Con más de 88.000 espectadores llenando el estadio Jordan-Hare en Auburn, Alabama, la selección argentina disputó su último amistoso antes del debut en el Mundial 2026 frente a Islandia, logrando una victoria parcial de 2-0 al cierre de esta edición.
Antes del silbato inicial, el escenario —sede histórica del equipo universitario de fútbol americano Tigers de Auburn— ofreció un espectáculo poco común en el fútbol: el vuelo del águila. La tradición, llamada “War Eagle”, acompaña a los Tigres de Auburn desde hace casi tres décadas.
Las aves, entrenadas por el centro de rapaces de la Universidad de Auburn, realizan un vuelo alrededor del estadio antes de cada partido y aterrizan en el centro del campo. Como este fue el primer partido de fútbol en ese estadio —construido en 1939—, no se sabía si la ceremonia se repetiría, pero sucedió.
El origen del ritual se remonta a 1892, cuando un veterano de la Guerra Civil asistió a un partido contra Georgia con un águila rescatada, y durante el juego el ave voló sobre el campo mientras Auburn remontaba. Los hinchas lo tomaron como un presagio y el grito quedó instalado.
Lionel Messi iba a ser el encargado de protagonizar el ritual junto al águila, pero el astro comenzó en el banco y le cedió la cinta a Nicolás Otamendi. Aun desde fuera, su presencia fue ineludible: cada vez que las cámaras lo enfocaban, el estadio coreaba su nombre. Cuando Valentín Barco abrió el marcador a los 7 minutos con una volea de cara externa, Messi —junto a su compañero en el Inter Miami, Rodrigo De Paul— solo aplaudió el tanto del ex Boca Juniors.
Lo que pocos sabían es que el gol del Colo Barco ya tenía historia propia. Su pareja, Yaz Jaureguy, publicó en Instagram una captura de una conversación de WhatsApp en la que el delantero de 21 años escribió: “dale, que hoy hago un gol”. Ella acompañó la imagen con la frase “Nunca falla” y un extracto del festejo. Antes del partido, durante los himnos, también publicó una historia con un simple “¡Vamos!” de aliento.

En el vestuario, los rituales también tuvieron su lugar. Emiliano “Dibu” Martínez salió a calentar con un mate que llevaba estampada su atajada del penal decisivo a Francia en el Mundial 2022, mientras que Leandro Paredes y De Paul mantuvieron su clásico intercambio de caramelos antes del partido, una costumbre que los sigue jornada tras jornada.
Messi ingresó cerca de los 25 minutos del segundo tiempo, en reemplazo de Giuliano Simeone. En su primera acción con el balón, filtró un pase para Lautaro Martínez que derivó en penal tras una falta del arquero islandés. El propio Messi ejecutó la pena máxima y la convirtió con un remate al lado izquierdo del portero Elías Rafn Ólafsson, que no alcanzó a llegar.
El Jordan-Hare Stadium, con capacidad para más de 88.000 personas, estrena así su historia en el fútbol con un partido que la Selección disputó como último ensayo antes de iniciar la defensa de la corona mundial bajo la conducción de Lionel Scaloni.
Fuente: Infobae