Argentina enfrenta a Austria: el gran desafío del gegenpressing en el Mundial

La selección argentina superó su primer examen importante al vencer a Argelia y ahora tiene por delante el reto más complejo del Grupo J. El debut no solo trajo una victoria, sino que elevó la confianza del plantel, mostró a un Lionel Messi en estado de gracia y volvió a evidenciar una competitividad inquebrantable.

La semana previa estuvo marcada por agitación externa para el equipo. El ruido mediático se sintió en cada rincón del país. Sin embargo, algunas imágenes trajeron calma: un Messi arropado por su entorno albiceleste. Porque si algo ha logrado esta Selección a lo largo de los años es construir un grupo que sabe cómo proteger a su líder, tanto fuera como dentro de la cancha. Entre abrazos, risas, mates y la complicidad de los entrenamientos, la percepción fue clara: Messi no está solo y es feliz jugando al fútbol.

El capitán, que no se obsesiona con las marcas personales, está ante la oportunidad histórica de convertirse en el máximo goleador de los Mundiales. Dallas podría ser testigo de otro capítulo dorado. Si Messi vuelve a anotar, dejará atrás a Miroslav Klose y se quedará solo en la cima de los goleadores mundialistas. Su posible gol número 17 ya se vislumbra como un momento legendario.

Más allá de los récords que pueda alcanzar el rosarino, hay un aliciente adicional que hace especial este encuentro. La Scaloneta jugará sabiendo que un triunfo puede acercarla a Miami. Y hoy, Miami es sinónimo de Messi: la ciudad que lo adoptó y que él ayudó a enamorarse del fútbol. En una Copa del Mundo que parece ser la última de Leo, cada paso adquiere un valor único. Cada detalle cuenta. Para cualquier argentino, jugar en la tierra del capitán es un buen presagio.

Después de una semana de entrenamientos y evaluaciones físicas, Lionel Scaloni dejó algunas pistas. La primera variante confirmada y obligada es el ingreso de Nahuel Molina en el lateral derecho. Gonzalo Montiel completó la práctica tras la sobrecarga en el isquiotibial derecho y estará en el banco de suplentes.

Facundo Medina en el lateral izquierdo es otra de las ratificaciones. El jugador del Olympique de Marsella tuvo un debut prometedor y continuará en el carril que suele ocupar Nicolás Tagliafico, quien aún no está al cien por ciento para ser titular.

La otra gran duda está en el centro del ataque. Mientras Julián Álvarez sigue buscando su mejor forma física, Lautaro Martínez vuelve a ser candidato para el puesto de centrodelantero. El atacante del Inter llega en un gran momento, con confianza, y podría ser una solución para fijar a los centrales y atacar los espacios que suele dejar Austria cuando adelanta sus líneas.

Otra incógnita se ubica en el sector izquierdo del ataque. Thiago Almada y Nicolás González representan opciones muy distintas. El primero ofrece creatividad, pausa y capacidad de asociación entre líneas. El segundo aporta despliegue, agresividad y un sacrificio defensivo que el cuerpo técnico valora especialmente.

No es casual que González sea una de las debilidades de Scaloni. Su compromiso para retroceder, presionar y mantener esfuerzos prolongados lo convierte en una pieza de gran confianza. Frente a un rival de la intensidad física de Austria, esas cualidades pueden ser decisivas.

Además, el planteamiento austriaco podría ofrecerle un escenario favorable. Nicolás González es uno de los futbolistas más preparados para atacar los espacios detrás de la última línea. Más que una disputa de nombres, la elección entre Almada y González podría revelar qué tipo de partido imagina Argentina.

Austria y su renacer

Austria regresó a la Copa del Mundo después de 28 años de ausencia, logrando su octava participación. Su última aparición había sido en Francia 1998. Pero este retorno no se debe solo a una generación talentosa. Detrás está Ralf Rangnick, uno de los entrenadores más influyentes del fútbol alemán. Austria encontró en él mucho más que un seleccionador: encontró una identidad.

Ralf Rangnick no es un técnico cualquiera. Para muchos, es el padre intelectual de una de las corrientes tácticas más relevantes del fútbol moderno. Mucho antes de que Jürgen Klopp maravillara con el Borussia Dortmund o el Liverpool, Rangnick ya proponía una idea revolucionaria: presionar, recuperar y atacar a máxima velocidad. Todo en cuestión de segundos. El propio Klopp reconoció la influencia de Rangnick y lo definió como uno de los entrenadores alemanes más importantes de su generación.

Sus primeros laboratorios fueron el Ulm y, después, el Hoffenheim, un club pequeño que llevó desde divisiones inferiores hasta la Bundesliga. Luego llegó su gran obra: la construcción del modelo Red Bull en Salzburgo y Leipzig, donde convirtió la presión alta, las transiciones veloces y la agresividad sin pelota en una escuela futbolística. Él mismo describe su propuesta como “fútbol rock and roll”.

La huella de Rangnick se extiende más allá de Austria. Se puede rastrear en entrenadores como Thomas Tuchel, actual seleccionador de Inglaterra, Julian Nagelsmann o Ralph Hasenhüttl. Buena parte del fútbol alemán moderno se construyó sobre conceptos que Rangnick impulsó cuando aún parecían ideas contraculturales.

Austria llega con buen ritmo. En su debut mundialista superó 3-1 a una física Jordania. El equipo centroeuropeo afrontó el partido sin su gran figura, Christoph Baumgartner, quien quedó fuera por una lesión muscular en el muslo derecho. Sin él, Austria pierde gambeta y rebeldía.

Ante esa baja, Rangnick tuvo que reinventarse. La solución fue adelantar a Konrad Laimer, habitual lateral o volante todoterreno del Bayern Múnich, a una posición más cercana al área rival. El experimento funcionó y Austria conservó su intensidad y agresividad características.

Habrá una diferencia sustancial respecto al partido contra Argelia. Los argelinos prácticamente no presionaron. No buscaron arriba ni intentaron romper la circulación argentina. Austria es todo lo contrario.

La presión alta y asfixiante es uno de los pilares del equipo de Ralf Rangnick. Se conoce como gegenpressing: recuperar el balón lo más rápido posible tras perderlo, cerca del arco rival. Austria no deja respirar, obliga a decidir rápido y convierte cada pérdida en una ocasión de peligro.

Argentina, aunque tiene volantes de gran movilidad y capacidad asociativa, maneja otro ritmo. Por eso será clave gestionar las salidas desde el fondo. Austria intentará empujar al equipo de Scaloni hacia su propio arco y forzar errores cerca de Emiliano Martínez. Dos caminos se abren: sostener la identidad con pases cortos y rápidos, o saltar líneas aprovechando a Lautaro Martínez como referencia para descargar a jugadores más veloces.

El seleccionador austriaco Ralf Rangnick accede al terreno de juego antes del partido entre Austria y Jordania del Mundial 2026 (EFE/EPA/BENJAMIN FANJOY)
El seleccionador austriaco Ralf Rangnick accede al terreno de juego antes del partido entre Austria y Jordania del Mundial 2026Fuente: EFE/EPA/BENJAMIN FANJOY

La buena noticia para Argentina es que tiene intérpretes para ambas soluciones. Puede asociarse para escapar de la presión o jugar más directo cuando sea necesario. Lo más probable es que no elija una sola receta, sino que ambas variantes convivan y se alternen según el momento del partido.

Austria cuenta con nombres propios de peso. David Alaba, el central de 33 años, es el gran referente y capitán. El defensor del Real Madrid ha sufrido lesiones y no tuvo mucho ritmo en la temporada, pero sigue siendo un jugador de jerarquía, con buena salida y velocidad para defender al espacio. Deberá lidiar con el poderío argentino.

Konrad Laimer es, sin duda, el fenómeno del proyecto. El futbolista del Bayern Múnich tiene una capacidad asombrosa para jugar en múltiples posiciones. Su lectura de espacios, calidad en el uno contra uno y resistencia física lo convierten en el as de espadas de Austria. Habrá que ver si puede cantarle “retruco” a Cristian Romero y Lisandro Martínez.

Romano Schmid, extremo derecho, no tiene la misma fama que Marcel Sabitzer o Marko Arnautović, pero es uno de los jugadores más irreverentes del conjunto europeo. Tiene descaro para encarar, viene de marcar un golazo de media distancia contra Jordania y es un punto asociativo del equipo.

Austria será mucho más que un rival de ocasión. Será una prueba de carácter, de jerarquía y de madurez competitiva. Una de esas jornadas que sirven para confirmar dónde está parado un equipo que sueña en grande.

Más allá de cualquier análisis, queda disfrutar una nueva obra del gran maestro. Disfrutemos del partido número 201 de Lionel Messi, porque mientras siga vistiendo la camiseta argentina, cualquier tarde puede convertirse en un recuerdo imborrable. Somos contemporáneos de una historia en carne viva.

Nada es para siempre.

Fuente: Infobae

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