Desde el referéndum del Brexit en 2016, el Reino Unido ha experimentado una inestabilidad política que parece no tener fin. La dimisión de Keir Starmer este lunes añadió un nuevo capítulo a una década marcada por rebeliones internas, escándalos, crisis económicas y derrotas electorales. Con su salida, Downing Street se prepara para recibir a su séptimo primer ministro en apenas diez años, una cifra sin precedentes en la historia moderna del país.
La renuncia del líder laborista abre un periodo de transición que prolonga la agitación que ha afectado tanto a conservadores como a laboristas desde 2016. En este lapso, el Reino Unido ha sido gobernado por David Cameron, Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss, Rishi Sunak y el propio Keir Starmer. La elección de un sucesor en los próximos meses elevará esa cifra a siete.
Todo comenzó con el terremoto político del Brexit, que desencadenó una cadena de crisis que, con distintas características, terminó derribando a cada uno de los inquilinos del número 10 de Downing Street.

En enero de 2016, David Cameron parecía sólido al frente del Gobierno conservador. Sin embargo, el referéndum del 23 de junio de ese año cambió el rumbo de la política británica. La victoria de la opción favorable a abandonar la Unión Europea llevó al entonces primer ministro a anunciar su renuncia, argumentando que debía ser otro quien ejecutara la salida del bloque comunitario.
Su sucesora, Theresa May, asumió con la compleja tarea de negociar el Brexit. Durante casi tres años intentó sacar adelante distintos acuerdos con Bruselas, pero el repetido rechazo del Parlamento a sus propuestas terminó debilitando su autoridad. Incapaz de desbloquear la situación, anunció su dimisión en mayo de 2019.

El relevo recayó en Boris Johnson, uno de los principales impulsores de la campaña favorable al Brexit. Con una amplia victoria electoral en diciembre de 2019, logró completar la salida británica de la Unión Europea el 31 de enero de 2020, poniendo fin a 47 años de pertenencia al bloque.
Sin embargo, Johnson tampoco logró completar su mandato. Su Gobierno quedó marcado por una sucesión de polémicas, entre ellas el escándalo de las fiestas celebradas en Downing Street durante los confinamientos por la pandemia de COVID-19. La rebelión de ministros y legisladores conservadores acabó forzando su salida en julio de 2022.

Lo que siguió fue uno de los episodios más caóticos de la política británica moderna. Liz Truss llegó al poder con la promesa de impulsar un agresivo programa económico, pero sus planes de recortes fiscales sin financiación provocaron una fuerte reacción de los mercados, una caída de la libra esterlina y la intervención del Banco de Inglaterra. Apenas 45 días después de asumir, presentó su dimisión y se convirtió en la primera ministra con el mandato más breve de la historia contemporánea del Reino Unido.

Su sustituto, Rishi Sunak, heredó un Partido Conservador profundamente desgastado por años de divisiones internas. Aunque logró estabilizar parcialmente la situación económica y política, terminó convocando elecciones anticipadas para julio de 2024. El resultado fue devastador para los conservadores, que sufrieron la peor derrota electoral de su historia.

La victoria correspondió entonces al Partido Laborista liderado por Keir Starmer, quien regresó al poder después de 14 años en la oposición con la promesa de devolver la estabilidad al país y restaurar la confianza en las instituciones.
Pero menos de dos años después de asumir, Starmer anunció este lunes su dimisión como líder laborista y primer ministro tras reconocer que había perdido la confianza de una parte significativa de su grupo parlamentario.
En una declaración ante la residencia oficial de Downing Street, el dirigente confirmó que ya había comunicado su decisión al rey Carlos III y que permanecerá en funciones hasta que el Partido Laborista complete el proceso para elegir a un nuevo líder.
La renuncia llegó después de semanas de creciente presión interna, alimentada por los malos resultados obtenidos por los laboristas en las recientes elecciones locales en Inglaterra y regionales en Escocia y Gales. El escenario se agravó tras el ascenso político del ex alcalde de Mánchester Andy Burnham, considerado el principal favorito para sucederlo.

La sucesión de líderes contrasta con la imagen de estabilidad institucional que durante décadas caracterizó a la política británica. Entre 1979 y 2007, el Reino Unido tuvo únicamente tres primeros ministros —Margaret Thatcher, John Major y Tony Blair— durante un período de casi tres décadas. En los últimos diez años, en cambio, Downing Street habrá cambiado de ocupante siete veces.
Diez años después del referéndum que redefinió la relación del país con Europa, la política británica sigue lidiando con las consecuencias de aquella fractura. El próximo inquilino de Downing Street será el séptimo primer ministro desde entonces, una cifra que resume mejor que cualquier discurso hasta qué punto la estabilidad que alguna vez definió al sistema político británico se ha vuelto cada vez más difícil de encontrar.
Fuente: Infobae