Entre las virtudes más destacadas de la selección española bajo el mando de Luis de la Fuente se encuentra su notable capacidad de adaptación. Durante la Eurocopa 2024, el equipo se apoyaba en los extremos: Lamine Yamal y Nico Williams aportaban velocidad, mientras que Rodrigo Hernández proporcionaba el equilibrio. Sin embargo, el técnico demostró que también sabía prescindir de ellos. En los cuartos de final contra Alemania, con todo por decidir, De la Fuente reemplazó a Lamine por Ferran Torres y a Nico por Mikel Merino, una decisión que generó temores de eliminación. No obstante, España avanzó a semifinales gracias a un gol de Merino. En la final, Rodri tuvo que abandonar el campo por lesión en la primera parte, siendo sustituido por Martín Zubimendi, quien realizó el partido de su vida.
En el camino hacia el Mundial 2026, pasando por la Nations League, De la Fuente ha enfrentado diversas ausencias tanto de sus dos jóvenes estrellas como del Balón de Oro, quien estuvo varios meses fuera por una rotura en el ligamento cruzado. A pesar de ello, España no ha perdido ni un solo encuentro. Los contratiempos se extendieron hasta la lista definitiva para viajar a Estados Unidos, con Lamine, Nico y Rodri, así como Merino, aún en proceso de recuperación. Además, Daniel Carvajal, lateral derecho de la Eurocopa, quedó fuera, dejando la banda en manos de Marcos Llorente o un Pedro Porro que llegó casi descendiendo con el Tottenham.

De la Fuente: humildad, reflejos y determinación
Con los recursos disponibles, De la Fuente ha construido otro equipo sólido. Ha apagado con victorias los fuegos de la portería o las dudas tras el empate contra Cabo Verde en el debut, manteniendo a Rodri en el once hasta que alcanzó su nivel máximo; con Lamine destacando sin ser sobresaliente, pero compensado por un Porro espectacular; con Álex Baena consolidándose en la posición de Nico; con Dani Olmo rápido, creativo y preciso en la mediapunta; con Aymeric Laporte y Pau Cubarsí consagrados como los mejores centrales del Mundial; con Marc Cucurella incisivo en ataque y contundente en defensa; con Fabián imperial por un Pedri cansado; con Unai Simón indiscutible como el portero menos goleado.
Lo demostrado ante Francia es la sublimación de las virtudes de De la Fuente como técnico. Lejos de aferrarse a un once o un esquema, de morir con sus ideas, ha tomado decisiones, incluso cuando estas evidenciaban un error inicial de lectura. O ha sabido reaccionar al estado de sus jugadores, sin importar el nombre. Por ejemplo, ha sentado a Pedri en cuartos y semifinales. La España del Mundial es diferente a la de la Eurocopa: ataca menos por los extremos, pero controla mejor el partido por dentro, con pases muy precisos, recuperando arriba sin precipitarse. Genera en los rivales una sensación de impotencia.
Sombras detrás de un balón, sin alcanzarlo
La lectura de los periódicos y analistas de Austria, Portugal, Bélgica y Francia es que no hubo partido, que sus equipos se marcharon al vestuario sin haber llegado a salir, apenas sin ocasiones, ni siquiera aproximaciones al área rival. Que volvieron a casa sin haber peleado. No es porque no lo intentaran, pero apenas les duraba el balón en los pies. España hace su partido y no deja hacer, hasta que el fruto cae maduro en forma de gol de Merino, penalti a Lamine o un indetectable Porro mano a mano frente a Maignan. Además, no ha ido por detrás en el marcador en todo el torneo. Y dejó a Uruguay cosiendo a patadas, a Thibaut Courtois y a Cristiano Ronaldo llorando, a Kylian Mbappé desesperado.
España circula el balón hasta que el árbitro pita el final, y su oponente se pregunta cómo no ha podido hacer más. Los interiores no se quedan parados y piden el balón; los centrales suben, ayudan y no la pierden; Unai actúa como hombre libre y se atreve con los pies; los laterales abren el campo. Once futbolistas haciendo que el balón no se detenga. Si alguno se cansa, al banquillo, se llame como se llame, para que la rueda siga girando.
Argentina no se asemeja a ninguno de los anteriores y parece difícil que España, aunque pueda dominar, logre acertar con el dardo somnífero que termina con sombras persiguiendo pases, menos aún si España logra adelantarse en el marcador, lo que despertaría la furia albiceleste vista contra Egipto o Inglaterra. Messi disputa además su ‘último baile’ en busca de la Copa Mundial, también del MVP, también del Balón de Oro, y sus compañeros quieren coronar la gesta final tras las memorables remontadas que le han traído aquí. El valioso De la Fuente tiene un último duro desafío: vencer en el tablero a un entrenador que formó él, Lionel Scaloni, con el mismo gen ganador, dispuesto al cuerpo a cuerpo por una nueva estrella en el pecho.
Fuente: Infobae