Colectivos LGBTIQ+ recorren la 9 de Octubre y el Malecón en una nueva jornada del Orgullo

La alegría de estar presentes se bailó este sábado por la avenida 9 de Octubre. Sonrisas, abrazos y música acompañaron el recorrido por el Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+. Cada persona tenía una razón distinta para estar ahí.

Ya sea el de vencer un miedo, apoyar a un ser querido, recordar a quienes ya no están o pedir respeto para vivir con libertad.

Montados en carros alegóricos y al son de las canciones, se dirigieron hacia el Palacio de Cristal, donde se tenía previsto un encuentro.

Unos asistían por primera vez, había quienes regresaban cada año y personas que aprovecharon el recorrido para recordar que todavía existen derechos por los que sienten necesario seguir levantando la voz.

Experiencias personales en la marcha
Cristina Morán decidió que este sería el año para acompañar la marcha. Hace apenas un mes cumplió 21 años y, aunque durante mucho tiempo quiso asistir, según ella, antes no reunió el valor suficiente para hacerlo. Llegó acompañada por dos amigas que no pertenecen a la comunidad LGBTIQ+ y terminó encontrando una celebración muy distinta a la que imaginaba.

“Pensé que era una marcha más tranquila, pero es superdivertida, muy juvenil. No me arrepiento de haber venido y volvería el próximo año”, contó.

Explicó que durante mucho tiempo el miedo fue suficiente para quedarse en casa. Esta vez sintió que ya no quería seguir postergando esa decisión.

“Ya me cansé. Voy a ser feliz hasta que la vida me lo permita. Quienes me quieran, bien; quienes no, bueno, chao”, expresó.

A pocos metros caminaba Justin Delgado, un psicólogo que lleva nueve años asistiendo. Recordó que la primera ocasión llegó porque una actividad universitaria lo llevó hasta la marcha.

Confesó que entonces todavía cargaba prejuicios sobre la comunidad y que esa experiencia cambió su forma de verla.

“Vine porque me obligaron por la facultad. Llegué con tabúes, pero cuando ya estás aquí sientes que la comunidad te abraza”, relató.

Aclaró que no forma parte de la comunidad LGBTIQ+, aunque continúa participando porque considera importante respaldar la diversidad. Cada año invita a una persona distinta para que conozca el recorrido.

“Siempre traigo a alguien diferente. Me gusta que viva esta experiencia”, comentó.

El trayecto y otros testimonios
El recorrido partió de la plaza Centenario, avanzó por la avenida 9 de Octubre, continuó hacia el Malecón Simón Bolívar y concluyó en el Palacio de Cristal.

Durante el trayecto, personas bailaban alrededor de las chivas, levantaban abanicos multicolores, saludaban a quienes observaban el paso del desfile y se detenían para fotografías junto a amigos y familiares.

Johanna Pichú, de 27 años, participó por segunda ocasión. Para ella, caminar junto al resto de asistentes representa una forma de acompañar a quienes todavía no pueden hacerlo libremente.

“Estamos aquí por las personas que no pueden luchar por sus derechos y por quienes ya no pueden estar con nosotros”, manifestó.

Añadió que espera que más personas se animen a participar en futuras ediciones.

“Ojalá el próximo año puedan darse un tiempo para venir. Es muy bonito porque aquí todos compartimos”, señaló.

La lucha por la visibilidad y el apoyo
Una participante que prefirió mantener su nombre en reserva explicó que lleva más de diez años asistiendo a la marcha. Decidió no identificarse porque considera que todavía existen estigmas en la sociedad, sobre todo en el ámbito laboral.

“Todavía existen esos miedos y por eso prefiero no decir mi nombre. Hay personas que siguen sintiendo temor”, comentó.

Explicó que acudió acompañada por una amiga y la hija de ella porque considera que las redes de apoyo siguen siendo importantes para muchas personas.

“No están solos. Hay personas que los van a acompañar y espacios donde pueden sentirse en confianza”, expresó antes de continuar el recorrido entre música, baile y aplausos del público que seguía el paso de la marcha desde las veredas.

Fuente: El Universo

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