Messi dio el golpe final” ante una Inglaterra que estaba “dispersa como marineros náufragos alrededor de su propia área con una única mano demacrada que, de alguna manera, aún se aferraba al timón”.
El jugador del Inter Miami recuperó el balón tras un disparo al poste de Alexis Mac Allister y preparó un centro perfecto con su pierna menos hábil, la derecha, que culminó con un cabezazo limpio de Lautaro Martínez para el 2-1. “El centro con su pie derecho fue lanzado con perfecta delicadeza hacia el único lugar lógico, como si alguien explicara muy despacio y con paciencia un problema de matemáticas. Por un instante, el balón pareció quedarse suspendido en el aire, una preciosa esfera blanca y suave, mientras el día se alargaba y todos los presentes en el estadio se convertían en Messi, anticipando el momento antes de que ocurriera”, describió el cronista presente en el estadio de Atlanta.
El cabezazo solitario de Lautaro Martínez oficializó lo que “se veía venir desde el momento en que Messi empezó a vislumbrar el final del partido, a sentir cómo desaparecían los obstáculos, las subtramas, a darse cuenta de que era el momento de aplicar toda su fuerza a las jugadas que tenía delante”.
Más allá de los “espasmos finales del cadáver del torneo de Inglaterra”, el partido estaba resuelto. Inglaterra se “acobardó” tras la ventaja y quedó “deslumbrada, borrada por una forma de genio deportivo que, incluso en sus días más tranquilos y confusos, acabará por encontrar su forma”.
El periodista eligió una elegante manera de describir la capacidad de Messi para mostrar sus habilidades: tras el silbatazo final, “Messi siguió caminando, buscando espacios, esquivando los cuerpos

tendidos de sus compañeros, con ambos puños en alto en medio de todo ese calor y esa luz”.
Además de señalar que Inglaterra hizo un mal partido, el periodista de The Guardian afirmó que fue el “día de Messi”. Tras conseguir el boleto a su tercera final de la Copa del Mundo, esta actuación anticipaba algo “diferente” porque “ya se había percibido algo nuevo en las actuaciones de Messi a lo largo de esa tensa trayectoria hasta la final” ya que “por momentos parecía estar al borde de algo, como un hombre que se despierta sobresaltado”.
El cronista no dudó en colmar de elogios al futbolista de 39 años con una figura peculiar: “Messi siempre ha tenido una ventaja clave sobre todos los demás jugadores. Puede jugar con Messi en cada partido”.
“Y Messi hace que todos los demás jugadores de su equipo sean mejores. Aporta un campo de gravedad propio, iluminando a sus compañeros con su presencia. Y siempre se lo pasa en grande, porque cada partido es un partido de Messi. Piénsalo: se trata de un hombre que, literalmente, nunca ha jugado un partido de fútbol en el que Messi no estuviera presente. Cada día es un día de Messi. No es de extrañar que le encante el fútbol. Como espectador, hay momentos en los que te dan ganas de darle un golpecito en el hombro y decirle: ‘Sabes que no siempre es así, ¿verdad?’”, expresó con agudeza.
Barney Ronay recordó que, hace más de 90 minutos en Atlanta, la primera acción de Messi fue “abrirse paso entre una maraña de cuerpos, moviéndose, como siempre, en su propio plano de espacio y tiempo”. En los tramos siguientes, los de Thomas Tuchel tuvieron su “momento”, pero “Messi siguió caminando, jugando al límite, un hombre para quien el juego suele estar esperando”.

Los ingleses no “supieron aprovechar” el viento a favor con el gol de Gordon y “casi de inmediato se derrumbaron cuando Messi comenzó a moverse con agilidad, a deslizarse entre las camisetas blancas, a lanzar esos pases engañosos y con efecto”.
“Al final, daba la sensación de que estaban ocurriendo dos cosas a la vez. Una selección de Inglaterra que se quedó paralizada, que no respondió a las indicaciones de su entrenador; pero que también se vio arrollada por la inevitabilidad de Messi, un gran talento de todos los tiempos que, de alguna manera, está ahí fuera recorriendo este escenario, reduciéndolo a su medida, y al que todavía no se le puede hacer frente”, reflexionó.
Fuente: Infobae