Wes Streeting, titular de Salud del Gobierno laborista británico, ha presentado su renuncia este jueves para exigir unas elecciones primarias internas que desplacen a Keir Starmer de la jefatura del Partido Laborista y, con ello, del número 10 de Downing Street. La dimisión del que era uno de los ministros más influyentes del gabinete ocurre menos de dos años después de que el propio Starmer llegara al poder con una mayoría histórica y la promesa de devolver la estabilidad a un país agotado por una década de turbulencias políticas.
Streeting anunció su renuncia mediante una carta pública al primer ministro, en la que afirmó de manera directa:
“Ahora está claro que usted [Starmer] no liderará al Partido Laborista en las próximas elecciones generales”.
La decisión llega tras días de fuerte presión por parte de los diputados laboristas que reclaman a Starmer su renuncia o un calendario de salida pactado. Streeting se ha convertido en el primer miembro del Gobierno en romper el silencio y hacer pública una crisis que hasta entonces se ventilaba en los pasillos de Westminster.
El detonante ha sido el batacazo electoral del Partido Laborista en las elecciones locales de la semana pasada, unos resultados que sacudieron los cimientos del partido y abrieron la puerta a las voces críticas con el liderazgo del ex fiscal general. Starmer, de 63 años, llegó al poder con un capital político enorme; ahora enfrenta la amenaza de convertirse en el primer ministro con una vida política más corta de lo que prometía su arranque.
“Donde necesitamos dirección, tenemos deriva”
Las críticas de Streeting en la misiva han sido de una dureza poco habitual entre compañeros de gabinete.
“Donde necesitamos visión, tenemos un vacío. Donde necesitamos dirección, tenemos deriva”,
se lee, en referencia directa al discurso que Starmer pronunció el lunes para frenar las peticiones de dimisión. El exministro también apuntó a la forma en que el líder laborista ha gestionado los fracasos del Ejecutivo británico:
“Los líderes asumen responsabilidades, pero con demasiada frecuencia eso ha significado que otras personas paguen los platos rotos”.
A pesar de la contundencia, Streeting no ha activado de forma inmediata el mecanismo formal para una reelección del liderazgo. En su carta, aboga por un proceso ordenado y con altura de miras. “Los diputados laboristas y los sindicatos laboristas quieren que el debate sobre lo que vendrá después sea una batalla de ideas, no de personalidades o de faccionalismos mezquinos. Tiene que ser amplio y contar con el mejor grupo posible de candidatos”, dijo. Una fuente cercana al exministro aseguró que Streeting dispone de los apoyos parlamentarios necesarios para lanzar un desafío formal, pero prefiere una transición pactada a una guerra abierta.
Por su parte, Starmer no tiene intención de marcharse. Fuentes de su entorno han insistido en que el primer ministro está dispuesto a plantar cara en cualquier votación interna. Su ministra de Finanzas, Rachel Reeves, salió el jueves a defender la continuidad del Gobierno con un argumento económico: la economía británica ha crecido de forma inesperada en marzo. Reeves advierte a los legisladores que no “suman al país en el caos” en un momento en que ese frágil repunte podría truncarse.
Fuente: Infobae