Stephen Eustáquio, el héroe de Canadá que perdió a sus padres en 13 meses

Por la banda derecha, Jacob Shaffelburg avanzó y envió un centro que la defensa sudafricana rechazó de cabeza. El esférico cayó justo a los pies de Stephen Eustáquio, a unos 20 metros del arco. Corría el minuto 92 y en el SoFi Stadium de Inglewood nadie se atrevía a respirar.

Lo que siguió fue una volea con la pierna derecha, rasa, que se incrustó en el ángulo inferior izquierdo. Ronwen Williams no pudo hacer nada. La banca canadiense estalló en el campo. El estadio explotó de júbilo.

Canadá logró por primera vez en su historia avanzar a los octavos de final de una Copa del Mundo.

El tanto más trascendental en la historia del fútbol masculino de Canadá

Hasta ese domingo 28 de junio de 2026, ningún gol canadiense había significado superar una eliminatoria mundialista. Los hitos se habían ido acumulando con paciencia: el tanto que aseguró la clasificación al torneo, el que dio el primer punto, el que brindó la primera victoria. Pero un gol para continuar con vida en una fase eliminatoria era un terreno completamente nuevo.

Eustáquio disputó los 90 minutos completos. Durante el torneo, las exigencias físicas lo habían limitado antes. Esa tarde aguantó hasta el final, con las piernas cargadas y el partido aún sin definirse.

Antes de que Alphonso Davies ingresara al minuto 75, Eustáquio portaba el brazalete de capitán. Cuando el lateral del Bayern Múnich pisó el césped, Eustáquio se lo quitó y se lo colocó a él. Sin aspavientos, sin gestos. Así es su carácter.

De Leamington a Nazarenos: el fútbol aprendido en condiciones adversas

Stephen Antunes Eustáquio nació el 21 de diciembre de 1996 en Leamington, una localidad al sur de Ontario, en la frontera con Estados Unidos. Tenía siete años cuando su familia emigró a Portugal, y fue allá, en las canchas de tierra del interior luso, donde comenzó a formarse.

A los 16 años tomó una decisión que nadie comprendió: abandonó el equipo Sub 18 del Leiria —que jugaba en la primera división juvenil de Portugal— para unirse a su hermano Mauro en el Nazarenos, un club de cuarta categoría cuyos futbolistas tenían empleos diurnos. Su hermano lo explicó posteriormente: “Todos eran más fuertes y más rápidos. Eso lo obligó a leer el juego antes que nadie.”

Al mismo tiempo, como su familia no podía pagar un gimnasio, Stephen consiguió una pasantía en uno para usar las instalaciones después de su turno. Entre los 16 y los 20 años evitaba las frituras y era el primero en irse de las fiestas.

El ascenso no fue sencillo. En 2018, Cruz Azul lo contrató y sufrió una grave lesión: una rotura de ligamentos cruzados lo dejó fuera casi un año entero. Cuando regresó, ni siquiera llegó al primer equipo. Tuvo que reconstruirse desde cero, volver a Portugal y demostrar en el Paços de Ferreira —donde fue titular en los 63 partidos que disputó entre 2019 y 2021— que aún era un futbolista de elite.

El FC Porto lo fichó en 2021. En cinco temporadas sumó 103 apariciones, participó en Champions League, Europa League y el Mundial de Clubes 2025.

La decisión de 2019: optar por Canadá en lugar de Portugal

Eustáquio pudo haber defendido la camiseta de Portugal. Incluso disputó partidos con la Sub 21 lusa junto a João Félix y Diogo Jota. Pero en 2019 tomó otra determinación que no requirió mucha reflexión. Le había repetido a su hermano una frase que lo resumía todo: “Canadá le dio todo a nuestra familia. Es mi momento de devolverle algo”.

Debutó con la selección canadiense el 15 de noviembre de 2019. Desde entonces acumula 54 partidos y cuatro goles internacionales. En Qatar 2022 jugó dos encuentros, 126 minutos. Llegó con fatiga acumulada y lo reconoció sin rodeos. Para este Mundial declaró que el préstamo en el LAFC —que llegó en febrero de 2026 con la mira puesta en el torneo— “realmente sirvió a sus necesidades” y que llegaba “listo”, en contraste con lo que había vivido cuatro años antes.

Dos pérdidas en doce meses

Stephen Eustáquio, junto a sus padres (@stepheustaquio)
Stephen Eustáquio, junto a sus padresFuente: @stepheustaquio

The Athletic documentó en julio de 2024 lo que Eustáquio había atravesado en el año previo. Es una historia que cuesta leer de corrido.

Su madre Esmeralda fue diagnosticada con cáncer cerebral en 2022. Hacia el final, había perdido casi por completo la capacidad de hablar con su hijo. Ni ella ni su padre Armando pudieron viajar a Qatar para verlo jugar.

El 15 de abril de 2023, Eustáquio se preparó para el partido del Porto ante el Santa Clara como siempre lo hacía. Salió del túnel y buscó con la mirada a su familia en las gradas. No estaban. El pánico lo paralizó. Lo que no sabía era que, horas antes del partido, Esmeralda había muerto.

La televisión local ya lo informaba. Algunos hinchas en el estadio probablemente ya lo sabían cuando él saltó al campo. El técnico Sérgio Conceição lo sustituyó en el minuto 56 sin darle explicaciones completas: solo le dijo que la condición de su madre había empeorado. Al salir hacia el vestuario, Eustáquio encontró a su novia y al médico de su madre esperándolo. Ahí entendió todo.

“No quería ser egoísta y pensar: quiero que mi madre viva aunque sea en esas condiciones”, dijo después.

Conceição le ofreció casi dos semanas de licencia. Eustáquio no las tomó. Quería seguir jugando, esta vez por su padre.

Armando Eustáquio había trabajado durante años en ferris que cruzaban entre Inglaterra y Francia: dos semanas embarcado, dos semanas en tierra. Con ese dinero financió los sueños de fútbol de su hijo cuando era chico. No siempre pudo verlo jugar, pero nunca dejaron de hablar después de cada partido. Armando se había convertido en hincha del Porto.

En abril de 2024, después de un turno en Francia, Armando sintió un dolor cerca del hombro. Los médicos locales le dijeron que el corazón estaba bien, que probablemente era un nervio pinzado. Tres semanas después sufrió un infarto y murió.

Eustáquio había perdido a sus dos padres en menos de trece meses.

“Si perdés a alguien, vas a estar más comprometido con todo lo que podés controlar en tu vida”, dijo en una entrevista con The Athletic durante la Copa América 2024.

El técnico Jesse Marsch lo retrató con precisión: “Es, quizás, la persona mentalmente más madura, cuidadosa, clara y segura del equipo. A veces pasa desapercibido, pero es claramente uno de los más importantes en todo este proyecto”.

El Mundial que Esmeralda y Armando no pudieron ver

Stephen Eustáquio, junto a su esposa Constança Damião y la hija de ambos (@stepheustaquio)
Stephen Eustáquio, junto a su esposa Constança Damião y la hija de ambosFuente: @stepheustaquio

Canadá llegó a la ronda de 32 tras empatar con Bosnia-Herzegovina (1-1), golear a Qatar (6-0) y perder ante Suiza (1-2). Eustáquio disputó los tres partidos y acumuló 212 minutos como vicecapitán del equipo.

El cruce ante Sudáfrica era el primero en la historia del fútbol masculino canadiense en una fase eliminatoria de un Mundial. Ambas selecciones llegaban a ese partido sin haber ganado nunca un juego de esa instancia.

Durante 90 minutos, ninguna lo pudo resolver. Sudáfrica, que había eliminado a Corea del Sur en el grupo con una actuación histórica para el fútbol africano, defendió con orden y esperó su momento. Williams tapó cinco remates canadienses.

Entonces Shaffelburg corrió por la derecha…

Antes del torneo, Eustáquio había dicho que ahora jugaba cada partido pensando que podía ser el último de su vida. A los 20 años, contó, eso no se le cruzaba por la cabeza. “Era un chico, era ingenuo. Pero ahora tengo que considerar: ¿para qué estoy acá?”.

Canadá jugará los octavos de final el 4 de julio en Houston, ante el ganador del partido entre Marruecos y los Países Bajos.

Fuente: Infobae

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