Biomasa: Ecuador desperdicia una fuente de energía que podría ahorrar $100 millones al año a las pymes

Ecuador enfrenta un problema energético que va mucho más allá del costo de los combustibles. Solo entre enero y abril de 2026, el Estado destinó $525 millones para subsidiar combustibles importados, una factura que sigue creciendo mientras el país desaprovecha un recurso disponible dentro de su propio territorio: la biomasa.

Gasolinas y diésel bajarán $0,05 desde el 12 de julio en Ecuador
Ese es el planteamiento del economista Carlos Luis Vaca, CEO de Tree Eco Energy, quien sostiene que la biomasa debe dejar de verse únicamente como una política ambiental y convertirse en una verdadera política industrial capaz de mejorar la competitividad del país, reducir la dependencia de combustibles importados y generar empleo.

«La biomasa no recibe ningún subsidio. Y aun así, seguimos tratándola como una causa ambiental en lugar de lo que es: política industrial», afirma Vaca en su análisis.

El análisis sostiene que el país no solo subsidia directamente el precio de los combustibles fósiles, sino que también asume un costo «invisible».

Según Vaca, además del subsidio fiscal existen otros costos que no suelen reflejarse en la contabilidad pública: la contaminación, la dependencia de mercados internacionales y la volatilidad de los precios.

«El combustible fósil recibe dos subsidios, uno explícito y otro implícito. La biomasa, ninguno. La pregunta no es si conviene: es cómo la convertimos en política de Estado.»

En ese contexto, recuerda que la soberanía energética se ha convertido en un tema prioritario a nivel mundial.
Cita que la Agencia Internacional de Energía (AIE) considera que los costos de la energía son hoy un factor determinante para la inversión, el empleo y la competitividad de las empresas.

Menos del 2% del potencial de la biomasa se aprovecha en Ecuador
La propuesta gira alrededor de la biomasa, es decir, residuos agrícolas, forestales y agroindustriales que pueden transformarse en combustible para producir energía o calor industrial.

Actualmente, gran parte de esos residuos termina siendo quemada o simplemente desechada. La idea consiste en incorporarlos nuevamente a la cadena productiva mediante procesos industriales que generen empleo, ingresos para transportistas, sustituyan el uso de diésel o GLP y reduzcan las emisiones de dióxido de carbono. El potencial todavía está prácticamente sin desarrollar.

De acuerdo con Vaca:

Ecuador utiliza menos del 2% de la biomasa con potencial energético.
El país dispone de cerca de 18 millones de toneladas anuales de residuos agrícolas y forestales que podrían aprovecharse.
Actualmente existen 156 megavatios (MW) instalados en generación con biomasa.
Ecuador pagó más por importar combustibles de lo que ganó exportando petróleo
Para Vaca, los recientes acontecimientos internacionales muestran por qué depender de combustibles importados representa un riesgo para la economía ecuatoriana.

Durante los 107 días del conflicto entre Estados Unidos e Irán, señala, el precio internacional del petróleo aumentó 63%. Sin embargo, Ecuador no obtuvo un beneficio neto de ese incremento.

Por el contrario, la factura por importar derivados, principalmente diésel y gasolinas, terminó siendo superior a los ingresos recibidos por las exportaciones de crudo, generando una salida de más de $336 millones entre enero y mayo de este año. «Esta brecha muestra lo que cuesta depender de un mercado que no controlamos», advierte.

Residuos de madera ya reemplazan miles de galones de combustible en Ecuador
El documento destaca que algunas industrias ecuatorianas ya están demostrando que el cambio es posible.
Uno de los ejemplos es Novopan, que transformó residuos forestales, como corteza de eucalipto y desechos de madera, para generar aproximadamente 30 MW térmicos.

Ese sistema permite:

Dejar de consumir alrededor de 450.000 galones de combustible al año
Evitar cerca de 51.500 toneladas de CO₂ anuales.
Además, menciona que sectores como el palmicultor, cafetalero y cacaotero también comienzan a desarrollar experiencias similares.

Duplicar la biomasa permitiría ahorrar millones en combustibles a las empresas ecuatorianas
La meta que propone Tree Eco Energy es duplicar la capacidad instalada en biomasa durante los próximos cinco años, pasando de los actuales 156 MW a entre 300 y 320 MW.

La expansión debería concentrarse especialmente en residuos agrícolas y forestales que hoy prácticamente no tienen uso energético. El beneficio económico sería significativo.

Según el cálculo preliminar presentado por Vaca, reemplazar progresivamente el diésel y el GLP mediante biomasa podría generar un ahorro cercano a $100 millones anuales para las pequeñas y medianas empresas (pymes) del país.

Menos subsidios y más inversión: la apuesta para impulsar la biomasa en Ecuador
Vaca sostiene que el impulso no pasa por crear nuevos subsidios, sino por facilitar la inversión privada. Entre las medidas planteadas figuran:

Agilizar la aplicación de incentivos tributarios como la doble deducción prevista en el COPCI;
Ampliar el acceso al crédito verde mediante la banca pública y organismos multilaterales;
Fortalecer la capacitación técnica para agricultores y operadores;
Facilitar la transferencia de conocimiento desde países con amplia experiencia en biomasa, como Brasil, España y los países nórdicos.
Para Vaca, el debate trasciende el ámbito ambiental. A su juicio, una política energética bien diseñada puede convertirse en un motor de transformación económica, tal como ocurrió en Brasil con el desarrollo del etanol de caña.

«La biomasa le ofrece a Ecuador esa misma palanca. Convierte a la agroindustria, de un sector que descarta residuos, en uno que produce energía, y reduce nuestra dependencia de los mercados externos. Es, en una palabra, bioeconomía; y en dos, soberanía energética.»

Vaca concluye con un llamado tanto al sector privado como al Estado para impulsar este cambio de enfoque.
«Es momento de abrir el diálogo. Confío en que, desde el sector privado y la contraparte estatal, seamos capaces de sumar en esta visión: una en la que más del 70% del gasto energético se queda entre el campo y la industria, generando ahorro y estabilidad, condiciones básicas de la competitividad. Ganamos todos».

 

 

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