Un nuevo brote de ébola que afecta al este de la República Democrática del Congo y que ya se ha propagado a Uganda deja hasta ahora 43 fallecidos y 263 casos confirmados, mientras más de 1.100 personas con síntomas sospechosos continúan bajo investigación. Así lo informó Jean Kaseya, director de los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades (Africa CDC), quien calificó la crisis como una prueba decisiva para los países afectados, para su organismo y para la Unión Africana.
De acuerdo con las cifras oficiales del Ministerio de Salud congoleño, dentro del país se han registrado 42 muertes y se han identificado 3.200 contactos de pacientes infectados, de los cuales 967 están siendo monitoreados activamente. La provincia de Ituri es el epicentro del brote, con 245 casos confirmados, mientras que Kivu Norte suma 15 y Kivu Sur otros 3. En Uganda, en tanto, se reportaron 9 casos y 1 deceso. Un dato alarmante: el 29 de mayo, de 70 muestras procesadas en una sola jornada, 54 resultaron positivas, lo que representa una tasa del 77,1% y evidencia una transmisión activa y sostenida del virus.
Kaseya destacó que los combates entre el ejército congoleño y grupos rebeldes han provocado desplazamientos constantes de la población a través de fronteras porosas con Uganda, acelerando la dispersión del virus. Los sistemas sanitarios de la región se encuentran saturados y, para la cepa Bundibugyo, no existe vacuna ni tratamiento aprobados.
La cepa Bundibugyo fue identificada por primera vez en Uganda en 2007 y es una de las menos frecuentes del ortoebolavirus. Su tasa de letalidad oscila entre el 30% y el 50%. Antes de este episodio, solo había provocado brotes en dos ocasiones: en Uganda en 2007 y en la República Democrática del Congo en 2012. La falta de vacuna y antiviral convierte a este brote en un desafío terapéutico sin respuesta farmacológica disponible.

La Organización Mundial de la Salud declaró el brote como una emergencia de salud pública de importancia internacional el 17 de mayo, apenas doce días después de haber sido notificada. Fue la primera vez que su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, activó esa categoría sin convocar previamente a un Comité de Emergencias. Cuando el Comité se reunió al día siguiente, respaldó el diagnóstico: emergencia de importancia internacional, pero no pandemia.
Tedros llegó el sábado a Bunia, capital de Ituri, para evaluar la situación sobre el terreno. Un día antes había estado en Kinshasa, donde se reunió con la primera ministra congoleña, Judith Suminwa, y con el equipo humanitario de las Naciones Unidas. Desde Bunia hizo un llamado a la colaboración comunitaria como herramienta central para enfrentar la epidemia.
El ministro de Salud de la RDC, Roger Kamba, quien participó en la rueda de prensa junto a Tedros, estimó que se necesitarán entre cuatro y seis meses para contener la epidemia. Ituri concentra la gran mayoría de los casos; Kivu Norte suma alrededor de veinte y Kivu Sur solo uno, una distribución que sugiere cierto efecto de contención fuera del epicentro.
Este es el decimoséptimo brote de ébola en la República Democrática del Congo desde que el virus fue identificado en 1976. El anterior, causado por la cepa Zaire en Kasai, se cerró en diciembre de 2025 tras registrar 64 casos y 45 muertos. La recurrencia de estos brotes obedece a factores estructurales: una red sanitaria precaria, zonas selváticas con vigilancia mínima y un conflicto armado crónico que dificulta cualquier respuesta coordinada. Uganda cerró su frontera con el Congo el 27 de mayo, una medida que tensa el comercio regional pero que Kampala consideró inevitable.
Sin vacuna ni antiviral, la contención del brote depende de las herramientas que ya permitieron al Congo superar dieciséis brotes anteriores: rastreo de contactos, aislamiento temprano y movilización comunitaria. Esa experiencia acumulada es, por ahora, la única ventaja disponible frente a un decimoséptimo episodio que llega sin respaldo terapéutico.
Fuente: Infobae