Elecciones clave de 2026 que definirán el rumbo del conflicto en Medio Oriente

A pesar de la tregua vigente, el conflicto en Medio Oriente sigue marcando la agenda política mundial y será un factor determinante en cuatro procesos electorales que se desarrollarán durante la segunda mitad de 2026 en los países más directamente involucrados. El primero en la lista es Estados Unidos, que celebrará sus elecciones de medio mandato el próximo 3 de noviembre. Aunque estos comicios no suelen tener gran relevancia política, existen excepciones. La última vez que un presidente estadounidense logró ganar una elección de medio mandato fue con George W. Bush, impulsado por la conmoción nacional tras los atentados del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

Hoy, la guerra en Medio Oriente se perfila como uno de los factores que podría costarle la victoria a Donald Trump. Según encuestas recientes, dos de cada tres estadounidenses se oponen a esta guerra y, por ahora, no votarían por el partido oficialista. Esta presión explica por qué Trump está haciendo concesiones favorables a Irán en las negociaciones, incluso contradiciendo posturas que mantuvo hasta hace pocas semanas. El mandatario sabe que el conflicto puede definir el resultado de la elección de medio mandato, en la que se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes (500 miembros) y un tercio del Senado. Aunque el Partido Republicano controla ambas cámaras, algunas votaciones sobre la guerra con Irán no han sido favorables al oficialismo. En el Senado, cuatro republicanos se sumaron a la oposición para ordenar al Ejecutivo la retirada del despliegue militar en Medio Oriente, aunque la Cámara de Representantes anuló esa decisión en 48 horas, evitando una derrota política significativa para Trump.

En el Reino Unido, la situación es igualmente delicada. A mediados de julio, el Parlamento británico deberá elegir a un nuevo primer ministro. En esta ocasión, solo los parlamentarios laboristas, que son mayoría en la Cámara de los Comunes, tendrán derecho a voto. El actual premier, Keir Starmer, ha visto erosionado su apoyo dentro de su propio partido debido al malestar ciudadano por los temas económicos y sociales, aunque la guerra ocupa un segundo plano. Bajo el gobierno conservador de Boris Johnson, que buscaba emular a Winston Churchill, el Reino Unido mantuvo un fuerte respaldo a Ucrania en su guerra con Rusia, incluso más comprometido que el de Estados Unidos. Con Starmer, ese compromiso disminuyó y, en la guerra de Medio Oriente, no acompañó la postura estadounidense contra Irán. Hoy, la imagen de Starmer entre la población es muy negativa, al igual que la del Partido Laborista en la opinión pública británica. Los parlamentarios laboristas que elegirán al próximo primer ministro se inclinan por Andy Burnham, actual diputado y alcalde de Manchester, quien acaba de ganar su escaño en Makerfield. Burnham es un político de hábitos sencillos y popular dentro de su partido, y probablemente no tenga contrincantes. La elección está prevista para el 16 o 17 de julio. Cabe recordar que el laborismo fue derrotado a nivel nacional en la última elección legislativa. Para la oposición, Starmer ha fracasado en temas como inmigración y la apertura petrolera en el Mar del Norte.

Es el sexto primer ministro en nueve años, lo que refleja una fuerte inestabilidad política en el Reino Unido.

Según el último estudio de Pew Research sobre la imagen de Donald Trump en el exterior, tres de cada cuatro británicos (74%) no confían en él ni en su manejo de los asuntos globales.

El 20 de septiembre se celebrarán elecciones legislativas en Rusia, donde se disputarán 450 escaños de la Duma Estatal, la cámara baja de la Asamblea Federal. En los rankings internacionales de calidad democrática, Rusia está clasificada como un régimen autoritario, por lo que no se descartan irregularidades que beneficien al oficialismo, especialmente en las regiones del interior del país. Zonas como Siberia, donde el esfuerzo y la colaboración con la guerra son mayores que en los grandes centros urbanos, podrían mostrar un apoyo más sólido al gobierno. Sin embargo, tras cuatro años y medio de guerra sin una perspectiva creíble de solución militar, el cansancio del ruso medio es evidente. Aunque Putin podría obtener más votos en regiones alejadas que en Moscú, el descontento crece. La economía rusa ha dejado de crecer y hoy se sitúa por debajo del 1%, lo que alimenta el malestar. Cuanto más se prolongue la guerra con Ucrania, mayor será el descontento hacia Putin, aunque su gobierno autoritario podría mantenerse. La única resistencia significativa que ha enfrentado hasta ahora fue la del grupo Wagner, cuyos mercenarios intentaron sublevarse hace un par de años. Esta será una elección legislativa de medio mandato.

En Israel, la próxima elección legislativa está programada para el 27 de octubre, con 120 escaños del Knesset en juego. La guerra en Medio Oriente será decisiva en los resultados. El Congreso israelí tiene la potestad de nombrar al primer ministro. Netanyahu cuenta con el apoyo de los sectores más ortodoxos, sostenido por la guerra contra Hamás. La propuesta de Trump para la paz con Irán ha generado malestar en estos grupos, que la consideran excesivamente “blanda” frente al extremismo islámico, representado, entre otros, por la Guardia Republicana iraní. La guerra con Estados Unidos ha favorecido políticamente a los sectores más radicalizados del régimen iraní. Hasta ahora, los procesos electorales en Israel se han considerado válidos, pero esto podría cambiar en el contexto de la guerra con Hamás. Una derrota de Netanyahu debilitaría políticamente a los sectores más extremistas israelíes en el conflicto con Irán. Su eventual caída favorecería a los sectores moderados que hoy son partidarios de un acuerdo, aunque este podría tener efectos ambivalentes en la opinión pública israelí.

Es claro que Netanyahu hará campaña bajo la bandera de continuar la guerra y no ceder ante las pretensiones de Irán y sus aliados regionales. Esto polarizará a los votantes israelíes, pero probablemente será una situación inevitable. No está claro cómo se organizará finalmente la oposición a Netanyahu, que deberá encontrar un candidato que aglutine a los descontentos con la continuación de la guerra y que impulse una negociación. La misma encuesta de Pew Research citada anteriormente señala que actualmente el 66% de los israelíes confía en la forma en que Trump maneja los asuntos internacionales, frente a un 33% que no confía en él.

En los próximos meses, las elecciones en el Reino Unido, Rusia, Israel y Estados Unidos moldearán el clima político en torno al conflicto de Medio Oriente e incluso al de Ucrania.

Fuente: Infobae

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