Ataque en mezquita de San Diego: adolescentes replicaron modelo de Christchurch

El lunes pasado, dos adolescentes identificados como Cain Clark, de 17 años, y Caleb Vazquez, de 18, irrumpieron en el Centro Islámico de San Diego. En el ataque asesinaron a tres hombres y posteriormente se quitaron la vida. Según reportes de medios internacionales, la agresión constituye una réplica explícita de la masacre ocurrida en Christchurch en 2019, y evidencia cómo circulan y se reproducen en internet los modelos de violencia extremista.

Este hecho se enmarca en un contexto de incremento de amenazas y crímenes de odio hacia las comunidades musulmana y judía, situación que se ha agravado desde el estallido del conflicto en Medio Oriente. Dicha escalada ha llevado a reforzar las medidas de seguridad en templos y centros de culto.

El ataque al Centro Islámico de San Diego replica estrategias y manifiestos de extrema derecha difundidos en internet (REUTERS/Mike Blake)

De acuerdo con fuentes oficiales, Clark y Vazquez ingresaron al centro islámico, pero fueron repelidos por un guardia de seguridad que intercambió disparos con ellos mientras activaba un cierre de emergencia. Esta acción logró proteger a 140 niños que se encontraban en el interior.

Los atacantes ultimaron al guardia, Amin Abdullah, y a dos hombres más antes de suicidarse dentro de un automóvil estacionado cerca. Las otras víctimas mortales fueron identificadas como Mansour Kaziha y Nadir Awad.

El guardia Amin Abdullah protegió a 140 niños antes de morir en el ataque perpetrado en un contexto de aumento de delitos de odio (REUTERS/Arafat Barbakh)

El documento que imitó la estructura de Christchurch

Los agresores dejaron un manifiesto de 74 páginas, una extensión idéntica al texto difundido por Brenton Tarrant, responsable de la masacre en Christchurch, según información de prensa internacional.

En el documento hicieron alusión a postulados de la extrema derecha, como la teoría del reemplazo de la población blanca, e incluyeron autoentrevistas en las que detallaban sus motivos y metas.

Se autocalificaron como “Sons of Tarrant” (Hijos de Tarrant). El texto contenía discursos de odio dirigidos contra judíos, musulmanes, la comunidad LGBTQ+, afrodescendientes, mujeres, así como contra facciones tanto de izquierda como de derecha.

Según las pesquisas, los escritos revelaban la intención de acelerar el colapso de la sociedad. En la sección firmada por Vazquez, el joven confesó tener “algunos problemas de salud mental” y haber sido rechazado por mujeres.

Expertos en extremismo ya habían advertido sobre la influencia del atentado de Christchurch en otros perpetradores de ultraderecha, debido a su escala, el manifiesto y especialmente la transmisión en vivo. Ejemplo de ello es el tirador que meses después asesinó a 22 personas en un Walmart de Texas, según reportaron.

Los atacantes se autodenominaron 'Sons of Tarrant', en referencia al tirador Brenton Tarrant, quien realizó un atentado en Nueva Zelanda (EFE)

Katherine Keneally, directora de análisis y prevención de amenazas del Institute for Strategic Dialogue, señaló que en las comunidades virtuales violentas surge la tendencia de replicar los ataques que han causado mayor número de víctimas.

“Parte de lo que estamos viendo en comunidades extremistas violentas en línea es el deseo de emular los ataques que han causado más muertes, que es una cosa repugnante de decir, pero es la realidad”, afirmó Keneally.

Y añadió: “Existe esta obsesión y una especie de conversión de los ataques en un juego”.

Vinculación con cadenas de extremismo difundida en internet

Brian Levin, director fundador del Center for the Study of Hate and Extremism de la California State University en San Bernardino, indicó que los textos supremacistas blancos de los años 70 ya proporcionaban una especie de libreto para ataques terroristas descentralizados.

Asimismo, recordó que hace décadas los neonazis impulsaban la llamada “propaganda del hecho”, donde el atentado mismo servía para inspirar a imitadores, sin necesidad de textos explicativos.

La transmisión y replicación de ataques extremistas en línea incrementa el riesgo de nuevos atentados, según expertos en seguridad (REUTERS/ Mike Blake)

Internet ha facilitado la proliferación de los manifiestos de los agresores. Levin explicó que, desde que un extremista ultraderechista asesinó a 77 personas en Noruega en 2011 y publicó un texto de 1.500 páginas, se ha vuelto habitual que estas masacres estén acompañadas de documentos escritos, los cuales suelen citar textos supremacistas blancos previos.

“Esta estrategia de ser otro capítulo en una cadena continua de extremismo no solo transmite la idea de que el movimiento es más grande de lo que es, sino también su resiliencia: que reaparece con un conjunto diferente de actores violentos, algunos de los cuales mueren en el proceso”, señaló Levin.

Keneally expresó su ambivalencia respecto a la cobertura mediática: si bien es necesario informar al público, esa difusión también puede amplificar el mensaje de los atacantes y propagar la violencia masiva. Mencionó que ha recibido consultas sobre si estos actos responden al extremismo nihilista, al aceleracionismo, al neonazismo o al supremacismo blanco.

“Estamos intentando meter a la gente en categorías y preguntamos por qué, pero no volvemos atrás para mirar cómo”, remarcó. Y agregó: “¿Cómo terminaron estos chicos por este camino? ¿Qué papel está desempeñando las redes sociales en eso?”.

El extremismo de odio no solo motiva ataques, también impulsa a defensores como Abdullah a enfrentar peligros para proteger a su comunidad (REUTERS/Mike Blake)

Amin Abdullah y el riesgo de proteger a la comunidad musulmana

El mismo odio extremista que llevó a los adolescentes a perpetrar el ataque movió a Amin Abdullah en dirección opuesta: a defender el centro islámico. Su amigo Khalid Alexander declaró que Abdullah estaba cada vez más alarmado por la retórica antimusulmana de algunos políticos y medios.

“Reconocía una correlación directa entre la amenaza contra la comunidad que estaba protegiendo y los tipos de odio que realmente se escupían en la televisión, con un sentimiento antimusulmán, antinegro y antiinmigrante”, afirmó Alexander.

Y concluyó: “Era plenamente consciente de los peligros de su trabajo. Y esa es exactamente la razón por la que eligió hacerlo”.

Fuente: Infobae

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