“En el futuro se podrá conversar con un Gobierno que sí esté comprometido con combatir la delincuencia y el narcotráfico”, afirmó el presidente Daniel Noboa luego que su homólogo colombiano, Gustavo Petro, rechazara que la tasa de seguridad impuesta por Ecuador haya subido al 100 %.
Las declaraciones de Noboa surgen en un momento clave: Colombia se alista para las elecciones presidenciales del próximo 31 de mayo, en medio de una relación bilateral marcada por tensiones comerciales, cruces políticos y desacuerdos en materia de seguridad.
El proceso electoral colombiano no solo definirá al sucesor de Petro, sino que también abre interrogantes sobre el futuro del vínculo con Ecuador, en un contexto en el que ambas naciones han pasado, en pocos meses, de la cooperación a la confrontación.
Expertos coinciden en que el futuro de la relación bilateral dependerá en gran medida de quién gane las elecciones en Colombia y que la expectativa se centra en si el próximo Gobierno tendrá la voluntad para retomar el diálogo, destrabar los puntos más conflictivos y redefinir la cooperación en temas clave como seguridad, frontera y lucha contra el crimen organizado entre ambos países.
Intención de voto en Colombia aún no define un ganador
Según la más reciente encuesta de Atlas-Intel, difundida por Infobae, entre los 14 aspirantes, el candidato del oficialismo -Pacto Histórico-, Iván Cepeda, lidera la intención de voto con el 37,8 % de cara a la primera vuelta. Sin embargo, ese liderazgo no se traduce necesariamente en una victoria.
El sondeo muestra que Cepeda perdería en una eventual segunda vuelta frente a dos de sus principales contendores: Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, quien alcanzaría el 48,8 %, y Paloma Valencia, candidata de Centro Democrático, partido del expresidente Álvaro Uribe, con el 47,1 %.
Más atrás aparecen Sergio Fajardo, del partido de centro Dignidad y Compromiso, con un 5 % y Claudia López, aspirante del movimiento Imparables, con apenas el 1 %, en un escenario fragmentado que anticipa una segunda vuelta competitiva y abierta.
Cuando comenzaron los conflictos, meses atrás, los candidatos opinaron sobre la medida.
Valencia rechazó la decisión ecuatoriana y la vinculó con la política exterior del Gobierno de Petro. “¿Cómo van a castigar a los colombianos por la negligencia de un gobierno que ya se va?”, cuestionó en un video difundido en redes sociales.
A su juicio, la crisis reflejaba “una cadena de errores en la gestión internacional” y se suma a otros conflictos recientes que, según dijo, han deteriorado la posición de Colombia.
Espriella le pidió a Noboa reconsiderar la decisión. “No le hace daño a Petro, le hace daño a la economía colombiana”, afirmó y dijo que “el problema no es Colombia; el problema es el Gobierno de Gustavo Petro”, agregó en ese entonces, al tiempo que llamó a no castigar a toda una economía por decisiones gubernamentales.
Por su parte, Cepeda no ha manifestado una postura directa sobre la tasa, un silencio que ha sido interpretado de distintas formas dentro del debate político colombiano.
En este contexto, la expectativa desde Ecuador apunta a si un cambio de gobierno en Colombia podría destrabar la crisis y reencauzar la relación bilateral.
Para Jorge Andrés Rico Zapata, analista, consultor y docente en seguridad y conflicto armado, el desenlace electoral será determinante. A su criterio, sí es posible un giro, pero condicionado al resultado.
“Es posible que se dé un cambio en la relación bilateral y superar la crisis siempre y cuando no continúe el mismo modelo de gobierno de Gustavo Petro, bajo el hoy candidato de izquierda Iván Cepeda”, sostiene.
El experto advierte que Cepeda no solo representaría una continuidad, sino una línea más marcada. “Es mucho más ortodoxo y radical en sus posiciones políticas en contra de la apertura a la relación con gobiernos contrarios a su ideología, lo que significaría que daría continuidad a la política de paz total de este gobierno”, explica.
En ese sentido, considera que no habría cambios en temas sensibles como la seguridad. “No tendría variaciones en cuanto a confrontar el narcotráfico de grupos armados como las FARC y el ELN, debido a que este candidato solo rechaza las acciones de los modelos que vienen del paramilitarismo”, afirma.
Por el contrario, Rico plantea que un eventual triunfo de candidatos de oposición podría modificar el escenario. “Este cambio se daría si llega un gobierno de hoy oposición, como Paloma Valencia o Abelardo de la Espriella. Estos candidatos ya han indicado que confrontarían el narcotráfico y el crimen transnacional con planes más integrales e híbridos”, señala.
A su juicio, ese giro tendría efectos directos en la relación con Ecuador. “Muy seguramente las relaciones mejorarían, debido a que actuarían en el marco de los intereses en relaciones internacionales de ambos países”, concluye.
‘Cambio de Gobierno no garantiza acercamientos’
Por su parte, Cristian Carpio, analista político y docente de la Universidad de Las Américas (UDLA), considera que un cambio de gobierno abre oportunidades, pero no garantiza resultados automáticos.
“Un cambio de régimen abre o facilitaría la apertura para conversaciones y comenzar a destrabar justamente estos elementos irritantes que se han dado, y esta tensión diplomática y comercial”, explica.
Carpio reconoce que el recambio político puede generar condiciones distintas. “Evidentemente un recambio de gobierno abre al menos las posibilidades de entablar diálogos con cualquiera quien llegue al poder”, sostiene.
Sin embargo, advierte que el factor decisivo será la voluntad política. “Todo va a depender de la voluntad política del nuevo mandatario de Colombia”, subraya.
Sobre el escenario de una eventual victoria de Cepeda, coincide en que podría haber más dificultades en el corto plazo. “Pienso que podría haber menos alicientes a coordinar, al menos en el corto plazo acciones, aunque podrían establecerse algunos canales diplomáticos”, indica.
Esto, añade, por su cercanía con el actual gobierno. “Cepeda es de cierta forma cercano a Petro y por eso podría también haber los mismos elementos irritantes”, explica.
En contraste, plantea que otros perfiles podrían facilitar un acercamiento. “En el caso de que llegue otro candidato, como Paloma Valencia, por su visión ideológica y su cercanía natural, habría mayores posibilidades de restablecer un diálogo y conversaciones”, afirma.
Esa afinidad, según el analista, también influiría en la relación con Ecuador. “Eso facilitaría la interlocución con el Gobierno de Noboa, quien podría verse más cercano a ese tipo de régimen”, señala.
No obstante, insiste en que no hay garantías. “Un nuevo régimen abre canales de diálogo, plantea nuevos aires para iniciar un proceso de conversación y negociaciones, pero al final también va a depender de cómo el Gobierno ecuatoriano percibe que sus demandas van a ser cumplidas o no”, concluye.
Crisis bilateral se profundizó en solo tres meses
Mientras tanto, la crisis bilateral se mantiene. En los últimos meses, la relación se ha tensado por decisiones comerciales que escalaron rápidamente: Ecuador pasó de una tasa del 30 % a productos colombianos en enero, al 50 % en febrero y finalmente al 100 % en abril, provocando respuestas de Colombia en el ámbito comercial, energético y diplomático.
Pero la escalada no se limitó a los aranceles. Apenas un día después de la primera medida ecuatoriana, el Gobierno de Gustavo Petro suspendió la venta de energía a Ecuador, marcando el inicio de una serie de acciones recíprocas.
Días más tarde, Ecuador elevó de forma significativa la tarifa para el transporte de crudo colombiano a través del Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE), en una señal de presión adicional. Colombia respondió llevando el caso ante la Comunidad Andina (CAN) y aplicando aranceles del 30 % a productos ecuatorianos como camarón, arroz y aceite de palma.
La tensión escaló aún más en marzo, cuando Petro denunció un supuesto bombardeo desde territorio ecuatoriano en la zona fronteriza. El Gobierno de Daniel Noboa rechazó la acusación y aseguró que sus operaciones se realizaban dentro de su jurisdicción. Días después, el propio Ejecutivo colombiano rectificó y reconoció que el artefacto había impactado primero en territorio ecuatoriano.
En paralelo, se intentaron abrir canales de diálogo. El 25 de marzo, delegaciones de ambos países se reunieron en la CAN, pero los acercamientos no prosperaron y las reuniones posteriores fueron suspendidas.
Ya en abril, el conflicto sumó un nuevo frente político. Las declaraciones de Petro sobre el exvicepresidente Jorge Glas, a quien calificó como “preso político”, generaron una fuerte reacción de Quito. Ecuador envió una nota diplomática de protesta, llamó a consultas a su embajador y congeló las mesas técnicas bilaterales.
El punto más crítico llegó el 9 de abril, cuando Ecuador confirmó que elevará la tasa al 100 %. La respuesta de Colombia fue inmediata: ordenó el regreso de su embajadora en Quito y trasladó la discusión al más alto nivel político.
En menos de tres meses, la relación entre ambos países pasó de tensiones comerciales puntuales a un conflicto integral que combina disputas económicas, diferencias en seguridad y un creciente distanciamiento diplomático.
Fuente: El Universo
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