En México, el reclutamiento forzado de personas, incluyendo menores de edad, es una práctica habitual entre los grupos del crimen organizado. Un ejemplo emblemático es el caso del Rancho Izaguirre, ubicado en Jalisco, que funcionaba como centro de adiestramiento para el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Muchas de las personas que llegaban a este sitio lo hacían engañadas, bajo la promesa de un buen empleo y una remuneración atractiva, pero se encontraban con una realidad totalmente distinta.
De acuerdo con un reportaje de la BBC, sobrevivientes del Rancho Izaguirre narraron que allí se cometieron asesinatos y desapariciones de cuerpos de jóvenes que fueron llevados con falsas ofertas de trabajo. El lugar operaba como una base de mano de obra barata para el CJNG, organización que hasta febrero pasado era liderada por Rubén Oseguera Cervantes, alias El Mencho, quien falleció en un operativo del Ejército Mexicano en Tapalpa, Jalisco.
Muchas de las víctimas son menores de edad. Desaparecen y sus familias, en la mayoría de los casos, nunca vuelven a saber de ellos. Sin embargo, quienes logran escapar han revelado las atrocidades que se viven dentro de estas estructuras criminales. Según datos del periodista Jesús Lemus y la Red por los Derechos de la Infancia en México, en la última década al menos 460 mil menores han sido reclutados forzosamente por organizaciones delictivas en el país.
Todos los cárteles recurren a menores
Según Jesús Lemus, con base en fuentes internas de los cárteles de Sinaloa y de La Familia Michoacana, no existe una sola organización criminal en México que no utilice a menores para sus operaciones, especialmente en tareas de sicariato. Sin embargo, las funciones no se limitan a ejecuciones: también participan en el trasiego de drogas, traslado de dinero, como ayudantes de laboratorio o como halcones, vigilando los movimientos de las fuerzas de seguridad en las zonas bajo control del crimen.
Los menores son especialmente valorados porque, una vez sometidos, se vuelven dóciles y leales a la organización, sin cuestionar órdenes. En contraste, los adultos reclutados a la fuerza suelen ser más violentos y menos dispuestos a colaborar. De cada 10 adultos reclutados, al menos 8 terminan desertando o son ejecutados por falta de lealtad o disponibilidad.
Los cárteles que más reclutan menores
De acuerdo con la información difundida por Jesús Lemus, una fuente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) identificó a las organizaciones que más se distinguen por el reclutamiento forzado de menores: el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el Cártel de Sinaloa, La Familia Michoacana y el Cártel del Noreste.
El método principal que utilizan estas organizaciones es el chantaje. Bajo la amenaza de asesinar a sus familiares, los menores son llevados a ranchos convertidos en centros de adiestramiento que existen en todo el territorio nacional.

En la mayoría de los casos, los reclutados viven en condiciones de esclavitud. No pueden tener comunicación con el exterior, no se les permite usar teléfonos celulares, no tienen acceso a lectura, televisión, radio, redes sociales ni internet. Trabajan únicamente por la comida, los uniformes y el calzado que reciben. En ocasiones, se les cobran los cartuchos y las armas asignadas, y el chaleco antibalas lo pagan en abonos a los jefes de la célula.
En muy pocos casos, los reclutados, especialmente los menores, reciben un sueldo. Según la investigación, el CJNG paga a un menor reclutado un promedio de 400 pesos por semana; el Cártel del Golfo, mil 200 pesos semanales; el Cártel de Sinaloa, en la facción de Los Chapitos, 700 pesos a la semana; y La Familia Michoacana paga entre mil 100 y 2 mil 200 pesos semanales.
Fuente: Infobae